"El empresario catalán es prudente, pero está cada vez más incómodo"

Primera parte de las entrevistas 'Dos empresarios, dos Cataluñas'. Hoy José Bou, de la asociación Empresaris de Catalunya. Próximamente, Albert Pont, del Cercle Català de Negocis

Foto: El vicepresidente de Empresaris de Catalunya, Josep Bou. (EFE)
El vicepresidente de Empresaris de Catalunya, Josep Bou. (EFE)

José Bou era un empresario catalán mediano dedicado a hacer y vender pan, pero el año pasado empezó a aparecer en la prensa hablando de política. Se había convertido en agitador al romper el silencio de los empresarios respecto de la deriva independentista de la sociedad catalana. Desde su asociación, Empresaris de Catalunya, da voz a los empresarios que quieren seguir en España. Me recibió en uno de los salones del Círculo Ecuestre, donde conversamos sobre estabilidad, sentimientos patrióticos y economía bajo un retrato del rey Alfonso XIII.

P. ¿De dónde vienen los Bou, son ustedes catalanes?

R. Sí, totalmente. Yo soy más catalán que muchos de los que quieren separarse de España, de Vic y con 12 apellidos catalanes; pero soy español y estoy orgulloso de ser un español de Cataluña porque Cataluña es lo más maravilloso de España.

P. La presentación de la web de sus panaderías me ha hecho pensar en un tipo de empresa que no aspira a más de lo que puede abarcar, en su caso, hacer pan y venderlo. ¿Es un enfoque distinto al de los políticos de Cataluña?

R. Sí, muy distinto, y aquí hay algo anómalo en lo que se está haciendo poco hincapié: en cinco años se han convocado tres elecciones en Cataluña. Yo creo que se vota para que las legislaturas se agoten, así que si cada año y medio tenemos que votar, es porque los políticos nacionalistas han fracasado. No se puede someter a Cataluña o ningún otro pueblo a esa tensión continua. La economía lo nota. Los políticos nacionalistas se han centrado en cuestiones partidistas y han hecho muy poca política.

P. Con tanto vaivén, ¿cómo está la situación para los empresarios catalanes?

R. Si no funcionase el Fondo de Liquidez Autonómica, muchos proveedores se quedarían sin cobrar. Las farmacias están pagando sus deudas tarde, y los políticos les dicen “no tenemos”. Creo que hay siete oficinas de exteriores, esos consulados falsos, y ahora van a abrir otras tres en Portugal, Vaticano y Marruecos, así que dinero sí tenemos.

El gobierno tendría que haber hecho más gestos. Rajoy ha venido como representante del PP y tendría que haber venido como representante del gobierno

P. ¿Consideran la futura (y aún virtual) agencia tributaria catalana como una amenaza?

R. Mire, pues sí. Viendo la actuación que tiene la Generalitat con TV3, en la que muchos profesionales se han quejado por la contaminación ideológica que les imponen, nos preocupa, y mucho, cómo va a funcionar esa agencia tributaria. ¿Qué nos va a pasar a los empresarios que no comulgamos con el nacionalismo?

P. ¿Estarían dispuestos a irse?

R. Creemos que habrá una huida importantísima, una deslocalización fuera de Cataluña por el temor a represalias de esa agencia tributaria, previsiblemente sectaria. El asunto de los medios en Cataluña es muy sintomático: tienen seis periódicos, de La Vanguardia al Ara, subvencionados de una forma o de otra.

P. En ese sentido, Ada Colau ha tenido una actitud tajante retirando la subvención a La Vanguardia que mantenía el ayuntamiento de Trias. ¿Qué piensan ustedes de ella?

