Gracias, Jean-Claude. Bienvenida, Ursula

A pesar de su modestísima liturgia, la entrada en funciones de una nueva Comisión Europea supone uno de los más importantes cambios en los centros de poder de todo el planeta

Foto: Jean-Claude Juncker y Ursula von der Leyen. (Reuters)
Jean-Claude Juncker y Ursula von der Leyen. (Reuters)

Tras algunos disgustos parlamentarios ha llegado el día del cambio de guardia en el Berlaymont, el edificio que marca la identidad de la Comisión Europea hasta el punto de integrarse en su propio logotipo. Adiós, Presidente Juncker. Bienvenida, Presidenta von der Leyen, o VDL, como ha sido ya bautizada.

A pesar de su modestísima liturgia, a pesar de la escasa pasión con la que se refleja en los medios, la entrada en funciones de una nueva Comisión Europea en este primer domingo de diciembre supone uno de los más importantes cambios en los centros de poder de todo el planeta. Un cambio que genera estabilidad: aunque es jurídicamente posible, y hay precedente, la Comisión no “cae” como los gobiernos. Lo previsible es que durante los próximos cinco años comisarias y comisarios verán cambios en sus interlocutores en la inmensa mayoría de los gobiernos de Europa y del mundo. Y un cambio que no es revolucionario: la Comisión es esencialmente un gobierno de coalición, en el que nunca hay grandes bandazos de los que vemos en otros centros de poder nacionales.

Sin embargo, las diferencias en los equilibrios políticos entre un equipo y otro, las diferencias geográficas en el reparto de carteras, así como las distintas personalidades de los Comisarios y de su Presidenta, marcarán un cambio en el rumbo de Europa a partir de hoy. Y ello a pesar de que, como ocurre en las grandes naves cuando alteran unos grados su derrota, la magnitud del giro a babor o estribor solo se va a percibir realmente después de unas cuantas millas de navegación.

Es pronto para juzgar a Juncker. Pero ya se puede afirmar que entre analistas y expertos y en casi todas las cancillerías se hace una valoración sobradamente positiva de su mandato, con el que ha cerrado también una larguísima y brillante carrera de servicio público. Con luces y sombras (especialmente durante su labor como Primer Ministro de Luxemburgo); con salidas de tono que durante un tiempo merecieron críticas y bromas y hoy son notas de color que han hecho más humano y más respetado al personaje. Personalmente aplaudo a Juncker no solo por todo lo que anunció y ha sabido cumplir (en materia digital, en medio ambiente, en el paquete de inversiones que lleva su nombre…). Lo aplaudo en especial por cómo ha sabido responder a las crisis que no estaban en su programa: puso en juego todos sus recursos para mantener a Grecia en el euro; supo dar una respuesta unida y de excepcional calidad al reto del Brexit; supo torear con diplomacia tan socarrona como eficaz a ese tipo irracional que llegó a la Casa Blanca, que llegó a decir que la UE era más peligrosa que China… Por todo ello merece aplauso, como se aplaude al director de una orquesta: el éxito no ha dependido solo de su batuta, pero sin ella la música hubiera sonado ciertamente mucho peor.

Y llega hoy el relevo de la mano de VDL. No ha empezado del todo bien, hay que reconocerlo: errores iniciales que demuestran que haría bien en escuchar más y mejor a quienes conocen como funciona la compleja realidad política de Bruselas; discursos sin pasión (el que siguió a la votación final del Parlamento fue quizá de lo más soso que han escuchado esos muros, y eso que también pasó por esa tribuna Durão Barroso…). Pero es mujer muy seria, trabajadora, muy bien preparada; y -siguiendo con el símil- ha integrado en su nueva orquesta a un conjunto de músicos excelentes.

La propia Presidenta se ha fijado varios objetivos ambiciosos a cumplir en esos primeros 100 días que la convención impone como primera meta volante de un cargo político. Y no son poca cosa. VDL se ha comprometido a presentar dentro de ese plazo un serio plan contra la crisis climática (un European Green Deal); un instrumento jurídico que establezca las bases para un salario mínimo en toda la UE; medidas obligatorias en materia de transparencia de la remuneración laboral, con el fin de garantizar la igualdad salarial entre mujeres y hombres; y la primera legislación que trate de los retos humanos y éticos que plantea la inteligencia artificial. No es ambición lo que le falta, ni coraje: es ella misma la que ha pedido que la juzguemos por esos resultados en marzo de 2020. Pero tiene otros importantes retos, sin contar los que deriven de la conciliación con una vida familiar algo más exigente que las de sus predecesores.

La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

El primero, de gestión. Le rodea una concentración espectacular de talento y capacidad. Pero cualquier melómano sabe que el número de primeros violines en una orquesta es limitado. Es más que probable que VDL se encuentre en los próximos meses en la tesitura de tener que imponer su autoridad, y arbitrar entre personas poco habituadas a recibir instrucciones en sus ámbitos de decisión.

Y como es obvio, el nuevo equipo de gobierno europeo deberá también lidiar con situaciones más o menos críticas que todavía no aparecen en el radar, o al menos no plenamente definidas como tales. Los efectos reales del Brexit aparecen en lo alto de esa lista, en especial si -contra lo que indican las encuestas- el nuevo Parlamento británico sigue sin tener una mayoría clara para tomar decisiones coherentes. Pero habrá otras, también con impacto directo en la política exterior y con ello en la nueva agenda de nuestro flamante Alto Representante.

Y ante todo esto… ¿España? Hace unos meses, nuestro país parecía a punto de recuperar un peso y un papel que había frívolamente abandonado. Hoy es difícil predecir ya nada. La interinidad de estos meses, con su foco puesto en nuestras cuitas internas, ha podido hacer perder oportunidades serias de influencia mientras se estructuraba el nuevo liderazgo, más allá del nombramiento de Borrell. En todo caso, de lo que ocurra en las próximas semanas en el Congreso va a depender también qué papel jugamos en Europa en esta nueva etapa.

Atando cabos
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