Sastrerías Fainé

Nadie ha corrido por los pasillos de Avenida Diagonal 629 para saludar a Isidro Fainé, 68 el próximo julio, y mucho menos se ha atrevido a

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Nadie ha corrido por los pasillos de Avenida Diagonal 629 para saludar a Isidro Fainé, 68 el próximo julio, y mucho menos se ha atrevido a felicitarlo efusivamente con motivo de su  nombramiento como presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA). Todo el mundo con un poco de seny en la sede de La Caixa sabe que la presidencia de la patronal de las Cajas, de la que oficialmente tomó posesión este miércoles, es un marrón que le ha caído encima al hombre que, hace apenas un par de meses, decía no querer saber nada de cajas en dificultades, y con determinación rechazaba las peticiones del Banco de España (BdE) para, llegado el caso, hacerse cargo de alguna (de hecho se lo pidieron con Caja Castilla-La Mancha). “Conmigo que no cuenten”. La Caixa juega en liga diferente y nadie puede marcarle pautas ni sugerirle puentes. De  pronto, y en un par de semanas, el elegante Rey Sol de Manresa ha aceptado colocarse en el centro del huracán, la patronal de un sector sobre el que se ciernen todas las incógnitas, y ello entre el asombro del staff de Diagonal 629, que no entiende cómo un personaje  comprometido en mil tareas ha asumido motu proprio un envite como éste. ¿Sentido de la responsabilidad o simple vanidad? La revolución que el propio Fainé y su aliado de última hora, Rodrigo Rato, recitaban en voz alta antes de ayer, parece haber quedado ayer en casi nada. “Encontraremos un traje a medida para cada una de las Cajas”, dijo el miércoles en su discurso de aceptación. Sastrerías Fainé.

Nadie le había dado vela en el entierro de Juan Ramón Quintás, presidente de CECA hasta el Consejo celebrado en Sevilla el 17 de marzo. La guerra desatada en la patronal a cuenta del adiós del gallego tenía otros contendientes en liza, todos de menor rango que el catalán. Como es usual en las Cajas españolas desde hace décadas, en la sala de máquinas del sector llevaba meses maniobrando el incombustible, inabarcable Braulio Medel. Hombre con magníficos contactos desde siempre en el Partido Socialista, al tiempo que consumado experto en bailarle el agua al PP, Medel empezó a mover sus influencias en el PSOE –y en las Cajas controladas por el PSOE- con la vista puesta en ser elegido, y por unanimidad, sucesor de Quintás, lo que hubiera supuesto su regreso a una organización que ya comandó hasta 1998. A Medel le avala la presidencia de Unicaja, una de las entidades más saneadas y rentables del sector. Entidad mediana, además, al gusto de la mayoría de los cajeros, que siempre han evitado entregar la presidencia a alguno de los grandes.

Pero como el mundo es un pañuelo, de esa maniobra se enteró pronto Quintás. Director general de CECA desde 1994, nunca lo pasó bien a las órdenes de Medel durante los años en que éste fue presidente. En realidad lo pasó tan mal que solo levantó cabeza cuando en el 98 Manuel Pizarro llegó a la cúpula de CECA. El cielo abierto. Y Quintás decide anticiparse y buscar un sucesor de su conveniencia. Su amigo Pizarro da enseguida con la tecla: Amado Franco Lahoz, presidente de Ibercaja, igualmente una entidad mediana y muy rentable. El perfil es irreprochable: titulado por la Comercial de Deusto y muy prestigiado dentro del sector, Franco acepta encantado y se promueve personalmente para el cargo. Y se mueve. Lo hace hasta tal punto que al ya citado Consejo de Sevilla del 17 de marzo, del que abruptamente le bajaron de la nube, el de Zaragoza llevaba amarrados 35 de los 45 votos existentes en la patronal. Aquello parecía hecho.

