Lo que separa a Sánchez de Macron, Cuomo y Almeida

La sensación que transmite el presidente del Gobierno es justo la contraria. Abruma con una retahíla de datos desordenados para ocultar la realidad de la calle

Foto: Pedro Sánchez junto al presidente Macron en el Parlamento Europeo. (Reuters)
Pedro Sánchez junto al presidente Macron en el Parlamento Europeo. (Reuters)

Juan Nadie espera todos los sábados con palomitas y un refrigerio la intervención del presidente. A falta de fútbol, busca otras fórmulas para canalizar el exceso de adrenalina provocado por el aislamiento. Luego comenta las jugadas por whatsapp: “El discurso ha sido algo más corto y un poco menos castrista. Nos hemos pasado al género de la homilía: guerra, unidad, bulos, batalla, esfuerzo, corazón, compatriotas, humildad, actuamos primero...”.

Juan Nadie refleja el sentir de una parte de la población española, personas ideológicamente centradas que, según pasan los días, también van poniendo la moderación en cuarentena. Es ese perfil del que el instituto Mesías habla en su último barómetro por el Covid-19, cuando dice que el 52,3% de los españoles no confía en el Gobierno de España.

“Seguimos confinados. En mayo, ya veremos. Depende. Los datos económicos, veremos. Depende. Cómo saldrán los niños, veremos. Depende. Explicación a la mortalidad en España, depende de cómo queden el resto de países al final de la pandemia. Da igual que Moncloa deje hacer preguntas porque el presidente contesta lo que le da la gana. Básicamente, depende”.

Lo que separa a Sánchez de Macron, Cuomo y Almeida

En su comparecencia, Sánchez se resiste a concretar los extremos del desconfinamiento y medidas ya anunciadas como la salida controlada de los niños. “Un buen orador no ha de tomarse la verdad con precisión matemática”, decía Bismarck. Solo pretende mandar un mensaje de esperanza en medio de la pandemia, explican en el Ejecutivo.

La sensación que transmite es justo la contraria. Abruma con una retahíla de datos desordenados para ocultar la realidad de la calle. ‘To hide in plain sight’, que dicen los ingleses.

Juan Nadie se ha convertido en epítome del buen tertuliano. Ocupa las horas libres informándose y tomando notas como buen amanuense; sabe de política, economía y ciencia; no hay detalle que se le escape: “Sánchez lleva corbata azul marino con puntos rosas. Debe ser que estoy muy sensible pero, con más de 20.000 muertos y tanta gente sufriendo en sus hogares, no creo que sea la mejor indumentaria para presentarse ante la opinión pública”

El comentario hace alusión a la negativa del Ejecutivo a poner crespón en las banderas de España y llevar corbatas negras por respeto a las víctimas del coronavirus, tal y como viene reclamando la oposición. Dice Sánchez que el Gobierno hará “tan pronto como sea posible” un homenaje a las víctimas del coronavirus y a los “héroes que están salvando tantas vidas”.

Además de experto en telegenia, Juan Nadie empieza a lucir trazas de analista geopolítico. Escucha que “es momento de pensar lo impensable (…). Si no aprobamos un fondo de deuda común en Europa, los populistas ganarán: hoy, mañana, pasado mañana, en Italia, en España, quizá en Francia y en otros lugares”. Igual que los memes de la cuarentena, le ha llegado por correo el vídeo de la entrevista de Macron en el ‘Financial Times’ y, claro, se pone a comparar.

“Macron es un superlíder”, apostilla. “Tiene sensibilidad con sus socios europeos y habla alto y claro. También me gusta mucho Cuomo. Mira qué bien comunica. Igual que nuestro ministro de Sanidad”, rezonga irónico en chanclas y bata antes de la rueda de prensa del mediodía.

El gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, se ha convertido en el referente de la lucha contra la pandemia en los Estados Unidos. “No pienso en una curva. Pienso en una ola. Y la ola va a romper, y va a romper en el sistema de hospitales”, dice Cuomo. Es uno de esos operadores sin carisma definido que brillan en la adversidad como gestores eficientes.

Como el alcalde de Madrid. “Almeida se ha convertido en el Bartlet de la política española”, señala Juan Nadie en referencia a Joshia Bartlet, el presidente de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, una de esas series de televisión que parecen hechas para el aislamiento. “Se ha convertido en el alcalde de España y, cuando pase la pandemia, alguna instancia social, empresarial o mediática reconocerá que ha sido el político más destacado en esta crisis”, escribía José Antonio Zarzalejos en El Confidencial.

También se ha viralizado el vídeo de Rita Maestre en el pleno del Ayuntamiento de Madrid, elogiando y dando todo su apoyo al alcalde, en un tono más amable y mucho menos condescendiente que el de Pablo Iglesias, que dice ahora que tiene mucha suerte de tener jardín en su casa, “no como millones de familias en este país que tienen a sus hijos en pisos de 40, 50, 60 metros”. “¿De verdad lo ha dicho?”, pregunta retóricamente Juan Nadie.

Lo que separa a Sánchez de Macron, Cuomo y Almeida

Nada volverá a ser como antes. La crisis del coronavirus nos ha cambiado la perspectiva. El marketing y los experimentos demoscópicos no sirven para ocultar ni la crisis sanitaria ni la económica. Vemos la realidad con otras gafas. Líderes que presumían de tesón y resistencia se muestran débiles, mientras que políticos grises exhiben músculo de estadista.

En 2020 nos adentramos en un periodo de inestabilidad social y recesión económica que hará tambalear los cimientos de Occidente, de sus gobiernos y sus líderes políticos. Da igual lo que diga el CIS. Juan Nadie es Juan Español, y Juan Español está cabreado.

Caza Mayor
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