LIDER DE SOCIETAT CIVVIL CATALANA

Juan Arza: “La catalanofobia hace felices a los nacionalistas”

Entrevista a uno de los líderes de Societat Civil Catalana frente a la basílica de Santa María del Mar, un lugar simbólico y turístico de Barcelona, para conocer sus opiniones sobre las elecciones del 27S

Foto: Juan Arza, en una entrevista en televisión.
Juan Arza, en una entrevista en televisión.

Le he propuesto a Juan Arza, uno de los fundadores de Societat Civil Catalana, que me cite en un lugar simbólico para él. Me lleva a los abrevaderos de guiris que hay frente a la basílica de Santa María del Mar. A la primera pregunta, nos interrumpe la camarera. Le pedimos los cafés y nos informa de que sólo dan vino. Las elecciones en la carta de vinos eclipsarán, en un momento dado, a las elecciones del 27S. Por el camino saldrán temas en los que la gente de Societat Civil Catalana tiene poco espacio para opinar, como la catalanofobia.

PREGUNTA. ¿Por qué me has citado en este abrevadero de guiris?

RESPUESTA. No, hombre, te he citado frente a Santa María del Mar, que es una de las joyas del gótico catalán. Esta iglesia se construyó en el siglo XIV con el dinero y el trabajo de los pescadores humildes de esta zona y es un gótico catalán genuino. Mucha gente desconoce que buena parte del barrio gótico es totalmente falso, y que edificios de apariencia gótica son del siglo XIX y XX, como el museo Picasso. Son construcciones que se adornaron y embellecieron con la intención programática de engrandecer el pasado de Cataluña. Y para mí el pasado de Cataluña ya es suficientemente grande, y está mucho más representado en las líneas limpias y luminosas de esta basílica, que no en aquel gótico de mentira, artificial y creado por una burguesía que pretendía dotarse de un pasado diseñado desde el presente.

P. Desde que te sigo he visto que también te gusta meterte en jardines. ¿Recibes muchos insultos por Twitter?

R. No. Recibo muchos mensajes cuando alguna de las figuras más relevantes del separatismo me responde y sus seguidores se meten. Entonces noto que hay una guardia pretoriana de cuentas robot que salen en defensa de algunas figurillas independentistas.

P. ¿Por ejemplo?

R. David Fernández o David Rufián, por decirte un par. La única ocasión en la que me sentí atacado fue cuando unos tuiteros me dieron a entender que sabían la dirección de mi trabajo, algo que, por otra parte, aparece en mi página web. Algo así como: “oye, te tenemos localizado”. Pero no considero un insulto que me llamen ultraderechista o nacionalista español.

P. ¿Te sientes identificado con esos apelativos?

R. No.

P. ¿No eres nacionalista español?

R. No. Para mí no hay nacionalismo bueno. Si dices nacionalismo alemán, italiano o inglés, a todo el mundo le viene a la cabeza algo malo. Sin embargo aquí se generó la idea de que hay un nacionalismo bueno, integrador, positivo, etc, que es el catalán. El nacionalismo español, si lo entendiéramos como el proyecto de construcción de una nación homogénea donde todo el mundo habla español, donde todos se emocionan con el himno, me parecería una aberración igual que el proyecto de ingeniería social que hay ahora mismo en Cataluña. España es un país plural y no lo quiero de otra manera.

Si dices nacionalismo alemán, o inglés, a todo el mundo piensa en algo malo. Sin embargo aquí se generó la idea de que hay un nacionalismo bueno

P. En estos términos, ¿cómo identificaríamos a un verdadero nacionalista español?

R. Si yo fuera nacionalista español desearía que sólo se estudiara en español en la escuela, consideraría que no vale la pena estudiar el catalán. No querría que Cataluña tuviera ningún tipo de autogobierno. Me encantaría que se diera algún tipo de formación del espíritu nacional en el colegio, y no hay nada más lejos de mis planteamientos.

P. ¿Habéis sido porosos con la ultraderecha en Societat Civil?

R. Es una acusación injusta e interesada. En una manifestación que organizamos llegaron unos señores con unas camisetas negras y banderas de España, una persona de nuestra junta directiva fue a decirles que no armasen líos y eso significa que negociamos con la extrema derecha. Si el padre de nuestro presidente estaba en Fuerza Nueva o en Falange ¿eso significa que nosotros somos de Falange? Yo tenía un abuelo en el Partido Comunista y un tío, su hijo, en Falange. ¿Demuestra eso que soy una especie de comunista-falangista raro, o qué? Es como si yo pretendiera que Lluis Llach, que sí estuvo en Falange, es ahora un falangista. Ridículo. Esas cosas se desacreditan por sí solas.

