La muerte de Elías Masaveu, el final de las ‘familias’ y el declive industrial del Principado de Asturias

El lunes nos enteramos por La Nueva España de Oviedo del fallecimiento en Los Ángeles, California, de Elías Masaveu Alonso del Campo, empresario de fuste y

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    El lunes nos enteramos por La Nueva España de Oviedo del fallecimiento en Los Ángeles, California, de Elías Masaveu Alonso del Campo, empresario de fuste y cabeza de la saga familiar de los Masaveu, una de las grandes fortunas surgidas del franquismo, estrechamente ligada al Principado de Asturias, y que, como algunas otras, se ha ido diluyendo con el paso de los años en la niebla del tiempo ante el avance arrollador de otras fortunas y otros apellidos, menos muelles y más capaces de aprovechar las oportunidades de los nuevos tiempos.

    Todavía hay gente en Madrid que recuerda la figura de Pedro Masaveu, hijo de un joven emigrante que a principios del siglo XIX abandonó Castellar del Vallés, localidad próxima a Tarrasa (Barcelona), para trabajar como aprendiz en una casa textil de Oviedo, de nombre Vicente Masaveu Rovira. El fenómeno de esta provechosa migración industrial catalana hacia el noroeste español ha dejado también abundantes huellas en la costa gallega. Un genio para los negocios, Pedro Masaveu levantó un pequeño imperio industrial (en torno a la cementera Tudela Veguín) y bancario (Banca Masaveu) y, naturalmente, se sentó en el Consejo del entonces banco español por antonomasia, el Español de Crédito.

    Los más viejos del lugar todavía recuerdan la primera vez que el consejo de Banesto se reunió a almorzar en su mansión de Oviedo, bajo algunos de los maravillosos cuadros que ya empezaban a poblar su colección de pintura. A los postres, y tras anunciar que no pretendía aburrir a sus ilustres invitados con sus habilidades como anfitrión, Pedro Masaveu se arrancó al piano con unas sonatas de Mozart que dejaron maravillado al personal. ¡Mozart en la España de la alpargata! Pedro Masaveu hizo más: se fue un día de viaje a Suecia sin decir qué se le había perdido allí, y volvió casado con una espléndida señora que le dio dos hijos: Pedro y Cristina Masaveu Peterson.

    Pedrito Masaveu heredó, además de una gran fortuna que supo mantener e incluso engordar con diligencia, un problema físico (un defecto en la mano diestra que le impedía saludar adecuadamente), y otro psíquico (estaba convencido de que todas las chicas de Oviedo querían salir con él por su dinero), no obstante lo cual su gusto por el jazz y el buen vino tinto se hicieron proverbiales. Muerto sin descendencia, su enorme patrimonio -valorado en unos 1.800 millones de euros de entonces- fue a parar a su hermana Cristina, una mujer que vive la mayor parte del año en Ibiza rodeada de un cierto aura de misterio, que sigue siendo la mayor accionista del grupo, y que tuvo que abonar al Principado de Asturias 90 millones de euros en concepto de impuesto de sucesiones, la mayor cantidad jamás pagada por tasas hereditarias (lo que hizo en parte entregando 400 cuadros de la colección de su hermano).

    Herencia catalana de los Masaveu ha sido el mantenimiento de la tradición del “hereu”, el primogénito, como gestor/heredero del patrimonio familiar. Llegó así el gran momento de Elías Masaveu Alonso del Campo, el primo a quien Pedrito Masaveu había tratado siempre con olímpico desdén por considerarlo un auténtico petardo, y a quien Elías envidió siempre. Fue así como pasó a presidir la Fundación Masaveu, dueña de la gran fortuna familiar –incluidos los cementos y las participaciones en Bankinter y en el Santander-.

    El apellido –como otras grandes fortunas de las época, algunas desaparecidas sin dejar rastro, tal que los Fierro, los Coca, los Herrero, los March- alcanzó su cenit bajo el franquismo, tiempo en que el negocio bancario floreció a la sombra del desarrollismo industrial de la época. Los Masaveu -frente a los Herrero, por ejemplo- se distinguieron siempre por una vocación comercial e industrial, utilizando su banca como un servicio exclusivo de caja para sus negocios, tal que hicieron los Sela o los Figaredo.

    El final del franquismo significó el punto de no retorno para la mayoría de estos apellidos, excepción hecha de los March. Por paradójico que pudiera parecer, el declive de estas sagas –iniciado siempre al desaparecer la energía vital del fundador- ha corrido parejo con la pérdida progresiva de la pujanza industrial y comercial de Asturias. Aunque en honor a la verdad haya que decir que el Grupo Masaveu sigue teniendo una respetable importancia, es evidente que la pérdida de peso relativo de estos apellidos, y sus correspondientes fortunas, ha supuesto un cierto fiasco colectivo: los grandes grupos industriales y bancarios de tradición familiar a la europea que podían haber sido, se han transformado en acomodados apellidos que viven de las rentas, se han quedado en casi nada. Así de curiosa es la vida. Así de dura es la realidad.

    Con Lupa
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