Abengoa, último acto: Botín, Fainé, Pepón y otros acreedores del montón

El concurso parece inevitable. Los bancos quieren forzarlo. De esta forma tendrán más garantías, ya que no saben lo que podrían encontrarse tras los tupidos cortinajes de la compañía

Foto: (P.L.L.)
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Los artificieros del Ibex 35, Ana Botín e Isidre Fainé, se han embutido el chaleco antibalas para protegerse de la más que probable voladura de Abengoa. En este peligroso juego en el que cada uno vela por sus intereses, son estos dos banqueros los que han tomado las riendas de las negociaciones con el grupo andaluz. A la fuerza ahorcan. Si bien la metralla va a alcanzar a todo el sistema bancario español, son Santander y La Caixa, con 1.558 y 570 millones de deuda, respectivamente, los que más sufrirán las consecuencias. Ellos y la ‘marca España’. En puridad, la crisis de Abengoa es también el fracaso de un país.

Hoy se vuelven a reunir acreedores y empresa en búsqueda de medidas a la desesperada -como de la que hoy informa El Confidencial- para resolver ‘in extremis’ el quilombo sevillano. La tesis por la que se inclinan Botín y Fainé sería realizar una inyección mínima de fondos con el objeto de que Abengoa sobreviva en esta recta de final de año y pueda pagar las nóminas de Navidad, para luego tratar de cerrar un acuerdo en enero o febrero de 2016, en todo caso siempre después de las elecciones generales del 20 de diciembre.

El concurso parece inevitable. Los bancos, de hecho, quieren forzarlo para cubrirse de cara al cierre del acuerdo. De esta forma, tendrían más garantías, mucho más que en el escenario actual, del que no se fían porque no saben lo que podrían encontrarse tras los tupidos cortinajes de la compañía. Se trataría de un concurso de acreedores pactado que podría incluso durar menos de un día. “Abengoa va sí o sí a concurso. Los acreedores recelan de lo que hay detrás y necesitan cuantificar el verdadero pasivo del grupo para poder tomar decisiones. Es cuestión de días”, arguye un representante de los bonistas.

Los planes de los acreedores no parece que vayan a encontrar una oposición numantina en la dirección de la compañía. Luego de este baile de fichas de dominó que ha arrastrado a Sánchez Ortega, Benjumea y Seage, finalmente se ha quedado como presidente del grupo José Domínguez Abascal, alguien que se conoce al dedillo la casa y la alambicada trama familiar de los Benjumea, cuenta con el respeto de los empleados y con un amplio bagaje político, sobre todo en círculos socialistas, y muestra un carácter negociador con los bancos. En definitiva, José Domínguez Abascal, alias ‘Pepón’, es más permeable a la tesis de los acreedores. No porque quiera sino porque no le queda otra.

En esta aparente alineación de intereses entre Abengoa y los bancos, ayuda también el hecho de que los sevillanos hayan contratado para la asesoría financiera a Lazard, entidad que preside Jaime Castellanos, uno de los hombres de máxima confianza de Ana Botín, y para la dirección jurídica al bufete Cortés Abogados, de los conocidos hermanos Matías y Luis Cortés.

“Abengoa era una bomba de relojería. Nadie se explica cómo se ha podido llegar a esta situación”, continúa uno de los representantes de los bonistas. “La matriz, es verdad, no tiene una deuda descontrolada, en torno a los 9.000 millones, 5.000 de pasivo bancario corporativo y 4.400 en emisiones de bonos, pero tampoco tiene muchos ingresos, y los pocos que tienen eran los que les facturaban a sus filiales, que a su vez se endeudaban para ejecutar sus proyectos. Esto hace que la deuda total del grupo se eleve hasta más de 20.000 millones. Me parece una frivolidad que la banca, conociendo esta operativa, siguiera concediendo créditos”.

Paradojas de la vida, va a ir a concurso ahora justo que 195 países se han unido para apostar por las energías limpias, donde Abengoa es líder mundial

Pero la crisis de Abengoa dista de ser un concurso de acreedores más. Y no nos referimos al agujero financiero o a los más de 25.000 trabajadores que tiene repartidos por todo el mundo, que también, sino a lo que representa para España en el exterior. No en vano, la compañía participa en algunos de los proyectos de infraestructuras más importantes del mundo, como el tren de alta velocidad La Meca-Medina, además de ser líder absoluto en el sector de la energía solar térmica. Invirtió 597,8 millones en I+D+i en 2014, ha presentado 333 patentes, de las cuales 162 han sido registradas, y es una de las tres empresas españolas no financieras que cotizan en el Nasdaq. 

¿Qué ha pasado entonces? ¿Qué ha sucedido para que ese ejemplo de modernidad y ecología como era Abengoa, que se pavoneaba de ser el aliado más fiel de la Administración Obama en energías renovables y de tutear al presidente estadounidense como si fuera un antiguo compañero de pupitre, se haya venido abajo? ¿Por qué van a dejar caer a esta compañía ahora que 195 países se han unido para luchar contra el cambio climático y apostar por las energías limpias? ¿Por qué la van a desguazar y achatarrar cuando bien podría haber servido de modelo para la Cumbre de París por sus procesos, que permiten un menor consumo energético y una disminución de emisiones de gases efecto invernadero? ¿Por qué se ha convertido en el pim-pam-pum empresarial de final de año?

Pues porque, parafraseando a Muñoz Molina, todo era menos sólido de lo que parecía, porque creíamos que había dinero infinito, que habíamos descubierto la piedra filosofal y podíamos endeudarnos como si no hubiera mañana, porque esos expertos en economía, que no eran sino expertos en brujería, proyectaban ante nuestros ojos un mundo irreal de crecimiento sin fin… Y nosotros asentíamos como autómatas porque, como dice Joseph Conrad en 'Lord Jim', “pasamos por la vida con los ojos entrecerrados, los oídos entorpecidos y los pensamientos aletargados”.

Abengoa, último acto: Botín, Fainé, Pepón y otros acreedores del montón

Abengoa es paradigma de la exuberancia irracional que nos llevó a la Gran Crisis de 2008, “muestra de la falsa bonanza” de aquella época, según recordaba el exministro de Industria Miguel Sebastián en unas recientes jornadas organizadas por El Confidencial. Abengoa es el ejemplo de una internacionalización mal entendida, de un “exceso del endeudamiento privado”, de un apalancamiento que ningún Gobierno supo ver. Ni siquiera el propio Sebastián, quien tuvo a su hermano sentado en el consejo asesor internacional de Abengoa hasta el año 2012, al poco de que el PP llegara a la Presidencia del Gobierno. Cosas veredes, amigo Sancho.

Caza Mayor
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