P. ¿Por qué una gente capitaneada por Artur Mas acusa a otros de ser de derechas?

R. Es una fórmula que les ha funcionado bien hasta ahora. Estigmatiza y acorrala a las personas que nos oponemos al nacionalismo. Hasta hace unos años, muchos personajes políticos no daban la cara contra el nacionalismo catalán, así que la oposición más fuerte venía de nacionalistas españoles y de una ultraderecha. También es culpa del maldito franquismo, que se apropió de la simbología española y la exacerbó de manera egoísta. Franco identificó España con la derecha, pero hay que romper esta identificación. Te dice esto alguien conservador, eso sí.

Franco identificó España con la derecha política, pero hay que romper esta identificación. Y esto te lo dice alguien que se considera conservador

P. La foto de Pedro Sánchez con la bandera de España detrás, ¿es un intento de reconducir el símbolo y la idea de España hacia la izquierda?

R. Lo de Pedro Sánchez con la bandera es un gatillazo, un acto impostado. No hace falta hacer esa ostentación, a mí esa imagen me recordó a la película del general Paton. Pero tampoco hace falta lo del PSC, que es ocultar la bandera española siempre. La bandera debe tener una presencia normal, ni gigantesca ni en el cuarto de las fregonas.

P. Volviendo a Twitter, encuentro que muchísima gente independentista con esteladas o chapitas del Junts pel sí en la foto de avatar... La sociedad civil separatista parece proclive a añadir símbolos patrióticos a su imagen personal.

R. Yo nunca lo haría, pero lo respeto. Lo que no me parece tolerable es que asocien estos símbolos a instituciones. Si cuelgan una estelada en un ayuntamiento, es como si un ayuntamiento del PP colgase una bandera del partido. La estelada representa a un grupo de partidos, no a la sociedad. Pero es que te meten una estelada hasta en una iglesia católica. Yo soy católico y alucino cuando veo una estelada en lo alto de un templo. En Cataluña se ha politizado hasta el paisaje. He pasado las vacaciones fuera y nada más entrar en Cataluña ves esteladas a un lado y a otro de la autopista, que están puestas con la intención de marcar territorio.

P. A veces, en Barcelona, entre las esteladas veo una bandera de España colgada en un balcón. ¿Tú tienes una?

R. No. Sólo colgué banderas en mi ventana en 2012, concretamente una española y una catalana, porque me sentí apelado con aquel 11S independentista y quise hacer una demostración. Pero nunca había hecho algo así. De hecho, tuve que ir a una tienda a comprar las banderas.

Fachada del Ayuntamiento de Manresa (Barcelona), gobernado por CIU, con la bandera estelada en el balcón. (EFE)
Fachada del Ayuntamiento de Manresa (Barcelona), gobernado por CIU, con la bandera estelada en el balcón. (EFE)

 

P. ¿A una tienda de chinos?

R. Sí. Quizás debería hacernos reflexionar el hecho de que unos y otros demostremos nuestro sentimiento con banderas fabricadas en China.

P. La pulsera que llevas, ¿qué representa?

R. Son los colores de España y los colores de Cataluña, algo que queremos reivindicar desde Societat Civil Catalana: la bandera de España y la de Cataluña comparten los mismos colores.

P. ¿Qué me dices de la relación entre el FC Barcelona y la política?

R. Mucha gente se ha acercado al catalanismo y luego al independentismo a través del Barça. El Barça ha logrado asociar los valores del éxito, el juego bonito y la alegría por el triunfo con el posicionamiento político, pero cuando yo celebro los éxitos de un deportista español no me gusta mezclar la identidad con el deporte.

P. ¿De dónde vienes?

R. Mis padres son gallegos y yo nací en Venezuela. Llegué aquí con nueve años y esto ha marcado mi posición política, porque Venezuela era un país modélico tanto económica como democráticamente y ha degenerado en una ola de populismo nacionalista. Fíjate en los chándales de los políticos venezolanos. Esa histeria de poner la bandera en todas partes ya sé yo dónde conduce. Me preocupa también la nueva izquierda populista que hay en España.

P. Sin embargo, Ada Colau ha conseguido sortear las posiciones independentistas. Le exigen que sume Barcelona a la lista de Municipios por la Independencia y se ha negado. ¿Cómo valoras esta posición?

