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Navidades con cuentos y sin villancicos
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Antonio Casado

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Navidades con cuentos y sin villancicos

La sexta ola se llevó por delante la ilusión de que estas fiestas serían lo que siempre fueron porque triunfaba el cuento del retorno a la normalidad cantado por Sánchez

Foto: Imagen de luces navideñas en Madrid. (EFE/Luca Piergiovanni)
Imagen de luces navideñas en Madrid. (EFE/Luca Piergiovanni)

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos”, escribió León Felipe. Se adelantó 90 años en criticar el desamparo de la gente ante el gobernante indolente en la Navidad de la ómicron. 17 gobernantes, por ser exactos, y ningún director de orquesta que armonice el esfuerzo.

El cuento de la cogobernanza ya no entretiene a nadie, mientras Sánchez se esconde en el burladero de la descentralización del poder y la doctrina del Tribunal Constitucional sobre limitación de derechos fundamentales. Aunque me parece que reunir a los presidentes autonómicos cada 15 días, recuperar a los jubilados del sector sanitario o implicar a los militares no nos va a curar la frustración.

En unas navidades rotas por una depresión colectiva, tampoco el mensaje de Felipe VI acabó de darnos el peso en estas circunstancias

La sexta ola se llevó por delante la ilusión de que estas fiestas iban a ser lo que siempre fueron, porque triunfaba el cuento de la vacunación masiva y el retorno a la normalidad cantado por el presidente Sánchez.

Los villancicos callaron por miedo. Y la banda sonora de las navidades quedó confiscada por las cancelaciones en la hostelería, la fatiga del personal sanitario, las colas ante las farmacias y el récord de contagios (superada la barrera de los 1.000 por cada 100.000 habitantes).

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos”, decía el poeta de Tábara. Ni la cantinela de la lotería del día 22 de diciembre sonó como en otras ocasiones, en vísperas de unas navidades rotas por una depresión colectiva agravada por la falta de liderazgo político y social. Tampoco el bienintencionado mensaje de Nochebuena de Felipe VI, octavo de su reinado, acabó de darnos el peso en estas circunstancias.

La ómicron tampoco es peor que las colas del hambre o la bochornosa trata de seres humanos en la plaza Elíptica de Madrid

Ni siquiera nos queda el turno habitualmente destinado en estas fechas a glosar la solidaridad humana. Una tarea encomendada a los cuentacuentos de esta parte del mundo encantada de haberse conocido, la que envía a la otra, la menesterosa, millones de vacunas caducadas o a punto de caducar, como ha denunciado el Gobierno de Nigeria.

Y sigue el poema: “El miedo del hombre inventó todos los cuentos”. Porque, a ver, la ómicron tampoco es peor que las colas del hambre de la Fundación Madrina, a la que acude el cardenal Osoro para bautizar a los hijos de familias vulnerables. O la bochornosa contratación de jornaleros en la plaza Elíptica de Madrid, donde la piratería empresarial practica a diario la trata de seres humanos a cambio de salarios basura que no quiere detectar el radar de la nueva reforma laboral.

Foto: Foto: EFE/Javier Etxezarreta.

La decepción, sin embargo, no deroga el solidario espíritu del común de la gente. Tenemos una ciudadanía que no se merecen nuestros gobernantes. La desidia del Gobierno, la dispersión territorial en la toma de decisiones y el desborde de las estructuras sanitarias no impiden las colas para vacunarse o hacerse pruebas diagnósticas, mientras se generaliza el uso de las mascarillas sin necesidad de que nadie nos obligue.

Pero la pandemia es implacable. Como en la fábula de Esopo, los contagios han sido la liebre y la tortuga los gobernantes. A sabiendas de que la ómicron venía mucho más contagiosa que las variantes anteriores. A sabiendas también de que el “puente” de la Constitución sería letal por la incontenible tendencia popular a desquitarse de una larga temporada de restricciones.

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos”, escribió León Felipe. Se adelantó 90 años en criticar el desamparo de la gente ante el gobernante indolente en la Navidad de la ómicron. 17 gobernantes, por ser exactos, y ningún director de orquesta que armonice el esfuerzo.

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