R. Poner la venda antes de la herida, de ninguna manera. Ada Colau ha ganado las elecciones. Una parte de la ciudad de Barcelona la prefiere y eso hay que respetarlo. Tenemos que dejarle tiempo y ver lo que hace. Sé que hará guiños a sus votantes de izquierdas que a mí, personalmente, pueden desagradarme, pero que veo como gestos, sin más. Lo que nos preocupa son las decisiones que puede tomar a nivel económico. La economía es muy tozuda. Si ella apoya a los más débiles, a los que más lo necesitan, le decimos que eso no conlleve un ataque a las empresas. Somos más partidarios de enseñar a pescar que de dar el pescado. La ciudad de Barcelona tiene superávit. Sabemos que su alcaldía pasará al déficit, pero esto también es soportable. Nosotros no decimos que no a nada. Hoy por hoy, confiamos.

P. Muchas protestas en Barcelona están protagonizadas por trabajadores de la hostelería y empiezan los enfrentamientos con la patronal. ¿Cuál es su punto de vista?

R. En mi empresa no hacemos nunca contratos eventuales. Mis ciento y pico trabajadores, todos fijos. Cuando un trabajador adquiere un contrato indefinido confía en la empresa, tiene una seguridad económica y emocional, aporta más ideas y más trabajo, se siente parte de la empresa y eso es muy bueno para el empresario. Mi padre me lo dejó muy claro: al trabajador hay que tratarlo bien. Nosotros no podemos decir que estamos de acuerdo en que se contraten personas por seis horas, o con contratos de seis meses consecutivos. Desde Empresaris de Catalunya quisiéramos que se contratase de otra forma, apostamos por el contrato indefinido. La hostelería funciona bien, así que no hay que tener miedo a hacer contratos indefinidos.

(EFE)
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P. ¿Cómo es el empresario catalán?

R. Es un hombre prudente, pero está cada vez más incómodo. Ponerse enfrente del gobierno de Cataluña, tal como está de nacionalizado, es muy complejo, porque tienen todos los resortes para controlar al empresario. Es una de las causas por las que los empresarios han estado callados. De todas formas, es un empresario que habla poco de política. Está para crear riqueza.

P. Pero la política les ha alcanzado de lleno.

R. Sí. En Cataluña no hay más que política. Mire, a los empresarios se nos enseña a cumplir las leyes. Tenemos controles por todos lados, todo son normas, leyes y cumplimientos. Por tanto, queremos que los políticos den ejemplo. Nada, absolutamente nada se puede pactar fuera de la Constitución Española.

P. Si se reformara la Constitución... ¿más centralidad o más autogobierno?

R. Si el Estado sigue descentralizándose, podría quedar como un hecho residual, y estas palabras no son mías, sino de Pasqual Maragall. España no roba a Cataluña. Eso ya no lo dicen tanto los independentistas porque los datos son cristalinos. En 2012, Madrid tenía un déficit fiscal del 9,57%, Baleares el 5% y Cataluña el 3,75%.

P. ¿Qué es lo primero que piensa, como empresario, si yo digo la palabra secesión?

R. Pienso en mis proveedores del resto de España, que no lo cogerían nada bien. Las relaciones quedarían muy tocadas.

Los empresarios pensaban que esto no iba en serio. Lo de Convergència es horrible. Ahora hay empresarios que si no lloran es de milagro

P. ¿Cómo se sentiría usted?

R. Yo no quiero sentirme extranjero en mi tierra. Quiero profundamente a Cataluña pero no admito ni admitiría nunca jamás que dejase de ser lo que ha sido. Esto lo han dicho tal cual catalanes indudables, como Josep Pla, Mossèn Cinto Verdaguer, Joan Maragall o Sant Antoni Maria Claret.

P. ¿Usted cree que Mas se atreverá a declarar la independencia si Junts pel sí obtiene mayoría?

R. No. Primero, porque es ilegal. Segundo, porque es antidemocrático. Para cambiar el Estatuto hacen falta dos terceras partes, ¿y para declarar la independencia el 51%? Es que nos echamos las manos a la cabeza.