R. La izquierda en Cataluña está dirigida por una élite sociológica, ideológica e identitariamente más nacionalista que su electorado. Eso pasó con ICV, con PSC y pasa ahora con Catalunya Sí que es Pot. Cuidan mucho de no presentarse como nacionalistas porque eso los alejaría de su electorado, pero los dirigentes comparten el marco mental del nacionalismo.

Artur Mas recibe a la nueva alcadesa de Barcelona en el Palau de la Generalitat. (Reuters)
Artur Mas recibe a la nueva alcadesa de Barcelona en el Palau de la Generalitat. (Reuters)

 

P. ¿Crees que la formación de Colau virará al independentismo antes del 27S?

R. Lo veremos. No hace tanto que el señor Herrera de ICV se fotografiaba con Artur Mas y Oriol Junqueras. Muchos se descolgaron del Proceso Soberanista cuando adquirió los tonos esperpénticos que tiene hoy. Veremos qué ocurre en el próximo Parlament. Yo creo que buena parte de los diputados de Catalunya Sí que es Pot se sumarán al proceso, y si hay mayoría nacionalista votarán a favor de la declaración de independencia y participarán en la redacción de una Constitución Catalana.

P. ¿Societat Civil Catalana participaría en la redacción de esa Constitución?

R. Nosotros no vamos a participar en un proceso que tiene como objetivo romper no sólo la legalidad, sino lo que nos preocupa más: la convivencia con el resto de España.

P. ¿La independencia de Cataluña rebajaría la efervescencia nacionalista?

R. Quien crea que la independencia acaba con el problema del nacionalismo está equivocado. El nacionalismo catalán es irredento. Tiene reclamaciones sobre territorios que es deber de la nación catalana recuperar. Un consejero de la Generalitat ha dicho que les darían la nacionalidad catalana a los valencianos y a los mallorquines. Un estado independiente catalán empezaría un proyecto para influir y, a la larga, ubicarse en esa nación definida por la lengua. De Cataluña a los Països Catalans, no me cabe duda. Se convertiría en un nacionalismo con estado con todo lo que eso supone. Además, cualquier problema que tuviera ese nuevo estado sería achacado al resto de España, a la herencia, al dominio español como han hecho los nacionalismos en América Latina.

P. Causaron revuelo unas declaraciones de Albert Pont en este periódico sobre la forma en que se harían con el control de los puertos e infraestructuras. Hoy he llamado al puerto y al aeropuerto de Barcelona para hablar con sus directores y se han negado a declarar nada al respecto. ¿Qué pasaría con el control de las infraestructuras al día siguiente de unas elecciones que dieran a Junts pel sí la mayoría?

R. Nada, no creo que pase nada de eso. Hay un nacionalismo catalán inteligente que no es el de Albert Pont y otros friquis que han aparecido. Este nacionalismo inteligente busca un pacto con el estado que garantice su impunidad para manejar Cataluña como un cortijo sin los costes que supondría la independencia. Quieren impunidad para casos como el de Pujol, para la situación financiera de Convergencia, para los tejemanejes los Sumarroca, del conseller Puig, de su hermano... En segundo lugar, quieren recursos financieros. Y en tercero, buscan perpetuar el entramado de relaciones oscuras entre empresas y políticos, el chiringuito que tienen montado desde los tiempos de Pujol.

P. Pero la población ¿no se ha tragado ya que se busca una verdadera independencia?

R. El independentismo de muchos es postureo. Tienen la caradura de cambiar el discurso de un día para otro. Si hablamos de algunos de los articulistas colocados en La Vanguardia, el Ara o TV3, o de alguno de los culturetas que vive del presupuesto... si a alguno de estos les dijeran que tienen que volverse federalistas para conservar su columnita o su subvención, todo este mundillo cultureta cambiaría el chip con la misma desfachatez que mostraron para volverse independentistas. Habría otro sector que se resistiría, pero ¿qué son esos sin el apoyo de los medios de comunicación? Volverían a la marginalidad donde han vivido tradicionalmente los independentistas.

P. ¿Ha llegado a Societat Civil un periodista despedido de alguno de los medios que mencionas por expresar ideas contrarias a los intereses del poder?

R. La cosa es mucho más sutil. Desde hace muchos años, todos los periodistas que se han fichado o han ganado exposición son nacionalistas. No es que hubiera mitad y mitad y los hayan purgado.

En Cataluña, no les ha hecho falta la purga de periodistas porque la han practicado de manera sutil a lo largo de muchísimos años

P. Pero siempre que hay una situación de periódico intervenido ideológicamente se dan las purgas, aunque sean anecdóticas. Me parece raro que no pase.

