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Muerte digna: una asignatura pendiente

Un paso adelante en la regulación del derecho del ser humano a morir dignamente. En vías de ser reconocido como tal, individual, inalienable y compatible con la objeción de conciencia

Foto: Ángel Hernández, que ayudó a morir a su pareja, enferma terminal, en abril de 2019, durante el pleno celebrado en el Congreso. (EFE)
Ángel Hernández, que ayudó a morir a su pareja, enferma terminal, en abril de 2019, durante el pleno celebrado en el Congreso. (EFE)

Con la luz verde de una sobrada mayoría de diputados a la proposición del grupo socialista, tras el bronco debate de ayer tarde, acaba de entrar en el telar parlamentario (toma en consideración) la futura ley de eutanasia. Un mandato del 39 congreso del PSOE comprometido en su programa electoral.

Paso adelante en la regulación del derecho del ser humano a morir dignamente. En vías de ser reconocido como tal, individual e inalienable, compatible con la objeción de conciencia del personal sanitario e integrado en el sistema público de salud. Porque como dice Ángel Gabilondo, “la dignidad de vivir incluye la de morir”

Muerte digna: una asignatura pendiente

Por ahí va el texto de la proposición de ley sobre a las personas que podrían solicitar la prestación que les ayude a irse dignamente de este mundo: “Toda persona mayor de edad…que se encuentre en los supuestos de enfermedad grave o incurable, o incapacidad grave, crónica e invalidante, causantes de un sufrimiento físico o psíquico intolerables”.

Tercer intento en los dos últimos años, y esperemos que no haya un cuarto por un nuevo adelanto electoral, para afrontar un asunto de implicaciones básicamente humanas. A pesar de los intentos del PP y Vox por politizarlo, con pedradas tan insidiosas como la de relacionar eutanasia con recorte de gasto social. Repugnante.

A pesar de los intentos del PP y Vox por politizarlo con pedradas tan insidiosas como relacionarlo con recorte de gasto social. Repugnante

Esos dos partidos se adhieren a una pulsión clásica del pensamiento conservador. El que defiende ruidosamente el derecho a la vida cuando la decisión depende del afectado o sus familiares, como en la eutanasia o el aborto, pero guarda silencio cuando la decisión depende de fuerzas ajenas, como en las guerras. En ese caso, las apelaciones al derecho a vivir sufren un inesperado apagón.

Así que amén a las palabras del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en respuesta a quienes le acusan de encontrar en la eutanasia una forma de ahorrar en gasto social: “Lo único que va a ahorrar la ley eutanasia es el sufrimiento de miles de personas”.

En una perspectiva exenta de prejuicios religiosos se impone el principio de que cada individuo es dueño y señor de su vida. Por encima y al margen de instituciones civiles o religiosas como la Familia, el Estado o la Iglesia. Nadie puede obligar a nadie a vivir contra su propia voluntad. Y no está escrito que vivir con sufrimiento sea obligatorio.

Se impone el principio de que cada individuo es dueño y señor de su vida. Nadie puede obligar a nadie a vivir contra su propia voluntad

No estamos hablando del suicidio, por supuesto. Y tampoco cabe hablar de suicidio asistido porque entonces estaríamos asumiendo un marco mental reprobatorio, cuando de lo que se trata también es de despenalizar del todo la eutanasia.

Hablamos de una tendencia compasiva orientada a evitar el sufrimiento de las personas en fase terminal, así como de la necesidad de que los poderes públicos intervengan. No para favorecer la práctica, sino para regularla. Con las garantías necesarias, pero siempre a partir de que nadie puede objetar el inatacable derecho de un ser humano a irse de este mundo, con ayuda, de forma libre, consentida, informada y voluntaria. O sin ella, pero siempre como alternativa a un final doloroso para él y para su familia.

Al Grano
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