La Moncloa y las matemáticas difusas
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Vicente Vallés

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La Moncloa y las matemáticas difusas

Las estadísticas, los números, las matemáticas se pueden utilizar para probar cualquier cosa, incluso la verdad. Porque la verdad es tan difusa como los números

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la visita oficial a Senegal. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la visita oficial a Senegal. (EFE)

El presidente se subió esta semana al avión oficial de la Fuerza Aérea Española –que lleva inscrito en su fuselaje las palabras Reino de España– porque la Moncloa consideró que lo más adecuado precisamente en este momento era viajar a Angola y Senegal. Dejaba atrás por unos días las dudas sobre la vacuna de AstraZeneca, sobre el cercano final del estado de alarma, sobre lo que pasará después y sobre el crecimiento lento pero constante de la incidencia del virus en España. También, sobre las previsiones económicas, cuyo optimismo previo ha tenido que ser rebajado por el Gobierno a la vista de que determinadas cuentas de la lechera eran demasiado exuberantes. Cuestión de prioridades.

En ese viaje, el presidente mantuvo una charla distendida e informal con los periodistas, sin micrófonos ni cámaras. Es una tradición en este tipo de viajes. Fue en un ámbito de ese tipo en el que Pedro Sánchez volvió a zambullirse con su atrevimiento habitual, a menudo temerario, en la campaña electoral de Madrid –aunque estuviera en pleno vuelo hacia Dakar–, acusando al Gobierno autonómico de mentir con los datos de contagios. A la hora en la que se termina de escribir este artículo, ni el presidente ni el candidato socialista Ángel Gabilondo –que hace lo que puede para que no se olvide que el candidato es él y no Sánchez– ni el Partido Socialista han mostrado las pruebas de las que disponen para cimentar esa acusación tan grave que, de ser cierta, debería provocar la dimisión del acusado, y de ser falsa debería suponer la dimisión del acusador.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c). (EFE)

Que no se muestren las pruebas no significa, necesariamente, que la acusación sea falsa. Pero, en aplicación de ese mismo criterio, tampoco significa, necesariamente, que sea cierta. Sin embargo, puede ser políticamente muy eficaz. En primer lugar, porque alimenta los más bajos instintos de la propia hinchada, a la que es imprescindible movilizar con periódicas descargas de adrenalina consistentes en lanzar andanadas contra el adversario, por muy discutible que pueda ser su fundamento. Y, como efecto suplementario, añade energía a la campaña, algo que los partidos consideran determinante para movilizar a sus votantes más perezosos.

José Luis Rodríguez Zapatero ya lo teorizó con mucha destreza y ninguna timidez en los días previos a las elecciones de 2008, cuando en una conversación captada por un micrófono furtivo dijo que “nos conviene que haya tensión; voy a empezar a dramatizar un poco, porque si no la gente…”. Y ahí lo dejó. Previsiblemente, la frase podría continuar con “… si no la gente no se activa lo suficiente como para ir a votar. Pedro Sánchez ha “dramatizado un poco” con la supuesta manipulación de los datos sanitarios de Madrid para echar combustible a la caldera preelectoral socialista, aunque sabe que eso tiene como efecto colateral alimentar a su vez la caldera preelectoral de quienes aspiran a mantener al PSOE lo más alejado posible de la Puerta del Sol. Isabel Díaz Ayuso se lo agradece.

Sánchez ha "dramatizado un poco" con la supuesta manipulación de los datos de Madrid para echar combustible a la caldera preelectoral

En Estados Unidos se utiliza la expresión 'fuzzy math', matemáticas difusas o confusas, para describir ese gusto por utilizar números no contrastados –o, como estrategia alternativa, apabullar al contrario con un aluvión de cifras– como armamento pesado en las campañas políticas: lanzas a los medios de comunicación una imputación con números o sobre números, sacándolos de su contexto o realizando con ellos la interpretación más favorable a tu tesis, sin aportar las mediciones que te llevan a establecer esa conclusión. O, más inquietante aún, utilizando datos parcialmente incorrectos o decididamente falsos. O, todavía más turbador, sin mostrar un solo apunte tangible en el que apoyar tus afirmaciones.

En política, jugar con los números permite fabricar titulares y lemas de campaña. Un ejemplo casi diario es el de los sondeos, que llenan espacios informativos y de tertulia con porcentajes de voto y asignación de escaños cuyo grado de veracidad no conoceremos hasta el día en el que se cuenten las papeletas, pero que ayudan a generar debates que, como las películas de televisión de los fines de semana por la tarde, están basados en hechos reales, pero no por eso dejan de ser historias de ficción.

placeholder El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita a Senegal. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita a Senegal. (EFE)

Y es la ficción la que se ha enseñoreado entre los ciudadanos de Madrid, llamados a las urnas el 4 de mayo en unas elecciones cuya campaña tiende, más aún de lo que ya es común, a la exageración y a la exasperación. Acabamos sumergidos en discusiones vacuas mientras, por ejemplo, vuelan las piedras en Vallecas, en un nuevo –y cada vez más preocupante– episodio de violencia política.

Tal y como reza una cita anónima, las estadísticas, los números, las matemáticas se pueden utilizar para probar cualquier cosa, incluso la verdad. Porque la verdad es tan difusa como los números.

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