La misiva de los necios: mal favor a Felipe VI y al ejército

Fuentes seguras del Ministerio de Defensa explican que "solo se representan a sí mismos" los militares retirados que denuncian al Gobierno "socialcomunista"

Foto: Felipe VI pasa revista durante su visita al Cuartel General del Ejército de Tierra. (EFE)
Felipe VI pasa revista durante su visita al Cuartel General del Ejército de Tierra. (EFE)
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En carta dirigida al Rey, ante el que rinden testimonio de “lealtad y respeto”, 73 militares retirados de alta graduación sostienen que el Gobierno “socialcomunista, apoyado por filoetarras e independentistas” está poniendo en peligro la unidad de España. La misiva de los necios. Ninguna expresión mejor podría retratarlos.

Si los firmantes de la carta han querido hacer un favor a Felipe VI, el humilde firmante de este comentario sostiene que han hecho un pan de obleas. No solo. Además de poner al Rey en situación difícil, han incurrido en una intolerable malversación de su rango como antiguos servidores del Estado, pues “solo se representan a sí mismos”, según explican a El Confidencial fuentes seguras del Ministerio de Defensa.

Nunca debieron utilizar su condición de militares en su derecho a expresarse libremente. Les corresponde como ciudadanos. Su opinión es tan respetable como la de un abogado, un fontanero, un periodista o un vendedor ambulante. Pero no como miembros de las Fuerzas Armadas, que es una institución dependiente del poder civil por obediencia debida.

Asociar al Rey y las Fuerzas Armadas a un discurso de partido es un ataque al principio de neutralidad que marca la naturaleza de esas dos instituciones

Mal favor hacen al Rey y a los ejércitos cuando tratan de asociarlos a un discurso de partido. La pretensión es un ataque directo al principio de neutralidad que marca la naturaleza de esas dos instituciones. Por añadidura, flaco servicio a la causa de la unidad de España, cuyos enemigos deben estar aplaudiendo con las orejas el mal paso de estos antiguos mandos del Ejército de Tierra (siete generales y 66 coroneles).

A unos y otros, amigos y enemigos de la unidad de España, van dirigidas las palabras de Pedro Sánchez en su último mensaje a la militancia socialista: “Mientras el PSOE empuñe el timón del Gobierno, la Constitución regirá en España de un punto a otro, de principio a fin. Vamos a defenderla a las duras y a las maduras”. Amén, presidente, aunque en este punto uno prefiere remitirse al pensamiento del gran Joan Marsé: “El tiempo se tiene que posar sobre las cosas para que estas sean creíbles”.

La última derivada nos afecta a quienes venimos criticando inequívocamente el insoportable pragmatismo de Pedro Sánchez en su política de alianzas con formaciones de confesada aversión al orden constitucional. No porque esas formaciones, Podemos, ERC y Bildu, deban ser excluidas del juego democrático regulado en la Constitución, sino justamente por sus declarados propósitos de dinamitarla.

La discrepancia política no es equiparable a la estigmatización que se despacha en la carta de los militares con el habitual discurso de Vox

La discrepancia no tiene nada que ver con la estigmatización que se despacha en la misiva de los necios mediante la terminología habitual en el discurso de Vox. Los argumentos contrarios al secesionismo y el populismo de izquierdas, conviene precisar, también son de aplicación a la ultraderecha. Por las mismas razones de salud política nacional, en función de sus ideas retrógradas y rupturistas (xenofobia, machismo, autoritarismo, antieuropeísmo) y un historial emparentado con la España negra y los 40 años de dictadura franquista.

Al Grano