'Catexit': ¿Cuánto vale el pasaporte europeo?

En una deriva un tanto naif, los independentistas catalanes consolidan un discurso desacomplejado para abandonar España evitando a toda costa hablar del coste de salir de Europa

Foto: Cadena humana por la independencia organizada por la Asamblea Nacional Catalana. (EFE)
Cadena humana por la independencia organizada por la Asamblea Nacional Catalana. (EFE)

El debate secesionista catalán, empequeñecido ante la discusión europea y la aún posible –aunque diferida en el tiempo– salida de Grecia, parece decidido a dejar encarrilados algunos consensos antes de la diáspora vacacional.

Así, la cita con las urnas del 27-S está más cerca de la convocatoria que de ser sobreseída, aunque hasta el 3 de agosto nada sea seguro, mientras ERC y CSU ( Convergencia Sin Unió ) observándose mutuamente con recelo, avanzan en el acuerdo sobre la lista única. Una lista electoral exótica compuesta por políticos profesionales y trufada con celebrities, deportistas y mariachis, que gana peso contra todo pronóstico. Lo que es seguro, le guste al presidente del Gobierno español o no, es que la convocatoria será un plebiscito sobre la pertenencia de Cataluña a España.

No es noticia que salir de España equivalga a salir de la UE y signifique ponerse a la cola -tras Turquía- para recuperar el estatus europeo

No pocos comentaristas de la actualidad han subrayado las conexiones entre el quilombo griego y el catalán. En mi opinión, las más preocupantes son las que tienen que ver con los riesgos en ambos casos de terminar extramuros de Europa. En el caso griego como un daño colateral no deseado al incumplir obligaciones financieras y en el catalán, como consecuencia indisociable del eventual deseo de abandonar España. No es noticia que salir de España equivalga a salir de la UE y signifique ponerse a la cola –tras Turquía– para recuperar el estatus europeo. Esperar ese tiempo en otra fila, la de una entidad bancaria en régimen de corralito, no es buena idea. Pueden ser muchos años.

Teniendo en cuenta que aproximadamente un tercio de países de la UE despediría gustoso a Grecia si volviera a derrapar en otra curva tratando de burlar a los acreedores, Europa no tiene pinta de esforzarse en considerar por unanimidad el fet diferencial para acomodar en su seno a quien desea irse de un país miembro. Pese a las buenas palabras de los 27 a Grecia, la UE ha demostrado que no quiere para sus miembros ejemplos inspiradores de éxito de la extrema izquierda. Estén seguros de que tampoco necesita que estados mutilados y regiones triunfadoras escindidas de Estos se conviertan en un modelo de socio a imitar.

Por ello, sin una garantía de unanimidad entre los Estados miembros por la permanencia de Cataluña en la UE o de un compromiso de esta para una eventual admisión acelerada, los catalanes votarán el 27-S por salir de Europa.

Descartadas batallas y levas, noches de trabajo voluntario, desabastecimientos y otras calamidades e inconveniencias asociadas a procesos de liberación, al debate secesionista le resta tasar civilizadamente el coste de salida de la UE en dinero. ¿Qué vale el Catexit en euros? Mientras la propaganda oficial ha logrado que la calle conozca el coste del supuesto expolio fiscal ("España nos roba"), el constitucionalismo no ha conseguido poner una sola cifra al coste catalán de salir de Europa. Un triunfo dialéctico más del soberanismo en la construcción de argumentos y frames.

El constitucionalismo no ha conseguido poner una sola cifra al coste catalán de salir de Europa

Tal vez sea esta una de las razones por las que se asume que aproximadamente un 50% los catalanes es independentista: porque ningún estudio demoscópico o barómetro social se ha preocupado en tasar el eventual sacrificio que serían capaces de asumir los secesionistas para lograr su objetivo. El catalán es un original proceso de emancipación que se plantea sin costes ni sacrificios para los emancipados. Con esas condiciones: menos impuestos, mayores salarios y pensiones, OTAN, financiación del BCE, proceso amistoso y doble nacionalidad española, mantenimiento de empleos, ahorros e inversión extranjera, y mejores servicios públicos, la independencia podría ser un buen negocio no para Cataluña, sino para Madrid, Baleares o Aragón.

Cataluña, como Grecia, es un país mediterráneo sin estado que pesa algo menos del 2% del PIB europeo, erráticamente gestionado durante años y sin acceso al crédito, que coquetea con su salida de Europa sin tener un plan para vivir fuera de ella.

Bancos y aseguradoras suelen utilizar como método de valoración de activos y catástrofes su contraste con sucesos o elementos comparables. Con todas las salvedades, la negociación griega con las instituciones nos ofrece una valiosa pista del valor de mercado del pasaporte europeo. Veamos. Los representantes griegos han corregido estos días su deriva negociadora renunciando al impago de su deuda externa –valorada el 1 de julio en 352.700 millones de dólares a cambio de financiación extra y de continuar en Europa con los bancos abiertos–. Nada que no desearía Cataluña. Esta es una primera aproximación al valor que una economía similar confiere al pertenecer a la UE.

Una primera aproximación al valor de ser europeos (o al coste de dejar de serlo) ascendería a 119.750 dólares por familia catalana

No estaría de más que el precio por irse de Europa, promediado ponderadamente con todas las metodologías que contribuyan a su cálculo, se añadiera como nota informativa a la contienda independentista. Para iniciar el debate, ahí va una cifra. Son matemáticas simples. Considerando el coste reconocido por Grecia para seguir en Europa y teniendo en cuenta que Cataluña tiene 2,945 millones de hogares, una primera aproximación al valor de ser europeos (o al coste de dejar de serlo) ascendería a 119.750 dólares por familia catalana.

Concluida la transición nacional es posible que los perros se aten con longaniza, que la inversión extranjera se multiplique y que las estructuras de Estado empleen pródigamente a servidores públicos. Incluso es posible que quienes se queden en España asuman el coste de salida de sus compatriotas en concepto de deuda histórica. Puede ser, pero la negociación griega, plebiscito incluido, nos ha dejado algunas lecciones de aplicación inmediata. Quedémonos con tres: 1. Europa tiene algunas reglas claras. 2. Las reglas están por encima del populismo de los políticos locales. 3. Fuera de Europa hace frío

Ángulo Inverso
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