R. Es que los no nacionalistas nunca hemos estado. A mí me llamaron para una tertulia en Catalunya Radio. Me atreví a discutirle a una señora de ERC la cuestión del déficit fiscal y no me volvieron a llamar nunca más. No les ha hecho falta la purga porque la habían hecho de manera sutil a lo largo de muchísimos años.

P. Pasemos a un tema que me interesa mucho: la catalanofobia. Sé que aquí se exagera la catalanofobia del resto de España, pero lo cierto es que existe y crece. ¿Estás de acuerdo?

R. Desde Societat Civil hemos dicho muchas veces que nuestro enemigo no son sólo los separatistas, sino también los separadores. Hay mucho separador en el resto de España, muchísima gente que ha asumido la visión de los nacionalistas. Muchas veces, desde el resto de España no se distingue que aquí hay muchísimos catalanes que no piensan como la Generalitat.

P. Lo mismo que pasa cuando se habla aquí de lo que dice el Gobierno, ¿no?

R. Exactamente. Yo hago un llamamiento a los españoles para que no asuman el mensaje nacionalista. Cuando tú dices “los catalanes quieren la independencia” le bailas el agua a los nacionalistas: identificas la parte con el todo. Y no digamos cuando se cae en los tópicos y en los odios regionales: en Valencia hay mucho discurso que me repugna tanto como el catalán, tenemos este problema en toda España. Si España no asumiera el discurso separatista y separador, tendríamos buena parte del problema catalán solucionado.

P. ¿No crees que uno de los ámbitos de Sociedad Civil Catalana tendría que ser la promoción de Cataluña en el resto de España para combatir la catalanofobia?

R. Dentro de nuestras modestas posibilidades lo vamos intentando. Damos conferencias en otras regiones para dar a conocer Cataluña en el resto de España.

P. Pero en estas conferencias, ¿no se acaba hablando mal de independentismo en lugar de hablar de lo bueno que tiene Cataluña?

R. Sí, es verdad. Encontramos mucha comprensión en el resto de España, pero lo que genera más oyentes es el discurso antinacionalista y no tanto uno positivo, centrado en destacar lo bueno de Cataluña. En parte, es comprensible como reacción a la agresión permanente del nacionalismo, pero por otro lado les estamos haciendo el juego precisamente a ellos.

Encontramos comprensión en España, pero lo que genera más oyentes es el discurso antinacionalista y no tanto uno positivo, centrado en destacar lo bueno

P. Permíteme una crítica. A veces, desde fuera, recordáis un poco a Fernando Savater o a Rosa Díez con el tema vasco. Aunque pueda estar de acuerdo con los puntos de vista, resulta un poco cansina la queja constante, el victimismo. Por otro lado veo que Podemos, a base de responder a ataques, ya prácticamente no es nada. ¿No es peligrosa esta actitud?

R. Nosotros nacimos como un movimiento de reacción y arrastramos esa actitud. Entiendo perfectamente lo que dices, y te anticipo que vamos a virar en la medida en que el debate lo permita. Nuestro primer lema fue “La independencia, ni la queremos ni nos conviene”, pero ahora es “Junts i millor”, Juntos y mejor. Tenemos que alinear nuestra actividad del día a día con ese propósito de subrayar las posibilidades de futuro que tenemos juntos. No es fácil, porque los medios suelen buscar la caña. Te preguntan sobre lo que ha declarado Romeva o lo que ha dicho Mas, buscan siempre eso. El separatismo lleva la iniciativa y nosotros vamos a remolque.

P. ¿Qué otros debates promocionarías si pudieras organizar la agenda?

R. Por ejemplo, destacaría nuestra postura sobra la cuestión lingüística, sobre el enriquecimiento del bilingüismo si lo apartamos de la postura nacionalista; sobre la necesidad de descentralizar el Senado y trasladar parte de la administración central a Barcelona para generar la idea de co-capitalidad; sobre las reformas pendientes en el sistema de financiación... Pero ¿qué pasa? Que si Mas ha dicho una boutade, preguntan a ver qué dice Societat Civil. Es difícil escaparse de esto pero lo vamos a intentar. No podemos ser sólo antinacionalistas.

P. A los catalanófobos en España, esa gente que está harta de las declaraciones de Mas en los periódicos, esas personas que han adoptado la actitud del “que se vayan y nos dejen en paz esos putos catalanes”, ¿qué les dirías?

R. Que España sin Cataluña dejaría de ser España. Cataluña aporta un patrimonio cultural increíble tanto en lengua española como en lengua catalana, y es necesario que los españoles aprendan a querer y a valorar esta cultura catalana. Y esto, dejando aparte el tirón económico de Cataluña, yendo sólo más a lo sentimental.

