Víctimas del terrorismo: la memoria nos divide
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Antonio Casado

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Víctimas del terrorismo: la memoria nos divide

El homenaje institucional, en ausencia del PP y Vox, rompe la unidad asociativa y genera un nueva brecha política entre el partido que gobierna y el que aspira a gobernar

placeholder Foto: Homenaje a las víctimas del terrorismo. (EFE)
Homenaje a las víctimas del terrorismo. (EFE)

Bochorno, desaliento y más motivos de desafección ciudadana con la clase política por el lamentable espectáculo del domingo dentro y fuera del Congreso. Voló en pedazos la unidad con las víctimas del terrorismo en la jornada del "27 de junio" (asesinato de una niña de 22 meses en 1960), dedicada a su memoria desde hace diez años por iniciativa conjunta de todas las asociaciones.

Además de la división entre las principales asociaciones (una dentro y tres fuera), el homenaje institucional, en ausencia del PP y Vox, se convirtió en una mueva brecha política entre el partido que gobierna y el que aspira a gobernar. Esta vez, por cuenta del acercamiento de presos etarras al País Vasco y la presunta complicidad política del Gobierno con Bildu.

Animado por las encuestas, Pablo Casado pretende capitalizarse electoralmente con la memoria de las víctimas de Eta, tal y como ya viene haciendo con la parte ofendida del 'procés'. En ambos casos tantea vías apresuradas para acabar con Sánchez. De hecho, el lenguaje de los partidos a la derecha del PSOE se ha llenado de apelaciones a la moción de censura, urnas ya o el “dimita, si le queda algo de dignidad”.

Pablo Casado se vale de la memoria de las víctimas de ETA para acabar con Sánchez

El método es similar. Casado pone al Gobierno en el bando de los que ofendieron a la sociedad por blanqueamiento de secesionistas catalanes y herederos del terrorismo vasco, mientras que él, como aspirante a la Moncloa, se coloca en el bando de los ofendidos. Y a mi juicio comete un error con su impostada agresividad en asuntos de Estado.

El PP no debió excluirse del acto institucional y, junto a Vox, quedarse fuera junto a las tres asociaciones que también se desmarcaron (AVT, Covite y Dignidad y Justicia), mientras el acto oficial apadrinado por la propia Cámara transcurría en el hemiciclo con asistencia de los diputados de Bildu. Haber asistido no le hubiera impedido de ninguna manera seguir reprochando a Sánchez que pacte con quienes no condenan los 850 asesinatos ni colaboran en el esclarecimiento de 300 atentados pendientes de resolución.

Dicho todo lo cual es verdad inatacable que no hay lado bueno y lado malo en el recuerdo de los asesinatos perpetrados en nombre de la patria vasca. Tanto el PP como el PSOE, pilar derecho y pilar izquierdo de la centralidad del sistema, celebraron y celebran la derrota de Eta por los cuerpos policiales en nombre de la ley. La presidente del Congreso, Meritxell Batet, lo dejó muy claro en su discurso institucional. Pero su llamamiento a la unidad (“resaltar lo que nos une”) fue un grito en el desierto.

Se delata en el rastro de sangre y miseria del terrorismo

Además de lamentar el espectáculo de la división (“¿qué está pasando para que se haya roto la unidad?”), lo dejo claro desde la tribuna del Congreso el presidente de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Tomás Caballero (hijo del concejal de UPN asesinado hace 23 años): “Quienes empuñaron la pistola no serán jamás como quienes recibieron el tiro en la nuca”.

Por tanto, solo hay un lado malo. El que se delata en el rastro de sangre y miseria moral (Reléase 'Patria', por favor) que dejó el terrorismo de ETA, quienes le dieron cobertura y quienes aún hoy justifican aquella barbarie. No puede haber equidistancia entre Bildu (al menos, una parte de esa coalición) y las víctimas, entre quienes sufrieron el terrorismo y quienes todavía lo disculpan. Vale. Si Casado tiene motivos para lanzar esa pedrada sobre el actual Gobierno o el partido principal que lo sustenta, pudo haberlos expresado sin contribuir a escenificar la ruptura política y asociativa de la unidad en torno a las víctimas del terrorismo.

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