P. ¿Cuál cree que son las verdaderas intenciones de Mas?

R. El nacionalismo en Cataluña fue durante muchos años un gran negocio, pero se ha terminado. Mas tenía 62 parlamentarios y ahora se da cuenta de que no llegaría probablemente ni a 35. Él sabe que tiene una única salida digna, que es la del mesías, crucificado. Convergencia se la va a llevar por delante. Nuestro miedo es que le camino de la derrota de Mas acabe siendo el camino de la derrota de Cataluña.

Artur Mas. (EFE)
Artur Mas. (EFE)

P. ¿Considera que hay candidez entre los independentistas respecto a la reacción europea y española a la secesión? Los informes del Cercle Catalá de Negocis, con quienes voy a hablar mañana, parecen muy optimistas.

R. Con el señor Albert Pont (del CCN) tengo buena relación, sé sus argumentos, es un verdadero Messi fintando, pero la verdad es que Durao Barroso dijo que la independencia de Cataluña conllevaría la salida de la Unión Europea, y Jean Claude Juncker advirtió de que una Cataluña independiente no sería aceptada en Europa. Y esto es entrecomillado, es lo que han dicho. La república catalana tendría que ir a la ONU y pedir que la considerasen estado. El Consejo de Seguridad tiene que decir que sí por unanimidad, así que olvídese. Tendrían que recurrir a la Cámara y España lo impugnaría siempre.

P. ¿Usted cree que España lo impugnaría?

R. No tengo dudas. Y por último tendría que ir a la Unión Europea y pedir la entrada, donde se les vetaría de nuevo.

P. ¿Quién es el responsable, según los empresarios de su círculo?

R. Aquí hablaré más por mí. Lo que ocurre en Cataluña tiene varios responsables. Los primeros son CiU, que han traicionado a la burguesía catalana, pero Madrid tiene una parte de la culpa por activa y por pasiva. Madrid no tiene esa maldad que aquí se le adjudica, pero no se han enterado. El gobierno tendría que haber hecho más gestos. El señor Rajoy ha venido aquí como representante del PP y tendría que haber venido como representante del gobierno, que es también de los catalanes. Podrían haber hecho consejos de ministros en el Palacio de Pedralbes y no les ha dado la gana. Y el Senado, ¿por qué no lo pueden traer a Barcelona? El Congreso en Madrid y el Senado en Barcelona. Hacernos partícipes, hacernos sentir a Cataluña parte importante de España, no como ha hecho Rajoy. Nos hemos sentido huérfanos, pero Madrid seguía sin enterarse.

P. ¿Los empresarios también estuvieron lentos de reflejos?

R. Pensaban que esto no iba en serio. Creían que se llegaría a un acuerdo, pero Junts pel sí no va a permitir ningún acuerdo. Lo de Convergència es horrible. Ahora hay empresarios que si no lloran es de milagro.

Cuando entró el Tripartito me dijo un mosso: “¿Qué hacemos nosotros, que ya no está la Generalitat?” Le dije: “¡La Generalitat sigue, lo que ha salido es CiU!”

P. ¿Le ven arreglo?

R. Ahora mismo no. Quizás después del 27-S. Ahora están todos metiendo pólvora en el cañón y van a disparar todos a la vez.

P. ¿Realmente sería tan mala la independencia para el tejido empresarial catalán?

R. La economía son vasos comunicantes. Hay algunos que creen que por vender en Cataluña y no exportar al resto de España o a Europa no les pasaría nada. Pues ese es mi caso, y sí que pasaría algo muy grave. Yo tengo 18 o 20.000 clientes finales en Barcelona que compran en mis 13 tiendas. Muchos de estos clientes están trabajando en empresas que sí que venden en España. Esa parte del PIB se perdería en forma, así que esos trabajadores perderían poder adquisitivo. Yo perdería clientes. De los proveedores españoles ya le he hablado antes. Cataluña quedaría sometida económicamente.

