Junqueras y Soler, dos bomberos pirómanos para la economía catalana

Hay miedo en ‘Can Junqueras’ por la sensación cada vez más real de que la economía catalana va a quedar hipotecada ‘ad calendas graecas’ por una crisis que se han afanado en negar

Foto: Oriol Soler y Oriol Junqueras.
Oriol Soler y Oriol Junqueras.

Fue hace poco más de 15 días cuando en la 'conselleria' sita en La Rambla 19 cayeron en la cuenta de que su papel en el Govern era el de sostener y fomentar la economía de Cataluña. Se percataron de la cosa por los comentarios que su jefe y 'vicepresident', Oriol Junqueras, dirigía a voz en grito a los banqueros y responsables empresariales que se acercaban a explicar las razones por las que habían decidido poner pie y medio fuera de la comunidad. Los bramidos de Junqueras, aseguran los testigos, llegaban hasta Montserrat.

Igual que Puigdemont restó importancia a la fuga de empresas por eso de que sus quitas ya no son de este mundo, más dedicado él a levitar por Casa dels Canonges, rodeado de 12 geos como 12 apóstoles, en aras del martirologio y la beatificación, igual que el 'president' hace tiempo que abandonó los problemas terrenales, digo, en ‘Can Junqueras’ hay auténtico pánico por la sensación cada vez más real de que la economía catalana va a quedar hipotecada ‘ad calendas graecas’ por una crisis que aún niegan.

Cómo explicar ahora a los corresponsales extranjeros con los que tanto gustaba departir en tantos idiomas que la república catalana no es exactamente el Shangri-La que les había vendido; cómo confesar a los inversores que adquirieron bonos patrióticos que tal vez habrá que matizar ese paraíso comercial del que les hablaba, ese tejido productivo blindado a las injerencias externas, ese manto protector europeo que algunos catedráticos de Harvard y profesores de IESE se han esmerado en defender hasta el último momento en una actitud más irresponsable que ingenua.

Los 'consellers' consideran a Junqueras poco menos que un arcano, un tipo pagado de sí mismo y poco de fiar, cuya estrella va languideciendo

De la amplia variedad de hábitats que conforman el bloque independentista, Oriol Junqueras supone una isla en sí misma. Gobierna ERC con mano firme, pero no profesa fielato alguno al Govern. Junqueras solo obedece sus propias consignas. Los 'consellers' con los que comparte mesa en el Consell Executiu lo consideran poco menos que un arcano, un tipo rocoso que difícilmente exterioriza lo que pasa por su cabeza, que ni siente ni padece, un tipo pagado de sí mismo y poco de fiar cuya estrella va languideciendo conforme se aproxima el desastre.

Las malas noticias para el 'vicepresident' se suceden. Junqueras va de fiasco en fiasco y tiro porque me toca. La próxima casilla —se malicia el propio 'vicepresident'— será la de la cárcel. Como en el Monopoly. “No descarto que pueda acabar en prisión”, confesó. “Han entrado en nuestra casa y han detenido a personas”.

Pero mientras Junqueras se esfuerza inútilmente —véase la fallida reunión con las multinacionales— en apagar los incendios provocados por la fuga continua de empresas, muy cerca de él, justo al lado, tiene a Oriol Soler, el Rasputín de la Generalitat, quien no solo se esmera en pisarle la manguera sino que se pasa las horas echando gasolina al fuego. Soler, vinculado ideológicamente a ERC, se ha destapado como un genio consumado para el 'agit-prop' independentista así como para ejercer de desatascador y pacificador en los enfrentamientos entre Esquerra y PDeCAT, Govern y CUP, ANC y Òmnium.

El hecho de que la opinión pública se esté preguntando ahora por la mente que se esconde tras la sofisticada propaganda secesionista, ha puesto a Oriol Soler donde él no quería: en los titulares de los periódicos.

Soler ejerció de director de comunicación del referéndum del 1 de octubre, es el fundador de SOM, la cooperativa cultural que está detrás de los lacrimógenos vídeos de Help Catalonia, y se erige en el ideólogo de las ideas más subversivas del 'procés', tal que el boicot del pasado viernes a la banca, iniciativa que no solo devino en fracaso sino que abrió nuevas grietas en el ya de por sí resquebrajado bloque independentista. Lo decía Jabois: “O se hace la Revolución o se hace el ridículo. Y de una revolución que pide sacar del cajero a final de mes 155 euros para regalarse un capricho si no se sabe qué hacer con él, hay que esperar cualquier cosa”.

De los dos Jordis (Sànchez y Cuixart) hemos pasado a los dos Oriols (Junqueras y Soler). Todos lucen trazas similares. No solo el presidente del Barça, también muchos empresarios tienen a los líderes de la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, hoy en prisión, por gente de paz que en los momentos más difíciles, esto es, cuando se vieron ‘forzados’ a trasladar sus sedes fuera del territorio, se ofrecían como mediadores para que los cientos de miles de personas que les seguían no los boicotearan, unas promesas que, todo sea dicho de paso, duraban lo mismo que se tarda en subir un tuit.

Con los Oriols sucede lo mismo. Junqueras recibía en su despacho a los enviados de las compañías con sede en Cataluña, los trataba de convencer asegurándoles que el entorno económico seguiría siendo estable pese a las incertidumbres políticas y tensiones con Madrid, pero por detrás mandaba al otro Oriol para que azuzara a las masas y las convenciera de que vaciaran sus cuentas de las entidades traidoras que se habían mudado a Levante.

De los dos Jordis hemos pasado a los dos Oriols. Todos lucen trazas similares. Primero prenden el fuego y después se ofrecen a apagarlo

El drama de Junqueras se divide en seis actos: primero, el movimiento de la sede; segundo, el cambio fiscal; tercero, la paralización de inversiones; cuarto, el flujo de ese dinero a otros territorios; quinto, la deslocalización, y sexto, la pérdida de puestos de trabajo. Poco importa que la claque de expertos económicos que asesoran a la Generalitat niegue la mayor. Eso, sinceramente, da igual. El mal ya está hecho.

Un golpe para Cataluña que lo es también para el resto de España. El Gobierno ha rebajado sus previsiones de crecimiento del PIB para 2018 en cuatro décimas y la Autoridad Fiscal Independiente estima una merma de entre cuatro y 12 décimas (entre 5.000 y 13.500 millones) para ese año, una menor actividad económica derivada de la subida de la prima de riesgo, de la paralización de inversiones, la pérdida de confianza internacional, la falta de seguridad jurídica y las huelgas. Es el deporte nacional: ponerse a jugar con las cosas de comer y pegarse un tiro en los pies.

Caza Mayor

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