El chotis del PP y la fábula del suicida patoso
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El chotis del PP y la fábula del suicida patoso

"Las cosas más absurdas solo ocurren en la realidad" (Borges). No veremos en la ficción algo tan autodestructivo como lo que ocurre en el PP, ante el desconcierto de sus votantes

Foto: El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i), conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE/Javier Lizón)
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i), conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE/Javier Lizón)

La pena de telediario castiga doblemente al PP. Por la sombra de la corrupción que proyectan las sentencias judiciales y por el agrio enfrentamiento de la presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso, con la dirección nacional del partido, representada en este caso por su número dos, Teodoro García Egea. Aquello, la corrupción interminable, es agua pasada en los cálculos de Pablo Casado. En cambio, los maliciosos pisotones del chotis que bailan Ayuso y Egea, a menudo por personas interpuestas, han degenerado hacia una incompetente forma de suicidio político.

Si la marca PP sobrevive al culebrón (“el arreglo depende de Casado”, dice Rodríguez, jefe de gabinete de la presidenta), se debe a la torpeza del suicida. Será como acabar con una pierna rota después del enésimo intento de salvar la valla del viaducto de la calle Bailén con una pértiga.

Si la marca PP sobrevive al culebrón, se debe a la torpeza del suicida. Como querer hacerse el harakiri con palillos japoneses

Todos dan cuartos al pregonero en los respectivos entornos con indiscreciones, juego sucio e insidias varias a cuenta de la lucha por el poder en el PP de la región madrileña. El único que se esconde es Casado. Ha suspendido apariciones públicas (alguna con periodistas) que le hubieran obligado a alinearse con uno de los dos bandos de forma explícita. Y no se lo puede permitir. Sería letal que la controversia terminase con vencedores y vencidos en un caso de fractura del partido que aspira a ganar las elecciones generales. Los votantes lo penalizarían. Si hay arreglo, será tras un golpe de autoridad de Casado que haga bajar los brazos a las partes enfrentadas y restablezca el sentido común en la secretaría general del PP.

En nombre de un mal aplicado principio de autoridad delegada de un jefe, García Egea pretende recortar el vuelo político de una dirigente que los ciudadanos madrileños auparon en las urnas del 4 de mayo. Y esa pretensión atenta contra toda lógica, sobre todo cuando la presidenta madrileña, sin renunciar a su legítimo deseo de competir por el liderazgo madrileño del partido, ya ha aceptado que Génova fije la fecha del congreso regional, que ella quisiera apresurar para afrontar la renovación pendiente. ¿Qué tiene eso de raro, si renunciamos a procesar las intenciones, deseos y terrores nocturnos de los actores del culebrón?

Casado se esconde. Ha suspendido apariciones públicas que le hubieran obligado a alinearse explícitamente con uno de los bandos

También lo podemos decir así: el número dos del PP insulta la lógica política y el sentido común, en contra de los intereses del partido político y su candidato a la Moncloa al impedir que Ayuso aspire legítimamente a liderar la organización madrileña. Y en la medida en que Pablo Casado secunde a su número dos en tan temeraria operación, como algunos sugieren, estaría haciendo el papel central en la fábula del suicida patoso.

Decía Borges que las cosas más absurdas solo ocurren en la realidad. Es difícil topar en una ficción política con algo tan autodestructivo como lo que está ocurriendo en el PP, ante el desconcierto de sus votantes y el estupor de sus otros líderes regionales. Es como si se vetase el ascenso del empleado que está disparando la facturación de la empresa.

Frenar las aspiraciones de Ayuso es como vetar el ascenso del empleado que dispara la facturación de una empresa

Véase este titular de un periódico de afinidad declarada: “Génova quiere usar a Almeida como candidato en su guerra a muerte contra Ayuso”. Se desprende la temeraria hipótesis de que se quiere matar un contrastado generador de votos en la causa de Pablo Casado como aspirante a la Moncloa. Y se deduce también que el arma secreta contra Ayuso es su amigo y compañero, Martínez-Almeida, alcalde de Madrid.

Casado se estaría haciendo un harakiri con palillos japoneses si, como dicen algunos finos analistas, estuviera actuando por miedo a que Ayuso le haga sombra a escala nacional como en su día Esperanza Aguirre quiso hacérsela a Mariano Rajoy. Ese miedo colgaría en la imagen pública del actual líder del PP el baldón de la inseguridad frente a una de sus criaturas políticas. Lo es Ayuso, como lo son Almeida o el propio García Egea. ¿Cómo explicar que en el PP el éxito se castiga?

Pablo Casado Moncloa
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