P. ¿Los catalanes se han vuelto independentistas?

R. Hace dos años tuve un cara a cara con la señora Carme Forcadell. Le dije unas cuantas cosas como catalán, porque vino confundiendo Cataluña con el nacionalismo, y después hablaba en nombre de todos los catalanes. Yo le dije que en mi nombre no podía hablar, y me tuvo que dar la razón. Pero sale por esa puerta y se comporta otra vez como si estuviera en posesión de la verdad absoluta.

P. ¿Las generaciones más jóvenes no quieren a España?

R. Para querer una cosa hay que conocerla, y en Cataluña no se ha dado a conocer España. Hay una frase extraordinaria de Ferrán Mascarell, consejero de educación de la Generalitat: “España es una anomalía histórica”. Si este señor es responsable de la educación, qué no se enseñará en los colegios. Ha habido un trabajo muy bien hecho de desespañolización, son tres décadas de manipulación informativa y educativa. Me da pánico pensar en esto.

P. Cuando murió el señor Rodés, supe que sus hijos son independentistas. ¿Este cambio de mentalidad generacional se deja notar en las grandes empresas catalanas?

R. Hemos vivido en un ambiente donde la Generalitat lo era todo, y en los últimos años se ha respirado un ambiente antiespañol. Yo he hablado con hijos de grandes empresarios, no voy a dar nombres, y algunos sí que están entre Pinto y Valdemoro. “No nos iría tan mal en un estado independiente, estaríamos mejor”, cosas así, porque la juventud está más contaminada. Pero si metiéramos el piececito en la independencia, la duda se les quitaría de golpe, porque entraríamos en una vía muerta económica.

Mis trabajadores dicen: “Algunos no hemos votado nunca, pero esta vez sí. Porque los políticos son todos iguales, pero nosotros somos españoles“

P. Pero entre los grandes empresarios, sólo Lara y Bonet se han manifestado.

R. Los demás están en el limbo, ¿entiende? Están en el limbo. Cuando hablamos de empresarios, hablamos de capital. Las diez grandes empresas catalanas tienen buena parte del negocio en el resto de España: estos no quieren ni oír hablar del independentismo. Otra cosa es que estén entrelazados con el poder político. Pujol hizo un trabajo transversal impresionante: no sólo había comisiones, también hacía muchos favores. Pero ninguno de los grandes empresarios con los que yo he hablado apoya a Artur Mas en esta deriva de ruptura.

P. ¿Se imagina una Generalitat no nacionalista?

R. Para conocer el peso de CiU en la Generalitat, le cuento una anécdota: cuando entra el Tripartito, me comenta un Mosso d'Esquadra: “¿Y ahora qué hacemos nosotros, ahora que no está la Generalitat?” Y le dije: “¡Pero hombre, no te preocupes, si la Generalitat va a continuar, si lo que ha salido es CiU!” La Generalitat puede ser socialista o del PP, por el amor de Dios. La Generalitat emana de las urnas, pero ese hombre creía que emanaba de Pujol. Yo creo que una Generalitat no nacionalista podría negociar mucho mejor con el estado que una Generalitat nacionalista. Negociar con alguien que quiere saltar el marco constitucional es imposible.

P. ¿Qué pasaría con sus trabajadores si usted deslocaliza su empresa y se la lleva de Cataluña?

R. Es que no va a pasar. Mire: mis trabajadores, con los que hablo mucho, me dicen: “usted sabe que una porción de nosotros no hemos votado nunca, pero esta vez vamos a votar en fila, porque todos los políticos son iguales pero nosotros somos españoles”. Son gente sencilla, apolítica, normal. A alguno le preocupa más qué pasa con el Barça que el asunto político. Por tanto, estoy seguro de que muchísima gente que no ha votado nunca votará por la unidad del mercado y la unidad nacional. Si vota el 75% o el 80% de Cataluña, Junts pel sí va a quedar laminado.

Un murciano en la corte del rey Artur
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