Iglesias y su 'thriller' chusco de Netflix
  1. España
  2. Caza Mayor
Nacho Cardero

Caza Mayor

Por

Iglesias y su 'thriller' chusco de Netflix

Lo peor es la campaña de manipulación y desinformación promovida por el líder de UP, confundiendo torticeramente lo público con lo personal, para tratar de darle la vuelta a las elecciones

placeholder Foto: El candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Esto le pasa por ver demasiado 'House of Cards'. Por ver demasiado 'House of Cards' y por importarle un comino el Estado de derecho. Lo de Pablo Iglesias es de primero de populismo: tratar de destruir desde dentro los principios de nuestra democracia, aprovechándose espuriamente de las herramientas constitucionales y de su privilegiada posición en el Gobierno Central, donde hasta hace poco ostentaba el cargo de vicepresidente.

No estoy muy convencido de si somos conscientes de la gravedad de la información destapada por este periódico en el día de ayer, según la cual, dos empleados del área de Seguridad de Podemos fueron detenidos por agredir presuntamente a efectivos de la Unidad de Intervención Policial (UIP) durante los altercados que se produjeron el 7 de abril en Vallecas con motivo de un mitin de Vox.

Foto: El candidato de Unidas Podemos a la Presidencia de la Comunidad, Pablo Iglesias. (EFE)

No lo digo solo por el hecho de que dos trabajadores en nómina de Podemos, partido que gobierna en España de la mano del PSOE, se enfrentara a palos a la Policía, poniendo negro sobre blanco la opinión que le merece nuestra democracia y, por supuesto, nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Llueve sobre mojado. Desde que llegaron al poder, los ataques, ora contra la prensa, ora contra la judicatura o contra todo aquel que haya tratado de denunciar su mala praxis, se han intensificado hasta cotas inadmisibles.

Tampoco lo digo por el hecho de que los dos detenidos sean personas de la confianza de Pablo Iglesias, exvicepresidente del Gobierno y actual candidato a la Comunidad de Madrid. No debería extrañarnos. No por lo menos a estas alturas, dada su ideología leninista, autoritaria, con cero apego a la ley, donde, como diría Ambrose Bierce, la política se presenta como el medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas.

Aun siendo grave, tampoco voy a detenerme en el hecho de que un partido en el poder haya tratado de boicotear a un partido en la oposición, como es Vox, por muy discutible que sea este, en el transcurso de un proceso electoral, principal palanca de las democracias modernas, lo que nos recuerda a otros líderes y países, como Vladímir Putin en Rusia o Viktor Orban en Hungría, amén de lo que ocurre en Venezuela con Nicolás Maduro.

Confeccionaron un chusco ‘thriller’ de Netflix para remontar en las encuestas

No. Lo peor es la campaña de manipulación y desinformación promovida por Pablo Iglesias, confundiendo torticeramente lo público con lo personal, para, con la complicidad de la Moncloa y algunos medios de información, tratar de darle la vuelta a unas elecciones, las de Madrid, que les eran adversas, una estrategia de agitación que nos retrotrae a algunos de los momentos más oscuros y aciagos de la historia de nuestro país. Confeccionaron un chusco ‘thriller’ de Netflix para remontar en las encuestas y lograron que dicho relato fuera difundido y amplificado sin que nadie se atreviera a cuestionarlo.

En marzo, Iglesias abandonaba el Gobierno de la nación con un bidón de gasolina y un soplete –como dice gráficamente Ignacio Varela– para prender fuego a la campaña electoral y evitar la desaparición de Unidas Podemos, tratando de lograr un grupo parlamentario que entonces le negaban los sondeos. El 7 de abril se desencadenaban los altercados de Vallecas. Lejos de condenarlos, Unidas Podemos los aplaudía. Empezaba a calar el relato.

Luego vinieron las cartas a Iglesias, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, y a la titular de Industria, Reyes Maroto, misivas que fueron utilizadas con fines bastardos y propagandísticos en la campaña electoral, cuando es bien sabido que amenazas de ese cariz se reciben constantemente en los organismos oficiales y jamás se difunden para no provocar el efecto imitación. Dio igual.

Los candidatos de izquierda continuaron echando gasolina a la campaña sin medir las consecuencias, asumiendo que las misivas venían alimentadas por un discurso de ultraderecha, fascista y que empujaba al odio. ¿Su objetivo? Modificar el eje de la libertad de Díaz Ayuso y convertirlo en otro de democracia frente a fascismo.

Lo más preocupante de todo fue ver cómo el germen de la radicalidad salido del magín Unidas Podemos arrastraba a su otro socio de Gobierno, al PSOE, en una estrategia que contaba con el ‘nihil obstat’ de Moncloa. ¿De verdad pensaban que iban a mejorar en las encuestas con el discurso del antifascismo? ¿De verdad creían que los votantes de izquierdas que lo están pasando mal porque apenas tienen para llegar a final de mes se iban a movilizar el 4-M después de ver a Reyes Maroto con una navaja ensangrentada?

Parece de justicia poética que el final de Iglesias coincida en el tiempo con el ascenso de Errejón

Son muchos los socialistas que cuestionan esta estrategia, ejecutada por Gabilondo, promovida por la Moncloa e inspirada por Iglesias. Ayer, tras saberse la ‘performance’ de Vallecas, las voces críticas se habían convertido en clamor.

El tiempo ha terminado por dar la razón a Pedro Sánchez cuando dijo que no podría dormir tranquilo con Iglesias sentado en el Consejo de Ministros. Lo malo es que no solo se encamó con él y le hizo vicepresidente, sino que también le ha convertido en estratega de campaña.

Iglesias llegó con un bidón de gasolina y ha acabado quemándose las manos. Más Madrid, la formación de su íntimo enemigo Errejón, le va a doblar en escaños. Eso, en el mejor de los casos para Podemos. El líder de la formación morada trató de hacer una opa hostil a Más Madrid y le dijeron que nones. Carece del ‘sex appeal’ con el que comenzó en política. Parece de justicia poética que el final de Iglesias coincida en el tiempo con el ascenso de Errejón y con el décimo aniversario del 15-M. Así se escribe la historia.

Esto le pasa por ver demasiado 'House of Cards'. Por ver demasiado 'House of Cards' y por importarle un comino el Estado de derecho. Lo de Pablo Iglesias es de primero de populismo: tratar de destruir desde dentro los principios de nuestra democracia, aprovechándose espuriamente de las herramientas constitucionales y de su privilegiada posición en el Gobierno Central, donde hasta hace poco ostentaba el cargo de vicepresidente.

No estoy muy convencido de si somos conscientes de la gravedad de la información destapada por este periódico en el día de ayer, según la cual, dos empleados del área de Seguridad de Podemos fueron detenidos por agredir presuntamente a efectivos de la Unidad de Intervención Policial (UIP) durante los altercados que se produjeron el 7 de abril en Vallecas con motivo de un mitin de Vox.

Elecciones Madrid