El independentismo y su enfermiza aversión al Rey de España

No van contra la monarquía sino contra el Estado que quisieran reventar. Si es por la cabeza, mejor que mejor. Así se ahorran el trabajo de picar piedra

Foto: Manifestantes independentistas protestan contra el Rey cerca de Poblet. (EFE)
Manifestantes independentistas protestan contra el Rey cerca de Poblet. (EFE)

En la irracional carrera de sacos por ser más antiespañol que su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC), que había acusado al jefe del Estado de pertenecer a una “organización criminal”, el presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), ha lamentado el exceso de celo de los 'mossos' al impedir el acercamiento de las falanges independentistas a los Reyes de España en su reciente visita al Monasterio de Poblet.

El independentismo y su enfermiza aversión al Rey de España

Para defenderse del coronavirus, recordemos, la Generalitat no permite reuniones de más de 10 personas. Pero la prohibición decae si se trata de hostigar al Borbón. Procede entonces llamar a capítulo a los responsables de la policía autonómica, afearles su conducta y pedirles explicaciones por su intolerable ataque a la libertad de manifestación.

Estaba reciente el anterior episodio de esta absurda competencia entre ERC y JxCAT que, ya con la vista puesta en las urnas, libran las dos grandes familias del soberanismo catalán, republicanos de Junqueras (el preso de Lledoners) y posconvergentes de Puigdemont (el prófugo de Waterloo), socios de una averiada coalición. El 'president' Torra había acudido a la plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid para representar a Cataluña en el homenaje del Estado a las víctimas del coronavirus, mientras que su socio del Govern, ERC, renegaba del acto por considerarlo “una forma de blanquear la monarquía”.

Es patología. El último ejemplo lo vimos en la visita de los Reyes a Cataluña. Sus gobernantes autonómicos no quisieron darse por enterados

No es ideología. Es patología y odio. El último ejemplo lo vimos en la reciente visita de los Reyes a Cataluña. Sus gobernantes autonómicos no quisieron darse por enterados. Qué reacción tan pueril. ¿De qué han servido y adónde conducen los ataques al jefe del Estado, incluidos los sabotajes, la quema de neumáticos y las soflamas de los dirigentes independentistas durante su fugaz visita al panteón de los reyes de Aragón?

Produce una mezcla de tristeza, bochorno y vergüenza ajena la constatación de que hay españoles tan acomplejados, tan negados a expresar educadamente una discrepancia, que necesitan del aspaviento para hacerse visibles (“Protestan, luego existen”, como dice Joan Tapia). Y aquí incluyo no solamente el vandalismo de las bandas juveniles organizadas para expresar su antiespañolismo en la calle sino, sobre todo, a estos gobernantes maleducados que desprecian las reglas de la hospitalidad. Es un problema de mala nacencia.

La mención a la monarquía es una subordinada en el llamamiento de Aragonès a “acabar con este régimen y avanzar hacia la república catalana”

¿Aversión a la monarquía? No. Aversión al Estado que quisieran reventar. Si vamos a la cabeza, mejor que mejor. Así nos ahorramos el trabajo de picar piedra por abajo, por las bases, en la esforzada tarea de convencer a los catalanes de que este Estado no es el suyo. No es ningún secreto. El ya citado Pere Aragonès, número dos de la Generalitat, se dirige a sus seguidores de este modo: “Hay que acabar con este régimen y avanzar hacia la república catalana”. La mención a la monarquía solo es una subordinada en su incendiario llamamiento.

No menos preocupante es que los 'indepes' tengan imitadores en el Gobierno de la nación. La ministra Irene Montero (Podemos) contradice la doctrina oficial (Felipe VI no es Juan Carlos y la institución está por encima de las personas) al declarar que “es difícil separar la persona de la institución”. Mentira. Es muy fácil. Cualquiera podría explicar, por ejemplo, que una cosa es Iglesias y ella misma, y otra la organización de Podemos. De hecho, véase cómo a Iglesias y Montero les va cada vez mejor y al proyecto cada vez peor. ¿O no, ministra?

Al Grano
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