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Europa, en manos de Putin (de su vacuna y de su gas)
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Vicente Vallés

Antítesis

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Europa, en manos de Putin (de su vacuna y de su gas)

En sus dos décadas al frente de Rusia, su primer mandamiento ha sido no permitir que los procesos electorales tengan estándares equiparables a los de una democracia liberal

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)
El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)
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En lo que llevamos de siglo se han sucedido cinco presidentes de Estados Unidos, cinco primeros ministros británicos, cuatro presidentes de Francia, cuatro presidentes del Gobierno español, diez primeros ministros italianos y dos cancilleres alemanes. Formalmente, también ha habido dos presidentes de la Federación Rusa. Pero, 'de facto', solo uno: Vladimir Putin (Medvedev, que ocupó el puesto durante cuatro años, fue un testaferro). Putin siempre gana. De hecho, no soporta perder. Solo una vez se le escapó la victoria. Ocurrió en 1996 y no fue él quien resultó directamente derrotado, porque su lista para el ayuntamiento de San Petersburgo la encabezaba el corrupto alcalde Anatoly Sobchak. De aquella experiencia depresiva, Putin concluyó que a partir de entonces solo aceptaría la victoria.

La otra lección importante de su vida política la aprendió en 1989, siendo un joven espía del KGB destinado en la ciudad de Dresde, en la Alemania Oriental. Millones de personas se levantaron contra el comunismo hasta forzar la caída del Muro de Berlín y Putin entendió que las masas pueden acabar con los regímenes más sólidos.

Foto: El opositor ruso Alekséi Navalni. (EFE)

En sus dos décadas al frente de Rusia, el primer mandamiento de Putin ha sido no permitir que sus procesos electorales tengan estándares equiparables a los de una democracia liberal. El segundo, reprimir con dureza cualquier amago de manifestación multitudinaria. El tercero es fruto de su formación como espía: acepta con deportividad la existencia de enemigos externos a los que se enfrenta, pero no consiente la traición.

Coincidiendo con su mandato, la lista de quienes dejaron este mundo o salvaron la vida por poco no cabe en el limitado espacio concedido a este artículo: políticos, espías, empresarios, periodistas… Pero se pueden dar cinco ejemplos: Berezovski, Litvinenko, Nemtsov, Skripal y Navalni. Por supuesto, Putin siempre ha negado su responsabilidad en tales infortunios.

Cada nuevo mandatario occidental que ha llegado al poder en estos veintiún años de putinismo ha caído en el error adanista de creer que él o ella sí sería capaz de 'gestionar' a Putin, aunque sus predecesores hubieran fracasado en el intento. Y todos estaban (y están) equivocados, porque Putin no tiene límites, mientras en una democracia sí los hay. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, lo volvió a intentar con su mejor voluntad –e ingenuo buenismo–. Viajó a Moscú a ver qué podía hacer; fue recibido con un "no aceptamos sermones"; en la rueda de prensa con el ministro Serguéi Lavrov, Borrell se deshizo en elogios hacia Rusia por el éxito de su vacuna Sputnik V y mostró el deseo de adquirirla para la UE; pero dijo algo de Alexei Navalni y Lavrov respondió con los presos del 'procés'. Y poco después expulsó a tres diplomáticos europeos. Tampoco Borrell ha sabido 'gestionar' a Putin.

La lista de quienes dejaron este mundo o salvaron la vida por poco no cabe en el limitado espacio concedido a este artículo

El pasado verano, Alemania acogió al opositor envenenado y le salvó la vida en uno de sus hospitales. Ya curado, Navalni cogió un avión a Moscú, fue detenido al desembarcar, se le sometió a juicio días después y ahora está en la cárcel. Varias manifestaciones de protesta han terminado con el arresto de miles de personas.

En paralelo, la Unión Europea coquetea con la idea de responder al incumplimiento de contrato de AstraZeneca –y a la deficiente gestión de la propia UE en la negociación con las farmacéuticas– con la compra de la vacuna rusa, cuando Estados Unidos, Canadá y Reino Unido dicen tener pruebas de que 'hackers' rusos robaron información sobre la vacuna de Oxford. Acusan a los APT29, conocidos como los Duques, que ya hackearon los 'emails' de Hillary Clinton en la campaña electoral americana de 2016.

Quien lidera la ofensiva por la Sputnik V es Angela Merkel. La canciller alemana habla ruso y el presidente ruso habla alemán. Se entienden. Si hacen falta vacunas contra la pandemia habrá que conseguirlas donde sea, aunque haya que meterse en el fango hasta el cuello. Y es precisamente ahí, el cuello, por donde Putin quiere agarrar, otra vez, a Europa, incluida España.

Foto: Un carné del Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi) de la época de Putin como espía en Dresde. (BBC)

Ahora podrían ser las vacunas. Pero Putin ya tiene condicionada a Alemania –y, por extensión, a la UE– por la energía. Está en construcción el gasoducto Nord Stream-2, que llevará gas natural desde el norte de Rusia hasta el norte de Alemania a través del mar Báltico. Es una inversión costosísima, que fue iniciada en 2005 por el canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder, antecesor de Merkel. Schroeder firmó el contrato días después de perder las elecciones, pero justo antes de dejar el poder. El excanciller, amigo de Putin, fue nombrado de inmediato para un cargo en Gazprom y ahora es presidente de Rosneft, compañías energéticas controladas por el Kremlin. Francia ha pedido a Alemania que paralice el gasoducto como respuesta a la represión de Putin contra sus opositores, pero el vicecanciller Olaf Scholz se niega. Scholz es socialdemócrata, como Schroeder, y aspira a suceder a Merkel.

En 2007, Merkel y Putin se reunieron en la ciudad rusa de Socchi. De repente, en la sala apareció un enorme perro negro de raza labrador llamado Koni, que se dio un paseo por delante de los mandatarios y llegó a posar su cabeza sobre las piernas de la canciller. La foto que publicaron los periódicos mostraba a Merkel con cara de miedo, mientras Putin sonreía satisfecho. Era conocido que la canciller siente terror por los perros desde que uno la atacó en 1995. Putin también lo sabía. La reunión era para hablar de energía.

Nota del autor: este jueves murió el doctor Serguéi Maximishin en el hospital de Omsk, en Rusia. Fue el primer médico que atendió a Navalni después de ser envenenado. Según el hospital, Maximishin murió "de repente". Según las autoridades locales, de un "ataque al corazón". Tenía 55 años.

Por un periodismo responsable

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En lo que llevamos de siglo se han sucedido cinco presidentes de Estados Unidos, cinco primeros ministros británicos, cuatro presidentes de Francia, cuatro presidentes del Gobierno español, diez primeros ministros italianos y dos cancilleres alemanes. Formalmente, también ha habido dos presidentes de la Federación Rusa. Pero, 'de facto', solo uno: Vladimir Putin (Medvedev, que ocupó el puesto durante cuatro años, fue un testaferro). Putin siempre gana. De hecho, no soporta perder. Solo una vez se le escapó la victoria. Ocurrió en 1996 y no fue él quien resultó directamente derrotado, porque su lista para el ayuntamiento de San Petersburgo la encabezaba el corrupto alcalde Anatoly Sobchak. De aquella experiencia depresiva, Putin concluyó que a partir de entonces solo aceptaría la victoria.

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