P. ¿Qué más les dirías?

R. Entiendo que una persona que dice “que se vayan ya los putos catalanes” no está para muchas sutilezas, pero le diría que, si quiere tocarle los huevos al nacionalismo, tiene que abrir los brazos a Cataluña y a los catalanes. Si usted se muestra favorable a la cultura catalana, deja sin armas al nacionalista. Son las actitudes catalanófobas las que hacen felices a los nacionalistas.

P. ¿Catalonofilia para combatir al independentismo?

R. Sí. A quien ha adoptado la postura nacionalista pensando que España no le quiere, lo convences, porque el catalán no es este tipo odioso que sale en la prensa española todo el rato. Viajemos al resto de España, hablemos con nuestros compatriotas de verdad. El escritor Joan Planas hizo eso y dejó de ser independentista.

P. ¿Qué opinión puedes darme sobre la forma en que el PP ha gestionado el tema de Cataluña?

R. No me gusta mezclar mis opiniones como militante del PP y mi papel en Societat Civil Catalana.

P. ¿Cuáles es la opinión de Juan Arza, sin carné de nada?

R. Que el PP ha dado muchos bandazos. En la época de Rajoy como presidente, creo que en general se ha actuado bien. En primer lugar porque la situación que se encuentra Rajoy ya está absolutamente podrida. Si nos limitamos a su presidencia de gobierno, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Podía ponerse a negociar, está la otra parte en condiciones de negociar? Creo que no.

P. ¿Y la ausencia de seducción?

R. No ha funcionado la seducción. Rajoy debería haber tomado la iniciativa. También creo que negociar determinadas reformas no es someterse a los nacionalistas.

El exministro de Educación José Ignacio Wert. (Reuters)
El exministro de Educación José Ignacio Wert. (Reuters)

P. ¿Wert ha sido venenoso con la ley de educación?

R. Sobre todo con algunas declaraciones o detalles de esa ley sin pies ni cabeza, que han generado mucha polémica y han quedado en agua de borrajas. No discuto la posición general del gobierno respecto a la soberanía nacional, que no se negocia. Pero en otros asuntos me ha faltado dureza por parte del Gobierno. Por ejemplo, en años de crisis profunda, cuando la Generalitat depende de la asistencia del estado, no puede ser que el dinero del estado vaya a parar a la maquinaria ideológica, a los medios subvencionados. A veces ha faltado dureza y otras mano izquierda.

P. ¿Y el PP de Cataluña?

R. En el PP de Cataluña, muchas de estas críticas se comentan en privado, no sólo en las bases, sino entre la dirección del partido. Pero, llámales respetuosos, disciplinados o serviles, el adjetivo lo dejo en tus manos, el hecho es que se han mantenido callados.

P. ¿Esto tiene que ver con la salida de Alicia Sánchez Camacho?

R. No. Alicia es una persona con la que se ha cometido una injusticia, no tiene nada que ver con la imagen que se ha creado de ella.

P. ¿Albiol es un giro a la extrema derecha?

R. Yo creo que no. Aprovechó el discurso duro porque atrae votos, pero en la práctica nadie es capaz de mencionar una sola medida xenófoba de Albiol.

P. Pero nadie sería capaz de encontrar tampoco una idea nazi en Guillermo Zapata, y mira la que se lió con unos tuits.

R. Desde mi punto de vista hay una distancia entre hacer chistes sobre el holocausto e intensificar el lenguaje para hablar de políticas de inmigración.

P. Entonces, ¿qué clase de cambio representa Albiol en el PP de Cataluña?

R. Puede movilizar a un votante del PP desilusionado.

P. ¿Un votante de Ciudadanos?

R. Puede que sí. Albiol va a tener varios efectos: uno, sacar a votantes del PP de la abstención; dos, darle moral al partido y movilizar a las bases; tres, atraer a votantes conservadores que se han ido a otros partidos.

P. ¿Y qué me dices de Unió?

R. Unió representa a votantes que no quieren renunciar a la posición victimista ni a la expectativa de mayor autogobierno, pero que conservan la cabeza sobre los hombros. Gente conservadora, de orden, contraria a las medidas radicales de Convergencia. El problema es la traducción de esos votos en escaños, porque en Barcelona el escaño está muy disputado, mucho más que en regiones donde las posiciones conservadoras se han radicalizado hasta convertirse en algo que recuerda al carlismo.

Un murciano en la corte del rey Artur
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