Sanz-Corinna-Villarejo: el triángulo de las Bermudas
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Antonio Casado

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Sanz-Corinna-Villarejo: el triángulo de las Bermudas

En la vista pública del viernes contra Villarejo, el exdirector del CNI hizo una firme defensa del Estado sin bajar al barro

placeholder Foto: El exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán. (EFE)
El exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán. (EFE)

A diferencia del 'triángulo de las Bermudas', expresión acuñada por la mente sensacionalista de Vicent Gaddis en 1964 para explicar las misteriosas desapariciones de barcos y aviones al norte del Caribe, este no es equilátero. Igualmente misterioso, aunque en forma de triángulo isósceles, es el reñido vínculo entre el comisario Villarejo, famoso traficante en trapos sucios; la examante del Rey emérito, Corinna Larsen, y el exdirector del CNI Félix Sanz.

Aquí no se pierden los barcos y los aviones, pero sí la vergüenza de quienes pasan por ser servidores del Estado. Dicho sea en desdoro de quienes convirtieron el oficio público en una forma de enriquecerse (el escandaloso caso de Villarejo). Y dicho sea en reconocimiento al mérito de quienes, como en el caso del teniente general Sanz Roldán, hacen honor a su juramento y se esfuerzan por salvar el buen nombre del Estado, incluso al precio de tapar vergüenzas de quien fue su más alto representante.

La escenificación judicial de la pendencia, con el elefante en medio de la sala de vistas (nada menos que el anterior jefe del Estado), se llevó a cabo el viernes pasado con luz y taquígrafos. Aunque se retransmitió en directo por internet, el culebrón no dio más de sí en los medios de comunicación. Su posterior reflejo político y mediático ha sido más que discreto, si tenemos en cuenta que el asunto desbordaba el ámbito de una acusación por calumnias y denuncia falsa.

Los intereses del entonces jefe del Estado, el Rey emérito, no son los intereses del Estado. Ya no coinciden, en mi opinión

Eso era lo de menos. Un decimal en cantidad y calidad de casos abiertos contra el comisario Villarejo, en prisión preventiva desde noviembre de 2017. Lo relevante fue la firme defensa del Estado que, en el lado desigual del triángulo isósceles, tuvo que llevar a cabo en sede judicial el exdirector del CNI Sanz Roldán, quien sirvió a dos gobiernos de distinto color político sin alterar lo más mínimo su innegociable profesión de entrega a lo que es permanente en la arquitectura de su país.

El caballero de la Real Orden del Monasterio de Yuste, hombre de derechas mimado por la izquierda, el hijo de guardia civil que escaló hasta la cima de las Fuerzas Armadas, el jefe de los espías en los años del eficaz atornillamiento a la dirección de ETA, el hombre que sabía y sabe todo sobre las verdaderas causas de la abdicación de Juan Carlos I, artífice de la transición de lo analógico a lo digital, el general de máxima graduación que desde su despacho gritaba con ira cuartelera a los periodistas que osaban llevarle la contraria, era y sigue siendo paño de lágrimas y escudo protector del Rey emérito.

Foto: Corinna Larsen, durante su declaración como testigo este viernes. (EFE)

En la vista pública del viernes pasado contra el comisario, el general retirado Sanz Roldán utilizó el blindaje legal que ampara los llamados secretos de Estado para hacer entender a Corinna Larsen y a José Manuel Villarejo dónde están los límites entre la decencia y la indecencia cuando están en juego la marca España y el funcionamiento de su orden jurídico.

El teniente general retirado Félix Sanz era y sigue siendo paño de lágrimas y escudo protector del Rey emérito

En el aire dejo su problema existencial respecto a la posibilidad de ampliar el alcance de la moraleja, por si debe aplicarse también a su protegido, el Rey emérito, cuando su doble lealtad ha sufrido una dramática bifurcación. A saber: los intereses del entonces jefe del Estado ya no son los intereses del Estado. Ya no coinciden, en mi opinión.

Félix Sanz, el hombre que dedicó 57 años de su vida al servicio público, sigue guiando los pasos de don Juan Carlos. “No da un paso sin consultar con el general”, me dice quien lo sabe a ciencia cierta. Le han pillado en el medio, con el inconcluso trabajo de desactivar a Corinna en su famosa cita londinense con ella en 2012. Se había convertido en un problema de Estado y ahora estamos viendo las consecuencias. Pero el viernes se las arregló para no bajar al barro de Villarejo y Larsen. Mejor así.

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