Felipe VI, el Holocausto y la República española

El discurso del Rey en Jerusalén contra el odio debería ser de lectura obligatoria para el vicepresidente Iglesias y los ministros adheridos al “adiós, monarquía; hola, democracia”

Foto: Felipe VI. (EFE)
Felipe VI. (EFE)

Hoy es un buen día para celebrar el triunfo de la razón que supuso la incorporación al Derecho Internacional de dos figuras nacidas en los juicios de Nuremberg (1946). Una, el genocidio. Otra, los crímenes contra la humanidad.

Ambas debidas al genio de dos juristas muy comprometidos en el proceso: Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin. Los dos, judíos. Y los dos hicieron historia en el camino recorrido por los hombres desde la paz perpetua de Kant (1795) hasta la creación de la Corte Penal Internacional (Roma, 1998).

Como cada 27 de febrero, desde que así lo decidió la ONU en 2005, hoy se celebra el Día Internacional del Holocausto. Tal vez la más emblemática referencia al horror del siglo XX, sin olvidar otras. Como los jemeres rojos de Camboya, los chinos de Mao, los armenios, los mayas de Guatemala, las purgas de Stalin, los musulmanes de Sbrenica, etc, etc.

Coincide la jornada conmemorativa del criminal antisemitismo de los nazis con el 75º aniversario de la liberación de los campos de exterminio de Auschwitz, donde fueron asesinados cientos de miles de seres humanos (la cifra oficial es de 1.100.000), en función de su raza, tendencia sexual, religión o ideología política. Básicamente, judíos, alrededor de un millón. Pero también comunistas, gitanos, homosexuales, discapacitados…

Cada 27 de febrero, por decisión de la ONU, se celebra el Día Internacional del Holocausto. Tal vez la más emblemática referencia al horror del siglo XX

Y, no lo olvidemos nunca, republicanos españoles. Honor y gloria a los más de 6.000 compatriotas —4.427 documentados solo en Mauthausen—, víctimas de la barbarie nazi.

Una visitante pasea por el Memorial del Holocausto en Berlín (Alemania). (EFE)
Una visitante pasea por el Memorial del Holocausto en Berlín (Alemania). (EFE)

En este punto, conviene rescatar el aún fresco discurso del Rey de España, pronunciado en inglés durante la cena que el miércoles pasado convocó en Jerusalén a grandes mandatarios republicanos de todo el mundo, como los presidentes de Francia, Italia, Alemania, Portugal, Argentina, etc. Pero fue Felipe VI el elegido por las autoridades israelíes, con la conformidad de los demás a sentirse representados en el exigible alegato contra el odio que reclamaba el momento.

Honor y gloria a los más de 6.000 republicanos españoles asesinados por la barbarie nazi (4.427 documentados solo en Mauthausen)

La relectura del texto del Rey nos remite a la más luminosa exaltación de valores tan republicanos como la defensa de los derechos humanos, la libertad, la paz, la justicia, la tolerancia, la igualdad, el conocimiento y el respeto al diferente. De imposible encaje en el “adiós, monarquía; hola, democracia” coreado y defendido por el vicepresidente del Gobierno, Iglesias Turrión, y otros ministros del Gobierno Sánchez, como si democracia y monarquía fueran incompatibles aquí y ahora.

Para Iglesias, Garzón y cía, debería ser de lectura obligatoria: “El peor de los males es ignorar que todos los hombres y mujeres son iguales, y que todo ser humano está investido de la mayor dignidad”, dice Felipe VI después de citar a nuestro Maimónides (judío cordobés): “Todos los males que se causan unos hombres a otros están provocados por la ignorancia”. Y fue la “intolerancia ignorante”, junto al “odio y la total falta de empatía humana”, lo que dio origen al Holocausto.

Las palabras del Rey de España fueron una luminosa exaltación de los derechos humanos y valores como la libertad, la tolerancia y la igualdad

Más adelante: “No hay lugar para la indiferencia ante la presencia del racismo, la xenofobia, el discurso del odio y el antisemitismo. Simplemente, no podemos mirar hacia otro lado”, dijo a modo de advertencia, “pues nunca estamos completamente a salvo y la barbarie puede crecer cuando menos se espera, incluso en medio de la tecnología y la cultura más avanzadas”.

Ningún republicano español de buena fe dejará de saludar la defensa que Felipe VI hizo en Jerusalén de los valores por los que cayeron tantos españoles en su malograda lucha de aquella guerra incivil.

Al Grano
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