Rajoy sólo congrega a tres mil personas en el acto central de campaña de Albiol

La alta participación electoral se ha convertido en la piedra filosofal de los partidos no independentistas. El PP tiene difícil pacto con cualquier otro grupo, así que apela a los valientes

Foto: Rajoy y Albiol en el acto de Badalona. (EFE)
Rajoy y Albiol en el acto de Badalona. (EFE)

Hoy estaban convocados los actos centrales de Ciudadanos y el PP antes de las elecciones del 27S. Era el día de España en la Cataluña independentista. Iban a enseñar los dientes, así que lancé una moneda al aire y acabé en la plaza Trafalgar de Badalona, donde se celebraría la romería y rogativas por Albiol, Rajoy y Sánchez Camacho. Romería porque el acto multitudinario no dio ni para llenar la plaza; rogativa porque el candidato y sus talismanes suplicaron a la mayoría silenciosa que haga acto de presencia y se acerque a las urnas el 27.

La alta participación electoral se ha convertido en la piedra filosofal de los partidos no independentistas. El PP tiene difícil pacto con cualquier otro grupo, así que apela a los valientes y al misterio. Con un espíritu entre el viaje a Lourdes y la aldea gala, había venido el presidente en persona para apoyar la candidatura de Xavier García Albiol.

Los organizadores fueron hábiles: dispusieron mesas de convite por la plaza para forzar un lleno que estaba lejos de convertirse en realidad. Las ocuparon trolebuses de jubilados y jubiladas, entre los que destacaba la cabeza de Fernández Díaz, que marcaba la media de edad. Había, también, algunas personas más jóvenes. Creo que vi a Andrea Levy pero desapareció tras una cortina de aromas a Heno de Pravia. Rajoy paseaba entre las mesas como un suegro el día de la boda de su hijo. Había manos que se acercaban demasiado a su espalda, y un guardaespaldas con malas pulgas repartía manotazos aquí y allá.

Xavier García Albiol.
Xavier García Albiol.

El ambiente era festivo, como de verbena. Macaco nos torturaba por la megafonía, así que fue un alivio que saliera al estrado Alicia Sánchez Camacho para echar a la audiencia los murciélagos de su discurso: “Badalona va a dar la sorpresa: sois miles de personas las que estáis aquí pero aún queda mucho por decidir; hoy estáis aquí más de tres mil personas, casi cuatro mil, y quiero que digamos que hay una mayoría de catalanes que ha dejado de estar en silencio, que quiere ser catalana, española y europea”.

Le respondieron aplausos entrecortados. A Albiol no le habían dado abanico y se daba aire con los papeles del discurso. Miraba a su alrededor con una sonrisa ancha y fortificada. En los bordes de la plaza, algunos curiosos oteaban el acto y se daban la vuelta apresuradamente al ver los emblemas del PP. Camacho prosiguió: “No queremos aranceles con el resto de España ni con el resto de Europa. Sólo hay un partido, el que preside Mariano Rajoy; sólo hay un candidato, Albiol”.

Así dio paso al héroe popular, que tiene carisma de gallo de pelea. Fijó la vista, para darse esperanzas, más allá del horizonte decrépito de palmeras y gorras: “A todos los que estáis llenando la plaza os veo esas cabezas, os veo esas banderas españolas y catalanas. Después me acercaré hasta el final de la plaza para saludar a todos los que estáis ahí abajo y a los vecinos que veo en el bloque de enfrente, que también están aplaudiendo”.

Sánchez Camacho: “Sólo hay un partido, el que preside Mariano Rajoy; sólo hay un candidato, Albiol”

Albiol saca fuerzas de flaqueza. En el PP diezmado de Cataluña, hace el papel de primo de Zumosol. Con espíritu guerrero respondió a los insultos del independentismo: “¿Cómo es posible que desde la candidatura de Artur Mas se insulte a las personas que vinieron a buscarse la vida y a levantar Cataluña desde las provincias de España? Os voy a hacer una pregunta y quiero que levantéis el brazo: ¿Quién es un catalán de adopción pero tuvo que venir de otro sitio de España?”

Aquí y allá se levantaban las manos y las personas. En el jolgorio se mezclaban los acentos: había andaluces, extremeños y murcianos, nadie habla en catalán. Albiol los interpeló directamente: “Me parece inadmisible que a vosotros, que he contado centenares y miles, os diga alguien que Franco os montó en un tren para diluir la cultura catalana. No voy a aceptar que se insulte a las personas, nadie os montó en un tren como si fuerais borregos, vinisteis a levantar Cataluña. A ver si se entera señor Mas: Cataluña debe ser una sociedad con las puertas abiertas para los que vienen a trabajar”.

Se estaba arriesgando con un discurso basado en la integración y la pluralidad de Cataluña. Por los bordes de la plaza paseaban moros flemáticos, que seguramente recordasen todavía aquel lema, Limpiando Badalona, tan contradictorio con las palabras de hoy.

En el jolgorio se mezclaban los acentos: había andaluces, extremeños y murcianos, nadie habla en catalán

El candidato dio paso a Rajoy y el presidente soltó una carcajada ronca y burbujeante en respuesta a unas mujeres vestidas de sevillana que le hacían gestos desde abajo, pero recobró la compostura y dirigió sus iras contra el PSC: “Queridos amigos, ¿puede uno fiarse de un partido que vota a otro para que quiten la bandera española del ayuntamiento? Porque eso es lo que ha pasado aquí. El PSOE no es parte de la solución, se ha convertido en parte del problema”.

La mayor parte del tiempo trató de animar a los indecisos: “Hay que salir a votar. Hay que salir a decir basta, poner fin a esta pesadilla. Hay que votar para que nadie te obligue a ser catalán de la manera que quieren unos pocos. Sois la cara silenciosa y silenciada de Cataluña. Ellos no son más. Lo serán si tú te callas, si te quedas en casa, si les dejas hacer”.

Rajoy pide votar para que se vea cara la 'silenciosa y silenciada' de Cataluña.
Rajoy pide votar para que se vea cara la 'silenciosa y silenciada' de Cataluña.

Volvió a sonar la pachanga de Macaco y los líderes se desparramaron entre las mesas para hacerse selfis con la concurrencia. Conecté con el streaming del acto de Ciudadanos y vi el auditorio del Fórum repleto: “Somos 3.150 personas”, decía Albert Rivera.

Es llamativo que el presidente del gobierno no sea capaz de congregar más de tres mil personas en Cataluña. A mi lado, un señor con la gorra del partido se había quedado mustio. Murmuró: "Como la mayoría silenciosa seamos estos que estamos aquí, ya podemos ir a renovar el pasaporte".

Un murciano en la corte del rey Artur

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