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La consternación no prescribe (el emérito y la Fiscalía)
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Antonio Casado

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La consternación no prescribe (el emérito y la Fiscalía)

El exrey volverá cuando desaparezcan las razones por las que anunció su salida del país. Es la doctrina oficial, por encima de las especulaciones calificadas de "gratuitas" en fuentes seguras

Foto: El rey emérito Juan Carlos I. (Reuters)
El rey emérito Juan Carlos I. (Reuters)

Vincular el posible regreso del emérito al paso atrás de la Fiscalía es políticamente venenoso. Y así lo percibe el ciudadano. Como si la anunciada renuncia a querellarse contra el emérito borrase la causa de su autodestierro en Emiratos Árabes.

Supongamos, lo cual no es mucho suponer a la vista de lo dicho y oído estos últimos días, que vuelve a España cinco minutos después de que la Fiscalía archive las tres investigaciones abiertas con "posibles implicaciones penales". Sería un regalo a quienes desde el principio vienen sosteniendo que don Juan Carlos se fue huyendo de la Justicia. Falso de toda falsedad, pero si el retorno cursa en la opinión pública como consecuencia del desistimiento de los fiscales, Felipe VI tendría que redoblar esfuerzos para sofocar otra erupción en la imagen de la Corona.

Al emérito y sus cuidadores les ha faltado claridad y contundencia en propagar que el exrey estuvo y está a disposición de la justicia. Se daba por supuesto que acudiría a la llamada de un juez del Supremo, pero el mensaje no ha formado parte del discurso oficial. Y eso ha fomentado la insidia de que huía de la Justicia como el mentiroso huye de la máquina de la verdad.

Vincular el posible retorno del emérito al paso atrás de la Fiscalía reforzaría a quienes sostienen que se fue huyendo de la Justicia

En contra de los rumores de los últimos días sobre un próximo retorno ocasional o definitivo, no hay nada nuevo, más allá del ferviente deseo que el exrey no deja de expresar ante las personas que le frecuentan en Abu Dabi.

La Casa del Rey siempre se refirió a la personal e intransferible voluntad de don Juan Carlos para explicar su salida de España. Y lo mismo haría para explicar su eventual retorno. Se basa en la carta que el rey emérito remitió a su hijo a principios de agosto del año pasado comunicándole su "meditada decisión", voluntaria pero consensuada por ambos, de trasladarse al extranjero para contribuir a que el Rey pueda desempeñar la Jefatura del Estado "desde la tranquilidad y el sosiego".

Ergo, el exrey volverá a España por su propia voluntad, cuando él lo decida. Cuando entienda que han desaparecido las razones por las que anunció su salida del país. Esa es la doctrina oficial, por encima de las especulaciones calificadas de "gratuitas" en fuentes seguras consultadas por el columnista. Que la voluntad del emérito pueda ser consensuada con la del Rey y la del Gobierno solo es una deducción lógica y razonable. Pero no asumida oficialmente en la Zarzuela ni en la Moncloa.

Una cosa es la exculpación técnica y otra la exculpación moral ante conductas poco ejemplares que están bien documentadas

La inviolabilidad por hechos anteriores a la fecha de abdicación, las regularizaciones tributarias y los plazos de prescripción alejan del banquillo a Juan Carlos de Borbón. Parece que darán lugar a la inhibición técnica de la Fiscalía (TS y Anticorrupción) en un documento que se hará público en fechas próximas.

Pero una cosa es la exculpación técnica y otra la exculpación moral ante conductas poco ejemplares que, por desgracia para el emérito, están bien documentadas. Quien mejor lo ha visto es el expresidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, cuando le recomienda una confesión directa ante los españoles, al margen de la política y los tribunales, para que la consternación de los españoles por su conducta reprobable no rompa el vínculo histórico de su figura con el advenimiento de la democracia en 1978. La consternación no prescribe.

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