Sánchez y Rivera, ¿condenados a entenderse?

Ni ‘Frankenstein’ ni ‘Franconstein’. Dirigentes socialistas y representantes del mundo del dinero abogan por un pacto PSOE-Cs para huir de los extremos y del fantasma de repetición de elecciones

Foto: Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso. (EFE)

España entra en un periodo de ciclogénesis electoral del cual se va a tardar tiempo en salir. Es el principal tema de conversación (y de preocupación). En cualquier lugar, a cualquier hora, las mismas preguntas: ¿qué va a pasar después del 28 de abril?, ¿quién va a gobernar España?

Además de la incertidumbre hasta el último día de campaña y de la posibilidad de que se vuelvan a repetir las generales si no da la aritmética para lograr una mayoría, en las últimas semanas ha cogido fuerza una corriente que se inclina por una coalición PSOE-Ciudadanos que evitaría caer tanto en el Gobierno 'Frankenstein' como en el ‘Franconstein’, aunque dicho pacto se compadezca mal con los deseos más profundos de algunos de los miembros de una élite económica más próxima al Partido Popular e incluso a Vox.

Lanzan con fuerza la especie de un pacto PSOE-Cs tras las generales con réplicas en autonomías (las de Page, Vara y Lambán) y municipios

El hecho de que la relación personal entre Sánchez y Rivera sea peor que la de los tertulianos de ‘Sálvame Deluxe’ por el cruce de acusaciones que se dedicaron a raíz del tema de la tesis del presidente, y el anuncio del cordón sanitario de los naranjas a los socialistas, prometiendo ante el notario de la opinión pública que no pactarán con ellos tras el 28-A, no parecen ser razones suficientes como para evitar la alianza poselectoral.

Llegado el momento, malician sus oponentes, los de Ciudadanos dirán que sacrifican una de sus principales promesas en aras del bien del país para impedir que el Ejecutivo caiga de nuevo en la celada de los independentistas y cerrar el paso a la extrema derecha. Dirán que errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de sabios. Y que ellos, los de Rivera, son muy sabios.

Un acuerdo a nivel nacional que podría trasladarse a otras regiones. Esa es, al menos, la sensación que se respira en algunas federaciones socialistas.

La andaluza, por ejemplo, tiene la convicción de que lo de Juan Marín (Cs) con Juanma Moreno (PP) no es sino aventura pasajera, una infidelidad coyuntural por quien se siente impelido a romper amarras, pero que en cuestión de año y medio, dos años, volverá con las maletas a tocar las puertas de San Vicente 37, oficinas de Susana Díaz en Sevilla.

La expresidenta andaluza mantiene que los de Ciudadanos empezaron a arrepentirse de entrar en la Junta de la mano del PP y de Vox apenas 24 horas después de hacerlo, y prueba de ello es la buena relación que mantiene con Albert Rivera, con el que se hablaba antes, durante y después de la formación del Ejecutivo.

Un razonamiento, el de Susana Díaz, que encierra un alto componente especulativo, derivado del hecho de que Cs es el único socio viable que le queda para recuperar San Telmo tras la implosión de Unidos Podemos y de que el PSOE andaluz todavía se encuentra en estado de ‘shock’ por haber perdido el poder después de 36 años, lo que, condición humana manda, le lleva a pensar que sus sucesores padecen de huesos de cristal y caerán pronto.

Unas prisas que tienen también mucho que ver con el fuego amigo, esto es, con la necesidad de ‘hacerse notar’ ante la estrategia de Pedro Sánchez de borrarla del partido, como ha quedado de manifiesto en la elaboración de las listas para el Congreso y Senado.

Las últimas incorporaciones vendrían a refrendar la tesis de que dentro de Cs hay un partido liberal, otro conservador y un tercero reaccionario

Esta ‘liaison’ entre naranjas y socialistas es a lo que aspiran algunos barones socialistas para después de los comicios autonómicos y municipales de mayo, caso de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, de Guillermo Fernández Vara en Extremadura y tal vez Javier Lambán en Aragón, por mentar algunas regiones, o de Juan Espadas en el Ayuntamiento de Sevilla.

Se echan en brazos de Ciudadanos porque piensan que a los de Albert Rivera les conviene el juego de la geometría variable, ora pacto con el PP aquí, ora pacto con el PSOE acullá. Las incorporaciones en las listas de Cs (Edmundo Bal, Marcos de Quinto, Mesquida, Corbacho…) vendrían a refrendar la tesis de que dentro de Cs hay un partido liberal, otro conservador y un tercero reaccionario que les permite sumar con formaciones de muy diferentes ideologías sin que parezca contra natura.

Por su lado, los socialistas miran a Cs porque consideran que son mejor socio y más fiable que un Unidos Podemos que cae sin freno en las encuestas y con el que es muy probable que no llegue a sumar en la mayoría de territorios.

El problema que subyace en este cambio de parejas impulsado por algunos dirigentes socialistas, que contaría con el ‘nihil obstat’ de una parte de ese ‘establishment’ al que tanto gusta jugar a poner y quitar gobiernos, es que probablemente tampoco sumen con Cs.

Lo analizaba Ignacio Varela este fin de semana en El Confidencial: “La lucha por la tercera posición será crucial […]. En este momento, Ciudadanos recibe el decisivo 'escaño del tercero', pero ya siente la respiración de Vox en la nuca. Unas décimas pueden deparar al partido de Rivera un resultado decoroso o un naufragio”.

Las últimas encuestas no están sonriendo a Ciudadanos. Al menos, en cuanto a las expectativas depositadas en esta formación. El trasvase de votos del PSOE del que se beneficiaba en otoño del año pasado se ha dado la vuelta y ahora es la formación naranja la que ve cómo sus electores se van hacia los socialistas y Vox.

Cs carece de un electorado firme. Hasta hoy, se había alimentado de los errores de otros, caso de Pedro Sánchez con su estrategia respecto a Cataluña, o de Mariano Rajoy y la corrupción del PP, pero si el primero rompe con los independentistas y el segundo abandona la política, los naranjas se quedan sin argumentos. Sobre todo con tropiezos como los últimos procesos de primarias, con sospechas de pucherazo.

¿Podrá remontar en las encuestas? Lo cierto es que esta formación cuenta con el mejor tique electoral para hacerlo, el que conforman Albert Rivera e Inés Arrimadas, y con un eslogan imbatible, en tanto en cuanto agente estabilizador que supera la dinámica bipartidista. Para ello, eso sí, deberá escapar de la espiral de desatinos y excentricidades en que está inmerso desde que Sánchez sacó adelante su moción de censura.

Caza Mayor

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