La rabieta de ERC y la mercantilización de la política

El partido de Junqueras no apoyará el decreto de nueva normalidad porque Moncloa, al pactar con Cs, no le ayuda a ser más antiespañol que Torra

Foto: El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, interviene en el pleno del Congreso de los Diputados. (EFE)
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, interviene en el pleno del Congreso de los Diputados. (EFE)

El partido de Junqueras y Rufián (ERC) está celoso porque Moncloa lo engaña con Ciudadanos y no le ayuda a ser más antiespañol que el partido de Torra y Puigdemont (JxCAT) ante el próximo paso de ambos por las urnas.

Por tanto, mañana no apoyará en el Congreso de los Diputados la convalidación del Decreto-Ley 21/2020 sobre la llamada nueva normalidad (medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria).

La salud pública o la reconstrucción son mercancías negociables en la concepción de ERC, que reprocha a Sánchez haber pactado con Cs

Como vemos, el portazo de ERC no responde a una discrepancia respecto a las medidas previstas en la norma. No se rechaza el decreto porque sea ineficaz, malo, tardío, insuficiente, poco fundamentado, inútil. Nada de eso. Los 13 escaños pastoreados por Gabriel Rufián en la capital del Reino, que fueron decisivos en el segundo salto de Pedro Sánchez al poder, ahora le dan la espalda bajo los efectos de una rabieta.

Se trata de una posición interpretable al margen de los contenidos del decreto y del grado de acierto de las medidas encaminadas a vencer la pandemia. El interés general, la salud de los españoles o la reconstrucción del país son mercancías negociables, según explica con obscena claridad Marta Vilalta, portavoz del partido independentista y republicano, cuando reprocha al Gobierno haber pactado a bajo precio el favor de Cs: “Ha preferido los votos baratos a cambio de nada”, dice.

El asunto da para un ensayo sobre la materia oscura de la política nacional. Pero, de momento, vamos a quedarnos en lo mundano. Además de procesar las intenciones de Sánchez, por tirar los precios en sus ritos de apareamiento con otros partidos, ERC coloca un doble mensaje en los circuitos políticos y mediáticos. Uno, el involuntario elogio de Inés Arrimadas y Edmundo Bal, que se suman a la lucha contra el coronavirus sin pedir nada a cambio. Y dos, traslada a la opinión pública una grosera concepción mercantil de la política.

Los valedores del interés general no son quienes abominan del Rey, del régimen del 78 y de un Estado resistente a las tentaciones secesionistas

Son motivos más que suficientes para que el Gobierno aprenda a cuidarse de las malas compañías en un país angustiado entre la esperanza de la recuperación y el miedo a un nuevo estado de alarma. En esa situación, la bronca política es veneno para la causa del bien común, cuyos valedores no están precisamente entre quienes abominan del Rey, del régimen del 78 y de un Estado resistente a las tentaciones secesionistas.

El salmo no cesa: “Si Moncloa nos llama, el PP va”. No es imposible que el principal partido de la oposición, ahora dubitativo entre el sí y la abstención en la votación de mañana al decreto de nueva normalidad, acabe echando una mano en nombre de esa 'altura de miras' reclamada por Moncloa, los empresarios y la ciudadanía en general.

Pero Sánchez tendrá que marcar el número de teléfono de Pablo Casado y demostrar con hechos que no son retóricos sus llamamientos a la unidad y al patriotismo del PP.

Al Grano
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