La 'manifa' y la tentación de Sánchez: volver a negociar con los independentistas

Hay apuestas por ver cuánto tarda Sánchez en volver a sentarse a la mesa de los independentistas con una segunda oferta a Quim Torra

Foto: Pedro Sánchez y Quim Torra, en el Palacio Real de Pedralbes, Barcelona. (Reuters)
Pedro Sánchez y Quim Torra, en el Palacio Real de Pedralbes, Barcelona. (Reuters)

En la Moncloa, como en el Olimpo, no corre la sangre. Una vez que alcanzas el poder y te mudas a palacio, sientes la mano de Dios y empiezas a ejercer de tal. Se meten en una burbuja. Se aíslan de la realidad. Contemplan la plaza Colón como quien observa un hormiguero.

Si bien es cierto que al síndrome de la Moncloa no se ha podido sustraer ningún presidente del Gobierno, a Pedro Sánchez se le ha inoculado el virus a velocidad turbo. “No es consciente de lo que está pasando. Ni él ni los que le rodean”, dicen quienes le tratan. “Está más pendiente de Iván Redondo que de lo que le dicen sus ministros”.

Ha estirado la cuerda con la prepotencia de quien cree que no tiene que dar explicaciones a nadie, y esa cuerda estuvo a punto de romperse este domingo cuando decenas de miles de ciudadanos salieron a la calle para exigir el fin de la negociación del Gobierno con los independentistas y la convocatoria de elecciones.

Hubo miedo a que la manifestación oliese a 'facha' y rancio, y no se percibió el tufillo. La organización, eso sí, fue bastante mejorable

Escribía Rafa Rubio en El Confidencial que manifestaciones como la de Colón pueden servir de “germen de una movilización más duradera”, al margen de las formaciones políticas y promovidas por “una sociedad civil fuerte y organizada, en caso de existir en España”.

Es obvio que la organización y puesta en escena de la concentración resultó bastante mejorable y que el número de asistentes estuvo por debajo de lo esperado, no porque fueran pocos sino por las altas expectativas que había puestas en el acto.

Aun así, convocar el martes y llenar la plaza de Colón el domingo no está al alcance de cualquier partido. PP y Ciudadanos lo consiguieron. Había miedo a que cayesen chuzos de bilis y oliese a ‘facha’ y rancio, pero tampoco se percibió el tufillo. No era la España en blanco y negro a la que aludían Sánchez y sus voceros.

Vista general de la concentración convocada por PP, Ciudadanos y Vox este domingo en la plaza Colón de Madrid.
Vista general de la concentración convocada por PP, Ciudadanos y Vox este domingo en la plaza Colón de Madrid.

Quizás, es verdad, pase factura electoral a Albert Rivera su fotografía con Vox; posiblemente, Pablo Casado tampoco haya estado acertado en su ristra de descalificaciones al presidente del Gobierno, pero erraría el Ejecutivo si pensara que lo de ayer es cosa del Partido Popular, o de Ciudadanos, o incluso de Vox, las llamadas ‘trillizas’ de la derecha.

La espoleta no se activa con las formaciones políticas, que cada vez muestran un peso más menguante. Han sido el 'procés' y el patio de monipodio del Gobierno con los independentistas los que hicieron que miles de banderas españolas inundaran el centro de Madrid.

Sánchez debería retirar los Presupuestos, pero no lo hará. En el Olimpo de la Moncloa le dirán que la tibieza con la que la manifestación ha sido percibida por los partidos de gobierno y sus satélites mediáticos es la excusa para seguir intentándolo ‘in extremis’.

De igual modo, debería romper definitivamente con los partidos independentistas, pero ya hay apuestas por ver cuánto tarda en volver a sentarse a la mesa. Los necesita como necesita el ‘Gobierno Frankenstein’, acaso la única fórmula que le ofrece alguna probabilidad de continuar en el puesto. Pronto veremos una segunda oferta a Quim Torra, probablemente más ignominiosa que la anterior.

Hay apuestas por ver cuánto tarda Sánchez en volver a sentarse a la mesa de los independentistas con una segunda oferta a Quim Torra

Los barones socialistas saben que las tácticas que está empleando Sánchez no son muy diferentes a las utilizadas en su día para romper el PSOE en dos y alcanzar la presidencia del partido. Con la diferencia de que ahora el campo de batalla se sitúa en Cataluña y lo que está en juego es la Constitución y la integridad territorial de España.

Page, Lambán y en menor medida Vara (la andaluza Susana Díaz continúa desaparecida, por simple cuestión de supervivencia) han aparcado la ‘omertá’ para mostrar su intranquilidad por la política del Gobierno en Cataluña y los movimientos electorales que se están produciendo bajo el radar.

Los sondeos cualitativos de los últimos días resultan preocupantes para sus intereses: el PSOE se estanca y su actual socio, Podemos, entra en caída libre. La tendencia es generalizada en la mayoría de comunidades autónomas.

Esta corriente crítica, que se despereza ahora por temor a que la fórmula andaluza tenga réplicas en el resto de España, le echa en cara al presidente el momento elegido para la ocurrencia del relator. La vicepresidenta, Carmen Calvo, lanzó la idea por su cuenta y riesgo, coincidiendo en el tiempo con la presentación de las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos de PDeCAT y ERC, lo que hizo que la opinión pública rápidamente atara cabos.

Todo ello, ahora que se aproximan las municipales y autonómicas, y justo cuando la legislatura encara su recta final. Este ‘timing’, consideran los barones, no es sino otro síntoma del narcisismo, o divismo, que persigue a Pedro Sánchez, que cree que puede arreglar en un par de meses lo que, según los independentistas, lleva 300 años enquistado.

En la Moncloa han sido incapaces de calibrar las consecuencias de la política gestual con los independentistas o la introducción de una figura como la del relator. O quizá peor: sí eran conscientes y no les importó. Lo llaman ‘amor’ cuando están hablando de sexo. Lo llaman ‘diálogo’ cuando en realidad están hablando de cesiones para poder aprobar los Presupuestos y aguantar en la Moncloa.

Si el que sale en tu defensa es Quim Torra, el del “apreteu, apreteu” a los CDR, y los partidos con los que compartes inquietudes constitucionalistas te montan una manifestación, es como para hacérselo ver.

La publicación del libro de autoayuda ‘Manual de resistencia’ resulta representativa del carácter del presidente. Lo es por el abuso que hace de la notoriedad que le da el cargo y por la indolencia de sus actos. Ya lo decía el poeta: los dioses “no comen pan ni beben vino negro, y por eso carecen de sangre y son llamados inmortales” (Canto V de la ‘Ilíada’, Homero).

Caza Mayor

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