Moncloa y el deshielo catalán: de los líos de Daurella a las guerras de Gay de Montellà

En la 'estrategia empresarial' desplegada en Cataluña se apunta a cuatro frentes de actuación: multinacionales, patronales, grandes compañías y medios de comunicación

Foto: Pablo López Learte
Pablo López Learte

El deshielo catalán se parece al whisky ‘on the rocks’ de Sabina: todavía no ha empezado la canción y ya se ha aguado el mejunje. Más por devoción que por acción, la presencia cenital de la vicepresidenta del Gobierno y responsable de las Administraciones Territoriales, Soraya Sáenz de Santamaría, y el nombramiento de Enric Millo como delegado del Gobierno, “un profesional que se adapta como anillo al dedo a la estrategia de diálogo desplegada desde Moncloa”, señalan en el entorno del elegido, están sirviendo para tejer arabescos de complicidad en segmentos de la población catalana que hasta ahora se sentían abandonados por la capital y huérfanos de cariño, véase el caso de los empresarios.

La expectación informativa despertada ha sorprendido al propio Gobierno, que trata de llevar estos contactos con sigilo y un perfil bajo, lo que choca con la necesidad de otros sectores de dar publicidad a la presencia de Sáenz de Santamaría en Cataluña. “Los apoyos se consiguen mejor con una vicepresidenta que con un secretario de Estado. Lo catalanes somos muy de detalle”, confiesa un representante de la patronal. Una estrategia que apunta a cuatro frentes de actuación: multinacionales con presencia en Cataluña, patronales, grandes empresas y medios de comunicación.

El Ejecutivo tiene en las multinacionales extranjeras un compañero para esta partida y una nada desdeñable vía de presión. Son muchas y potentes las que se encuentran arraigadas en aquel territorio, que actúan como fuente de inversiones y de puestos de trabajo, un maná amenazado por la deriva independentista. En los últimos cinco años y medio, Cataluña ha captado 14.532 millones de euros de inversión extranjera, provenientes de 600 proyectos de inversión que han supuesto la creación de 38.385 puestos de trabajo.

Coca-Cola se desmarca del fichaje de Sol Daurella por Diplocat: “Es una decisión personal”. La empresaria considera dar un paso atrás y salirse del consejo

Es tal vez por ello por lo que Coca-Cola, el gigante de refrescos con sede en Atlanta, haya querido desvincularse en todo momento de la decisión de la empresaria catalana Sol Daurella, la ‘chispa’ de la Coca-Cola en Europa, de firmar por el consejo consultivo del Diplocat, órgano institucional devenido en 'agitprop' que se encarga de vender el separatismo en el extranjero.

Aunque en la matriz alegan que “se trata de una decisión personal” de Daurella y que “nada tenemos que decir” al respecto sobre su incorporación a este consejo, lo cierto es que en EEUU preocupa la idea de que este movimiento, junto al reciente impuesto a las bebidas azucaradas, sirva de espoleta para una campaña contra la imagen de la marca de refrescos y haga un agujero en las cuentas de la multinacional esta Navidad. Por todo ello, aseguran en su entorno, Daurella estaría ahora considerando seriamente desmarcarse de Diplocat.

El coreógrafo Cesc Gelabert (i), junto al vicepresidente del FC Barcelona, Carles Vilarrubí (c), y la esposa de este último, la empresaria Sol Daurella.
El coreógrafo Cesc Gelabert (i), junto al vicepresidente del FC Barcelona, Carles Vilarrubí (c), y la esposa de este último, la empresaria Sol Daurella.

Otro de los caladeros en los que Moncloa ha echado las redes está en Via Laietana, donde se localiza la sede de la patronal catalana Foment del Treball, organización presidida por Joaquim Gay de Montellà, con el que la vicepresidenta del Gobierno parece haber hecho buenas migas, a tenor de los encuentros mantenidos. En la reciente entrega de premios de Foment, Gay de Montellà se refirió a la necesidad de “recuperar una Cataluña con más diálogo”, declaraciones que sonaban al eco de las que se escuchan actualmente en Madrid.

