Grilletes de terciopelo en un país desalentado

El nuevo estado de alarma es un salvoconducto con validez en todo el territorio nacional, que impide el bloqueo judicial frente al ineludible atropello de derechos fundamentales

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), preside este domingo un Consejo de Ministros extraordinario. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), preside este domingo un Consejo de Ministros extraordinario. (EFE)

El estado de alarma ya no es lo que era. Del mando único a la dispersión territorial de las decisiones 'por delegación'. De los 15 días prorrogables al semestre ininterrumpido. Y de la moral de victoria contagiada espontáneamente de balcón a balcón a la moral de victoria registrada como uno de los cuatro salmos de Sánchez contra el insidioso contraataque del virus. Los otros tres: "unidad", "resistencia" y "disciplina social", declamados ayer por el presidente en su comparecencia posterior al Consejo de Ministros extraordinario.

De nuevo en estado de alarma. Desde ayer por la tarde. Muy suavizado respecto al del 14 de marzo. Grilletes de terciopelo en un país desalentado porque desde entonces hemos ido de mal en peor. Y porque a los ciudadanos se les ha atragantado el discurso oficial sobre compromisos incumplidos, expertos invisibles, rastreadores inexistentes y contrataciones de personal sanitario que no pasaron del telediario.

Sin embargo, no estamos ante un severo repertorio de medidas que, como dice Sánchez, sirva para no repetir los errores del pasado. Lo de ahora, una 'emergenza' a la italiana, está muy lejos de ser un confinamiento general obligatorio, como lo fue el de la primavera pasada, si exceptuamos la franja horaria de la noche-madrugada. Solo por la noche. Y lo demás se fía al civismo de la gente y su sentido de la responsabilidad.

Lo de ahora está muy lejos de ser un confinamiento general obligatorio, como lo fue el de la primavera pasada, salvo el toque de queda nocturno

La medida enviada por Moncloa al BOE solo es un salvoconducto expedido por el Gobierno, con validez en todo el territorio nacional. Eso impide el bloqueo judicial. Así, las autoridades autonómicas y municipales, por razones sanitarias, pueden sortear el fuero judicial de jueces y tribunales en el ineludible atropello de derechos fundamentales. Básicamente, las libertades de movimiento y reunión.

A partir de ahí, el grado de movilidad-inmovilidad irá por barrios, en el sentido de que serán las comunidades autónomas las que decidan ('cogobernanza' con el ministro Illa) en materia de restricciones y confinamientos. Estén o no estén de acuerdo con el estado de alarma decretado ayer. Con más razón si lo apoyan, como las 10 que lo solicitaron del Gobierno expresamente. Pero, en la misma lógica, estarán las discrepantes, por creer que es como matar moscas a cañonazos.

Son las gobernadas por el PP. Buscan los mismos resultados por otras vías legales (medidas especiales en materia de salud pública es la más socorrida). Y van a tomar más o menos las mismas decisiones limitadoras de la movilidad ciudadana. Incluidos los toques de queda, o 'confinamiento nocturno', también modulables por territorios, que parecen abrirse paso como la medida estrella a escala nacional (excepto Canarias) del estado de alarma decretado ayer por el Gobierno.

Pablo Casado explicará esta mañana que, también respecto al nuevo estado de alarma, su no a Vox no significa un sí al Gobierno

Por ahí vendrán los nuevos episodios de la insufrible politización de la pandemia, ya presentida ayer tarde en la comparecencia pública de Pedro Sánchez. Instó al PP a acreditarse como “partido de Estado” con su alistamiento en el bloque de partidos que esta semana respaldará en el Congreso lo que Moncloa llama “marco estable” de seis meses en la lucha contra el virus.

La respuesta, hoy mismo. Esta mañana, sabremos cómo se lo ha tomado Pablo Casado, en la clausura del congreso nacional de la empresa familiar. En una primera reacción, el portavoz del PP y alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, se limitó a señalar el desconcierto reinante entre los ciudadanos. Casado va a ser más explícito. Con base en estos supuestos teóricos:

Parece de pura lógica que las pandemias, las emergencias, las guerras, las catástrofes naturales, los atentados terroristas, siempre refuerzan al poder e inducen la tendencia de la sociedad al cierre de filas frente al enemigo común. Sánchez está de acuerdo y Casado no se fía de los politólogos que citan a Churchill para cuestionarlo. Por si acaso, el líder del PP se dispone a demostrar con hechos (CGPJ, PGE 2021 y estado de alarma) que su reciente no a Vox de ninguna manera fue un sí al Gobierno.

Al Grano
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