Sigma Dos y la muerte del oráculo de Delfos

La presidenta de Sigma Dos pone pies en polvorosa después del fiasco de los sondeos a pie de urna del 26-J, concurso al que acudieron a iniciativa del exministro Ángel Acebes

Foto: PLL
PLL

Elena Sánchez, presidenta de Sigma Dos, pone pies en polvorosa. Ya ha comunicado su intención de vender su participación al otro accionista de la compañía, Gerardo Iracheta, y salir de esta firma especializada en encuestas y estudios de opinión pública. Era solo cuestión de tiempo. El fiasco del sondeo a pie de urna de las elecciones del 26 de junio es la gota que colma el vaso de un proceso que viene de largo y que termina ahora con la ruptura de Sánchez con sus socios para iniciar una nueva carrera profesional. 

La empresa de investigación quedará en manos cien por cien de Iracheta, dueño de Eurostar Mediagroup, productora que cuenta a su vez con el asesoramiento del exministro Ángel Acebes, muñidor en la sombra de Sigma Dos.  

Cuenta de Twitter de Sigma Dos.
Cuenta de Twitter de Sigma Dos.

La cuenta de Twitter de esta firma, como la de otras que se dedican a hacer encuestas electorales, quedó congelada el 27 de junio de 2016, pocas horas después de que los sondeos publicados a las ocho de la tarde del domingo por RTVE y la Forta colocaran como presidente de Gobierno a Pablo Iglesias. Nada retuitean desde entonces.

“Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas”, decían unos parafraseando a Mark Twain. “Solo me fío de las estadísticas que yo mismo he manipulado”, decían otros, atribuyéndose palabras de Winston Churchill. El choteo en redes sociales era un no parar. 

Si a esto le sumamos que los estudios de mercado realizados en las semanas previas también fallaron estrepitosamente, y que incluso uno de los gurús electorales del PP, Arcadio Mateo, llegó a dar con sus huesos en prisión a cuenta del escándalo Acuamed, todo hace pensar que nada volverá a ser igual. Ni para las encuestas, ni para las firmas que se dedican a la realización de las mismas. La volatilidad y la incertidumbre han puesto la industria del revés.

Ángel Acebes. (EFE)
Ángel Acebes. (EFE)

La historia de Sigma Dos es la historia de la España de nuestros días. Nació en 1982 de la mano de Carlos Malo de Molina, el Fernando Romay de la demoscopia, un gurú que las metía cuando estaba debajo del aro, pero fallaba cuando se alejaba un par de metros. La compañía vivió una época sin grandes sobresaltos hasta que la gran crisis que arrancó en 2008 se la llevó por delante.  

Llegaron los expedientes de regulación de empleo (ERE), un preconcurso en septiembre de 2010 y, meses después, al no poder alcanzar a un acuerdo para refinanciar su deuda, el concurso de acreedores.

Cuando parecía que ya solo faltaba el epitafio, el exministro Eduardo Zaplana convenció a Malo de Molina para que se desprendiera de la firma, a la que atribuía su valor por lo histórico de su nombre, y se la vendiera a nuevos y más jóvenes accionistas. En concreto, a Elena Sánchez, quien posteriormente dio entrada al productor Gerardo Iracheta, que venía de la mano del también exministro Ángel Acebes. En el año 2014, se hicieron con las riendas de la compañía.

Ficharon como directora a Rosa Díaz, procedente del área de relaciones institucionales del diario ‘La Razón’. Tras colocar a la compañía en números negros, Sánchez dio rápido con la tecla del éxito, ganándose el respeto de sus rivales y recuperando el prestigio perdido en la última etapa de Malo de Molina. Así que la cosa iba relativamente bien hasta que Iracheta, Acebes y Cía pusieron sobre la mesa las israelitas de las elecciones generales del 26-J. Se obcecaron con el contrato de marras, a pesar de no tener ni medios ni experiencia para llevarlo a buen puerto.

La oferta fue a derribo. Donde TNS hizo la encuesta de las generales del 20 de diciembre por 437.500 euros más IVA, con 1.250 colegios y una muestra mínima de 150.000 personas, Sigma Dos se llevó la del 26 de junio para RTVE y Forta por 280.800 euros más IVA, 1.100 colegios y al menos 132.000 entrevistas.

“Lógicamente, los números no salieron”, comentan desde el sector. “Ni los económicos ni los de las israelitas. No nos ha pillado por sorpresa”.

Guerra civil entre firmas demoscópicas

Ante el aluvión de críticas recibidas, la Asociación Nacional de Empresas de Investigación (Aneimo), que hace las veces de patronal del sector, ha tratado de poner tierra de por medio con Sigma Dos con un torpedo de flotación contra la firma: “Los sondeos a pie de urna requieren de una gran complejidad en su diseño y desarrollo. Es necesario un enorme despliegue de medios humanos y recursos materiales, planificados y coordinados al máximo. También es enormemente valioso el ‘know how’ que la empresa y equipo de profesionales encargados de su realización haya podido adquirir y acreditar en experiencias anteriores (…). Aneimo quiere dejar constancia de que ninguna de las empresas integradas en esta asociación efectuó sondeo a pie de urna”.

Sería injusto, sin embargo, atribuir el grueso de la culpa a Sigma Dos. El resto de firmas que han participado de la elaboración de encuestas preelectorales también ha fallado notablemente, lo que ha tensado las relaciones de unas y otras hasta colocarlas en una situación de aparente guerracivilismo.

[La 'patronal' de encuestadoras abre el gran debate sobre los sondeos]

Las compañías demoscópicas se justifican alegando que, primero, “el cuerpo electoral es un ser vivo”, por lo que cualquier acontecimiento sobrevenido las jornadas previas, caso del Brexit, puede influir de forma significativa en el comportamiento electoral, y segundo, que la base muestral de los sondeos preelectorales, con una media de 1.500 entrevistas, es suficiente para poder dar porcentajes, pero insuficiente para efectuar proyecciones de escaños, lo que ha llevado a crear una falsa imagen del escenario post-26 de junio.

Sea como fuere, el oráculo de Delfos ha pasado a mejor vida. No se trata solo de cuestiones metodológicas, sino del mundo que nos ha tocado vivir, un mundo más volátil, donde los cisnes negros son cada vez más negros y frecuentes. En este contexto, resulta complicado predecir el futuro. Lo comentaba recientemente Roger Altman en un artículo en ‘The Wall Street Journal’: “Hace dos años, los informes de los analistas decían que los grandes países emergentes impulsarían el crecimiento global, que el petróleo se mantendría por encima de los 100 dólares barril y que los tipos de interés se moverían al alza. Todas estas predicciones han resultado ser enormemente erróneas”.  

Caza Mayor
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