Además de Sáenz de Santamaría, que fue en calidad de presidenta del Gobierno en funciones ante la ausencia de Rajoy, al acto de entrega de medallas asistió el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. La una y el otro se sentaron a la diestra y siniestra del rey Felipe VI, sin que en esta ocasión hubiera problemas de protocolo como los aducidos por Artur Mas en anteriores ediciones. La vicepresidenta ha departido ya en dos ocasiones con el número uno de lo Generalitat, con Junqueras lo hizo en el reciente Consejo de Política Fiscal, y con Homs ha tenido su correspondiente interpelación en el Congreso.

La entente de Foment con el Gobierno no es baladí, ya que la guerra que mantiene el Ejecutivo central con la Generalitat, que va ya por tres años, tiene su reflejo, a una menor escala, en la patronal, de forma que el devenir político está teniendo su correspondiente ‘efecto mariposa’ en el mundo empresarial.

Como ocurre en otros muchos ámbitos en Cataluña, Fomento ha de convivir con sus propias guerras ideológicas, en este caso con Cecot. Hace escasos días, Antoni Abad, presidente de esta última organización de sesgo secesionista, anunció su intención de presentarse a las próximas elecciones de Foment del Treball, a pesar de que a Gay de Montellà le restan todavía dos años de mandato. Por su lado, Foment lleva tiempo queriendo expulsar a Cecot de la patronal por vulnerar el régimen interno y el código ético. Una batalla empresarial con distintos bandos y actores pero con un mismo atrezo: el independentismo.

El cisma sobrevuela la patronal catalana a cuenta de Cecot. Una batalla empresarial con distintos bandos y actores pero con un mismo atrezo: el secesionismo

Entre los comensales con los que departen estos últimos días los gerifaltes del Gobierno de Madrid, hay también representantes del Universo Caixa, a la sazón el mayor poder fáctico de Cataluña, así como popes de los medios de comunicación, especialmente del grupo Godó y de Planeta, quienes manifiestan un mayor optimismo con los puentes levantados frente a la cerrazón mostrada hasta el momento por el Partido Popular catalán.

Pero no solo de gestos se alimentan las inquietudes de los empresarios. La burguesía catalana reclama menos palabras y más propuestas, porque “no vale solo con fotografías y abrir despacho en Barcelona”, no pueden exigirles un acto de fe después de haber apostatado, necesitan pruebas de que esta vez va en serio, quieren algún tipo de acuerdo como el alcanzado entre PP y PSOE a cuenta de la subida del 8% del salario mínimo interprofesional, un acercamiento que parecía inimaginable hace unos meses, una medida que con Pedro Sánchez en el poder y Jordi Sevilla de ministro, hubiera sido imposible, antes queman Ferraz la derecha y los hombres del parné, pero que Rajoy ha sacado adelante sin excesivo ruido.

El presidente de la patronal Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellà; la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; Felipe VI; el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la antigua delegada del Gobierno en Cataluña, Llanos de Luna.
El presidente de la patronal Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellà; la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; Felipe VI; el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la antigua delegada del Gobierno en Cataluña, Llanos de Luna.

Cataluña, dicen los empresarios, necesita también su 8%. Esto es, de medidas e inversiones concretas, como la de Cercanías y el Corredor Mediterráneo, que sirvan para devolver la confianza y de prólogo para una hoja de ruta más ambiciosa, que pasaría ineludiblemente por un sistema de financiación que tenga más en cuenta la renta per cápita de las comunidades autónomas, así como de algún tipo de blindaje para la lengua catalana. “Con esto no acabas con la corriente secesionista que permea las calles, pero sí desactivas la mitad del apoyo con el que cuenta el independentismo”, señalan desde la patronal.

En una interpelación en el Congreso del portavoz del PDECat (exCDC), Francesc Homs, la vicepresidenta declaró estar dispuesta a dialogar sobre 45 de los 46 puntos que Puigdemont presentó a Mariano Rajoy en la reunión que mantuvieron ambos en abril. Es decir, de todos menos del referéndum.

Lo que se antoja más complicado no es tanto la puesta en marcha de este plan como la gestión de los tiempos. Lo que para algunos supone un proceso lento, que bien puede durar dos años o más, en los que habrá que atravesar desfiladeros tan peligrosos como la cumbre pro-referéndum, la aprobación de leyes de la desconexión o unas nuevas elecciones, para Rajoy todo ello apenas supone un minuto. Como se ha visto en el proceloso camino que le ha conducido al poder, el presidente entiende los tiempos de una forma muy diferente al resto de líderes políticos. Solo cuando cierra una carpeta, abre la siguiente.

Caza Mayor

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