Las cifras sin alma de Pedro Sánchez

Sobre una agobiante sopa de cifras y porcentajes, se elevó el presidente para pregonar la transparencia y “el valor de la palabra dada”. Pero no es eso, no es eso, que decía Ortega

Foto: Felipe VI (d) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i). (EFE)
Felipe VI (d) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i). (EFE)
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La aritmética, como burladero del gobernante inseguro. Es fría y no levanta a la gente de los asientos. He ahí la diferencia entre un líder y un contable. Sobre una agobiante sopa de cifras y porcentajes desalmados, a modo de peana, se elevó el presidente del Gobierno para pregonar “el valor de la palabra dada” y su inquebrantable profesión de fe en la transparencia. Pero no es eso, no es eso, que decía Ortega.

Y el adanismo, como el virus de una clase política salida de las rebajas. A Pedro Sánchez se le puede venir encima la apología de la transparencia si sus adversarios hacen memoria y repasan sus pecados de lesa opacidad, que son unos cuantos. No importa. En su comparecencia de fin de año, ejerció de pionero en la rendición de cuentas ante la ciudadanía, con la temeraria pretensión de estar abriendo un camino hacia la regeneración que sus predecesores dejaron pendiente. Por fin, una radiografía “honesta” y “objetiva” del trabajo bien hecho. No como otros.

Sánchez ejerció de pionero en la rendición de cuentas, como si abriera el camino hacia la regeneración que otros dejaron pendiente

Sin ánimo de molestar, un reparo: ¿qué pasa si el examinador y el examinado son la misma persona? Pues que pacta consigo mismo la calificación del examen con un altísimo nivel de coincidencia. Sobresaliente alto, 9 sobre 10, a falta de un arbitrario porcentaje de compromisos pendientes de cumplir. Cuestión de tiempo. Si de los 520 compromisos con la España social ya se ha cumplido el 22% en el primer año de legislatura, el alumno se merece la admiración del profesor.

Aunque la autocomplacencia curse en una simple enumeración de ayudas a pymes, autónomos, consumidores y familias en riesgo de pobreza, nos quedamos sin saber, por ejemplo, cuánto crecen diariamente las colas del hambre o cuál es el umbral de la desesperación de un autónomo por efecto de las restricciones exigidas en la lucha contra la pandemia.

Nos quedamos sin saber cuánto crecen las colas del hambre o cuál es el umbral de la desesperación de un autónomo por la lucha contra el covid

Los números también engañan. Bien manejados, sirven incluso para sostener que “la pandemia nos ha reforzado” sin que parezca una broma de mal gusto. Al fin y al cabo, no dejan de ser una herramienta en manos del contable disciplinado. O sea, selectivo. Lástima que no sirvan para medir el crecimiento de su nariz cuando dice sin pestañear que la coalición sale “más fuerte y más unida”, y que en el Gobierno conviven “dos partidos y una sola palabra: la del BOE”.

El presidente nos previene contra quienes caen en la tentación de ponerse apocalípticos y nos da a elegir entre miedo y esperanza. Es su forma de alistarnos en la autocomplacencia por el trabajo bien hecho en su primer año de legislatura. El Gobierno no comete errores. O no es consciente de haberlos cometido, a juzgar por la total ausencia de autocrítica. Ni en la primera parte (“Cumpliendo”) ni en la segunda (respondiendo preguntas) de su comparecencia de hora y media en Moncloa.

Hasta en tres ocasiones le recordaron los periodistas que Zarzuela carece de iniciativa legislativa para elaborar una ley sobre la Corona

En la primera parte, abarcó mucho y apretó poco. Tantos árboles hicieron el bosque más espeso y menos luminoso. La segunda fue evasiva y de respuestas prefabricadas. Los indultos serán la generosa aportación del Gobierno al reencuentro del “conjunto de la sociedad catalana” con el “conjunto de la sociedad española”, según el eufemismo usado para escapar de la relación lógica entre el todo y la parte. Y en cuanto al espinoso tema de la Corona, fue manifiesta la indolencia en defensa de la institución. Por cierto, que hasta en tres ocasiones le recordaron los periodistas que Zarzuela carece de iniciativa legislativa para elaborar una ley que regule el funcionamiento de la Corona.

Gracias a las preguntas de los colegas, no todo quedó iluminado por la propaganda. Fue lo más cerca que estuvimos de cruzar el autoindulgente balance de Sánchez con la cruda realidad, donde habitan el malestar socialista con los ministros de Iglesias, el difícil encaje de las pretensiones de UP en la horma de la UE, los climas guerracivilistas en la política de bloques, la desconfianza de los ciudadanos en su clase dirigente, la pérdida de peso de España en la comunidad internacional, etc.

Al Grano