El 'reino' de Moreno Bonilla y el 'derecho de pernada' de Casado

Casadistas muestran su malestar por haber sido orillados y entienden que, si bien Andalucía se alza ahora como el ‘reino’ de Moreno Bonilla, es Génova quien debe beneficiarse del derecho de pernada

Foto: Todos los representantes del PP en los Goya, en una foto subida por Andrea Levy. (Instagram)
Todos los representantes del PP en los Goya, en una foto subida por Andrea Levy. (Instagram)

Existe una tendencia generalizada a pensar que la clase dirigente actual carece del poso intelectual y sentido de Estado que exhibían las generaciones precedentes. “¿Qué líder político tiene hoy paciencia, inteligencia y tenacidad? Ahí está el problema, ¿quién las tiene?”, se preguntaba de forma retórica Alfonso Guerra en su entrevista en El Confidencial.

En la política española abunda más la suerte que el talento, y que estés en lo más alto o en lo más bajo no depende tanto de la experiencia profesional como de ese último golpe en el borde de la red que, al igual que ocurría en la película ‘Match Point’, puede hacer que la pelota siga hacia delante o caiga hacia atrás.

A Pablo Casado le entró la pelota ayudado por la ciclogénesis que sacudió al PP tras la moción de censura y este sábado, rodeado del ‘grupo 7’ de la calle Génova, se presentaba de esmoquin en la gala de los Goya como flamante presidente del partido.

El azar, siempre el azar, quiso, primero, que una de las triunfadoras de la noche fuera ‘El reino’, de Rodrigo Sorogoyen, película sobre política y corrupción que contó para el guion con el asesoramiento de Cristina Cifuentes, y en segundo lugar, que la gala se celebrara en Sevilla, nuevo símbolo de la reconquista del poder territorial del PP, después de que Juanma Moreno Bonilla, sorayista, se hiciera con la Junta cuando todos, Casado el primero, le daban por amortizado. La política tiene cosas tan extrañas como fascinantes.

Producto de estas carambolas del destino, el escenario que Casado y Moreno Bonilla tienen por delante resulta cuando menos complejo. El primero, porque tiene que lidiar con unas encuestas que no le son favorables y con unos barones que critican el ‘cesarismo’ con el que confecciona las listas de mayo, y el segundo, porque no solo tiene que desmantelar 36 años de socialismo andaluz sino también cohabitar con Ciudadanos y, en menor medida, con Vox, amén de mantener los equilibrios internos en su propia formación.

Cuando no son los de Cospedal los que ven la larga mano de Javier Arenas maniobrando en la sombra, son los casadistas los que muestran su malestar por haber quedado al margen en la composición del Gobierno y entender que, si bien Andalucía se alza ahora como el ‘reino’ de Moreno Bonilla, es Génova quien debería beneficiarse del derecho de pernada.

“Juanma [Moreno] y Elías [Bendodo] son también casadistas. Puede que no lo fueran de primera hornada, pero lo son ahora. Tienen una relación magnífica y hablan prácticamente a diario con Pablo [Casado] y Teo [García]. Remamos todos en la misma dirección”, aclaran en la cúpula del PP andaluz. “Respecto a los nombramientos, hay que entender a Juanma. La mitad del Gobierno no la ha puesto él sino Ciudadanos, y le han quedado pocos sitios para colocar a sus hombres de confianza. Ahora habrá guiños”.

En San Telmo, tratarán de aplacar el malestar de casadistas y cospedalistas con próximos nombramientos en segundos niveles de la Junta

A pesar de que algunos han querido ver una 'vendetta' por las primarias del año pasado, hilando similitudes entre esta aparente guerra entre casadistas y sorayistas y lo que ocurre en el PSOE andaluz —susanistas contra sanchistas para controlar el partido y ofensiva lanzada desde Moncloa—, lo cierto es que “Juanma jamás echaría un pulso a Pablo Casado. No es Susana Díaz”.

En el PPA van a tratar de aplacar los movimientos telúricos con nombramientos de personas del entorno de Casado y Cospedal en los segundos niveles del Gobierno andaluz. Los únicos puestos destacados que todavía siguen sin titular son los del portavoz del Ejecutivo y los relacionados con la Radiotelevisión Pública de Andalucía (RTVA) y Canal Sur.

Albert Rivera, acompañado por el líder andaluz de su formación, Juan Marín.
Albert Rivera, acompañado por el líder andaluz de su formación, Juan Marín.

El problema del PP en su aterrizaje en San Telmo no será tanto por el reparto de poder entre los suyos como por el proceso de adaptación a Ciudadanos, partido con el que forzosamente tendrá que cohabitar. La bisoñez en labores de gobierno de la formación naranja y su excesiva dependencia de Madrid ralentizan la toma de decisiones en estos primeros compases.

Además, Ciudadanos se ha visto obligado a tirar de independientes del sector privado o de la universidad, con escasa vis política, mientras que en el PP han optado por la artillería pesada, por dirigentes del partido con experiencia en cargos de gestión.

“Nada que ver el perfil de los unos con el de los otros. Es como meter a un zorro y un conejo durante una hora en un ‘escape room”, señala un empresario sevillano. “Los nombramientos de Juanma Moreno terminarán canibalizando a los de Juan Marín. Tienen mucha más presencia, son más políticos, y aquí, en Andalucía, hace falta mucha política”, añade.

Cs ha tirado de independientes porque carece de cuadros y los que antes se daban de alta en sus filas provenientes en su mayoría del PP ahora parecen decantarse por Vox. Con todo y con eso, lo que más preocupa en los predios populares no es tanto la falta de cuadros de los naranjas como que se vean impelidos por culpa de esta debilidad orgánica a tirar de altos cargos de Susana Díaz, es decir, a abrir las puertas al caballo de Troya.

Una cosa es querer quitarte la etiqueta de las ‘trillizas de la derecha’ y otra muy distinta, meter (o mantener) al enemigo en casa

Como muestra, el nombramiento como secretario general de Turismo de Manuel Muñoz, director gerente de la Empresa Pública de Turismo con el PSOE. Todo ello en línea con el mensaje lanzado por Juan Marín durante la campaña de que primará la experiencia y la profesionalidad antes que los carnés de partido. Muñoz manejaría un presupuesto de casi 50 millones de euros

Esta declaración de intenciones de Marín, que no es sino hacer de la necesidad virtud, ha hecho saltar las alarmas en las filas de los populares e incluso entre algunos dirigentes de Ciudadanos, que piensan que una cosa es querer quitarse la etiqueta de las ‘trillizas de la derecha’ y otra muy distinta, meter (o mantener) al enemigo en casa.

Caza Mayor

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