¿Por qué se frena la mesa política de Cataluña?

Los de JxCAT, controlados por Puigdemont desde Waterloo, quieren convertir el fracaso de esa operación en pedrada electoral contra los de ERC, controlados por Junqueras desde Lledoners

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto a su vicepresidente, Pere Aragonès (i), durante la reunión semanal del Gobierno de la Generalitat. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto a su vicepresidente, Pere Aragonès (i), durante la reunión semanal del Gobierno de la Generalitat. (EFE)

Seamos realistas, pidamos lo imposible. Un estrambote de mayo del 68 asumido por JxCAT (Puigdemont, Torra) en su guerra fratricida contra el 'ineficaz' pragmatismo de ERC (Junqueras, Aragonés) por la primacía del independentismo frente al Estado 'represor'.

Eso explica el laborioso parto de la mesa Gobierno-Govern sobre el futuro político de Cataluña. Sigue viva la voluntad Sanchez-Torra de ponerla en marcha antes de terminar el mes de febrero. Pero, a pesar de lo anunciado por el todavía presidente de la Generalitat, no ha salido ninguna fecha de su encuentro del lunes con la deshilachada trama político-civil del desafío al Reino de España (JxCAT-ANC, ERC-OC y la CUP).

Ahora la prisa la tiene ERC, que necesita consolidar los beneficios de sentar al Estado en una mesa negociadora y puntuar ante el votante 'indepe'

Se entiende. Con “el Gobierno roto y la legislatura acabada” (Laura Borràs 'dixit'), los de Puigdemont juegan con los tiempos y los de Junqueras se impacientan. Ahora la prisa la tiene ERC. Necesita consolidar los beneficios de sentar al Estado en una mesa negociadora y puntuar así ante el votante independentista. Los de JxCAT, en cambio, controlados con mando a distancia desde Waterloo, buscan el fracaso de la operación. La mejor forma de conseguirlo es pedir la luna.

Lo malo es que del desenlace de esa guerra de tribus depende la gobernabilidad, divino tesoro, de una España con hambre atrasada de sosiego. Torra necesita el 'no es no' de Sánchez a la autodeterminación y la amnistía como pedrada electoral contra ERC. La idea es reventar la mesa en vísperas del anunciado mitin de Puigdemont en Perpiñán (sábado 29 de febrero). Y todo apunta a que la excusa sobrevenida va a ser la figura del relator, que a JxCAT le parece necesario y a ERC solo contingente, como diría el personaje del gran José Luis Cuerda.

Lo malo es que del desenlace de esa guerra de tribus depende la gobernabilidad, divino tesoro, de una España con hambre atrasada de sosiego

Si el espíritu de Maquiavelo se hubiera instalado en Moncloa, pensaríamos que los guionistas de Sánchez han elegido la vía del 'divide y vencerás' como la mejor estrategia para desactivar el desafío al Estado. No lo creo. Pero sí lo cree Marta Vilalta, portavoz de ERC, cuando dice: "El Gobierno espera que seamos nosotros los que hagamos fracasar la mesa, pero no le vamos a dar ese regalo".

Moncloa se la juega frente a la cantada ecuación: sin mesa no hay Presupuestos (sostiene ERC, el socio) y sin Presupuestos no hay estabilidad. Ahora la pelota está a los pies de Torra respecto a la fecha de una primera reunión encabezada por ambos presidentes (central y autonómico).

Si el espíritu de Maquiavelo se hubiera colado en Moncloa, creeríamos que sus guionistas recurren al 'divide y vencerás' para desactivar el reto al Estado

Podría ser la semana que viene. O no. La impresión es que la frena Puigdemont, muy dolido con los de Torrent (impidió su investidura hace dos años y ha permitido la pérdida del escaño de Torra). Antes quiere calentarla con su mitin de Perpiñán, donde reclamará la unidad perdida del soberanismo por acercamiento de ERC a los 'cómplices del 155' (socialistas de Sánchez e Iceta). Y donde tal vez se autopostule para reconquistar la Generalitat como 'candidato de país' (no 'de partido', sostiene). Mientras su horizonte judicial se lo permita, aunque la rebeldía no es causa de inelegibilidad, según sentencia de varios juzgados

Ahora, la parte del separatismo más proclive a la unilateralidad acusa a los Junqueras, Rufián, Aragonès de haberse apartado del camino (el camino es la confrontación abierta con el Estado). Un nuevo elemento perturbador de la vida política.

La insufrible catalanización bloquea la gobernabilidad y envenena la convivencia. El miedo al contagio ha sido precisamente el precipitante de las elecciones anticipadas en País Vasco y Galicia. Un grado más en el sismógrafo de un entorno ya enrarecido por el malestar social y el desencuentro entre el Gobierno y el principal partido de la oposición.

Al Grano
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