Boda roja en el PP: 'save the date' 11 de noviembre
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Nacho Cardero

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Boda roja en el PP: 'save the date' 11 de noviembre

Las filiales autonómicas no entienden el duelo fratricida en que andan metidos justo ahora que el viento sopla a favor. Siempre es Madrid. Pasó con Gallardón y Aznar; Aguirre y Rajoy, y por último, Ayuso y Casado

Foto: Isabel Díaz Ayuso conversa con Pablo Casado. (EFE/Javier Lizón)
Isabel Díaz Ayuso conversa con Pablo Casado. (EFE/Javier Lizón)
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Se pudo ver el pasado viernes noche a tres expresidentes de la Comunidad de Madrid en El Patio de los Leones, taberna neo-cañí sita en plaza de la Independencia, cena que no resulta baladí atendiendo al momento político actual. Se trataba de Cristina Cifuentes, quien se dio de baja en el partido y todavía no ha hecho el más mínimo ademán de recuperar el carné; Ángel Garrido, catalogado de traidor tras pasarse del azul al naranja y ahora sin ánimo de regresar a la política activa, y Pedro Rollán, o Pedro ‘el breve’, por haber estado solo cuatro meses como mandamás en funciones en el palacete de Sol.

Los tres fueron víctimas de esa máquina de triturar carne en que se ha convertido la política nacional, en general, y madrileña, en particular, y los tres hablaron, con lógico retintín y cierto regusto dulce, de la guerra sin cuartel en la que anda embarcado el Partido Popular, con Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, aquí dos amigos, enfrentados hasta tal punto que la reconciliación se antoja a estas alturas imposible; con Teodoro García Egea y Miguel Ángel Rodríguez llenando el campo de minas sin importarles mucho la suela que pueda pisarlas, y el alcalde Almeida en mitad de la contienda, con bastantes probabilidades de salir mal parado del envite.

Cifuentes, Garrido y Rollán hablaron, con lógico retintín y cierto regusto dulce, de la guerra sin cuartel en la que anda embarcado el PP

Es el único tema de conversación, el monotema, esto es, el proceso de autodestrucción en que anda metido el PP. Los presidentes autonómicos, ora Juanma Moreno en 'El Mundo' ("La batalla interna de Madrid perjudica electoralmente a la marca PP"), ora Alfonso Fernández Mañueco en 'La Razón' (“Todos tenemos la obligación en el PP de preservar el valor de la unidad”), han salido en tromba este fin de semana a pedir árnica a sus compañeros madrileños, sabedores de que la guerra puede pasarles factura en sus próximas citas electorales y echar al traste lo cosechado durante la legislatura.

Según el Observatorio Electoral de El Confidencial, de celebrarse hoy unos comicios, el PP obtendría la mayoría de los votos en 35 de las provincias españolas, mientras que el PSOE solo alcanzaría la victoria en ocho de ellas. Unos datos para los barones populares que, irremediablemente, irán perdiendo fuelle por culpa del emponzoñamiento al que los gerifaltes de Génova y Sol están sometiendo el partido, y que está provocando una acusada ‘madrileñofobia’ en el resto de España, donde las filiales autonómicas no entienden el duelo fratricida en que andan metidos justo ahora que el viento sopla a favor. Siempre es Madrid. Pasó con Gallardón y Aznar; luego con Aguirre y Rajoy, y por último, Ayuso y Casado.

Aunque resulte vencedor en el pulso, el enredo no le va a salir gratis al presidente nacional del PP, que ha dado muestras de debilidad y se equivoca de estrategia: en vez de hacer suyos los éxitos de la presidenta madrileña y aprovecharse de la ola, que luego ya tendremos tiempo de repasar la cartilla si alcanzamos la Moncloa, ocupa el tiempo en poner palos en la rueda; lo mismo Isabel Díaz Ayuso, que ha de saber que todo aquel que se enfrenta al aparato acaba dejándose pelos en la gatera y que no es lo mismo el apoyo de los afiliados en el congreso regional —esa votación la gana sin despeinarse— que el de los compromisarios.

Aunque resulte vencedor, el enredo no le va a salir gratis a Casado, que ha dado muestras de debilidad y se equivoca de estrategia

También está el papel de José Luis Martínez-Almeida que, como buen soldado, de bien nacidos es ser agradecido, hará lo que le indiquen en Génova, aunque asegure que por nada del mundo irá al matadero por mucho que digan. Difícil misión la del alcalde. Si en algo se ha convertido la política madrileña es en eso, en un matadero con naves para el degüello.

“La dirección del PP se compone de un grupo de becarios que han vivido solo de la política y quieren seguir haciéndolo. De seguir así, seguro que vivirán mucho de ella, pero con Sánchez de presidente del Gobierno”, señala un antiguo dirigente del PP, en el mismo sentido arribista del que hablaba Max Weber cuando distinguía entre vivir de la política y vivir para la política. “Tendrán un buen sueldo, pero lo tendrán en la oposición. Visto lo visto, tampoco parece que les importe mucho, mientras tengan un móvil para bloquear contactos…”.

placeholder Pablo Casado, junto a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida.
Pablo Casado, junto a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida.

El comentario jocoso tiene que ver con la espiral de wasaps de los últimos días en que unos y otros hacían chanzas sobre quién bloqueaba a quién, lo que denota el nivel de degradación al que se está sometiendo el partido y hace entrever que la hedentina que llega de los bajos fondos, lejos de amainar, va a ir a más en los próximos días.

Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. (EFE/Manuel Bruque)

El navajeo resulta inmisericorde. En el calendario está apuntado este jueves 11 de noviembre como fecha clave. Ese día, la Asamblea de Madrid celebra un debate monográfico sobre los contratos públicos firmados por el Gobierno de Ayuso por la vía de emergencia durante la pandemia. La iniciativa fue presentada por una Rocío Monasterio (Vox) que se frota las manos con el quilombo y fue secundada, como en Fuenteovejuna, por los grupos de izquierda.

Estos últimos quieren saber de los contratos 'adjudicados' sin publicidad a la empresa de seguridad de una exconcejala del PP en Alcorcón y al hermano de la presidenta regional. Ojo al dato. Mientras tanto, en Génova se lavan las manos como Pilatos.

Se pudo ver el pasado viernes noche a tres expresidentes de la Comunidad de Madrid en El Patio de los Leones, taberna neo-cañí sita en plaza de la Independencia, cena que no resulta baladí atendiendo al momento político actual. Se trataba de Cristina Cifuentes, quien se dio de baja en el partido y todavía no ha hecho el más mínimo ademán de recuperar el carné; Ángel Garrido, catalogado de traidor tras pasarse del azul al naranja y ahora sin ánimo de regresar a la política activa, y Pedro Rollán, o Pedro ‘el breve’, por haber estado solo cuatro meses como mandamás en funciones en el palacete de Sol.

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