Pero, donde las dan las toman, Medel también supo de la sorpresa que le tenía reservada Quintás. Don Braulio decide hacer fracasar la operación, y cuando don Braulio se pone la armadura y sale a campo abierto lanza en ristre, tiemblan Quijotes y huyen despavoridos bergantes de toda laya. El malagueño se viene a Madrid y se entrevista con el ministro de Fomento y hombre fuerte del PSOE, José Blanco, y con el secretario de Estado de Seguridad Social y a la vez secretario federal de Economía y Empleo del PSOE, Octavio Granado. El de Unicaja desvela lo que está en juego y convence a sus interlocutores de que la CECA no puede caer en manos de un hombre próximo al PP en los tiempos que corren. Y es el propio Medel quien, de acuerdo con las fuentes, sugiere el nombre de Fainé. ¿Ataque de locura? Ni hablar. Don Braulio espera que Fainé, agradecido por el detalle, apoye su candidatura en caso de rechazar amablemente el ofrecimiento, como todos creían. Y si dice que sí, como al final dijo, nadie calcula que aguante en el cargo más de dos años, tiempo a partir del cual espera sucederle.

Medel y Javier Arenas convencen a Mariano Rajoy

De modo que cuando Elena Salgado coge el teléfono y llama al capo de Caixa con la buena nueva de que el Gobierno piensa en él para arreglar el desaguisado de un sector en el que el Banco de España –y el propio Gobierno- ha fracasado con estrépito, a la ministra se lo dan mascado. Ella sabe muy poco de Cajas. Tan abrumada está ante el reto de un déficit público al que hay que meter mano en los PGE de 2011, que la dama se limita a actuar de porte-parole. Pero había que convencer al PP. Y también para esto tiene don Braulio solución. A golpe de teléfono se encuentra Javier Arenas, presidente del partido en Andalucía, dos gotas de agua, con quien siempre se ha entendido a las mil maravillas. Y Arenas y Medel viajan a Madrid en el AVE para entrevistarse con Mariano Rajoy. Y en la sede de Génova el dúo andaluz convence al aspirante de que al PP no le conviene colocar a Franco en la presidencia de CECA, horror, un amigo de Pizarro, ¡con el agua que ha corrido bajo los puentes desde que lo dejamos colgado de la brocha después de haberle prometido el oro y el moro…!

El que nos conviene, Mariano, es Fainé. Y Rato y Medel se encargan de frustrar, argumentando un defecto de forma, la designación de Franco como nuevo presidente de CECA

A la tarea de convencer a Rajoy se entrega también Rodrigo Rato, flamante presidente de Caja Madrid y sorprendente nueva pareja de baile del de Caixa: el que nos conviene, Mariano, es Fainé. Y Rato y Medel se encargan de frustrar, argumentando un defecto de forma, la designación de Franco como nuevo presidente de CECA en el Consejo de Sevilla del 17 de marzo, nombramiento que Quintás pretendió adelantar cuando aún faltaban varias semanas para su despedida. Grave error, porque todavía no se había producido la vacante. A Quintás le convencen sus ilustres colegas de la necesidad de un periodo de reflexión y le invitan a mantener en secreto lo ocurrido. Pero en cuanto abandonan la escena, alguien filtra a los medios que Franco ha perdido la partida. Quintás se considera burlado y anuncia de inmediato su dimisión, francamente mosqueado con sus ilustres colegas. ¡Qué tropa, joder, qué tropa!, que dijo Romanones.

Con Rato y Medel peinando el mapa en busca de los apoyos necesarios, los “vencedores” quisieron vender la piel del oso con el animal aún caliente. Pero el de Ibercaja conocía su fuerza y no estaba dispuesto a levantar el campo tan fácilmente. Tachado de próximo al PP, se acercó al despacho del presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, a pedirle ayuda. Y el socialista se la dio públicamente. La Salgado habrá dicho lo que quiera a favor del de Caixa, pero yo también tengo mis apoyos dentro del PSOE. Y además sabe que Fainé quiere salir elegido por unanimidad, cuestión de fuero, y que no está dispuesto a someterse a una votación secreta porque muchas cajas, fundamentalmente las más pequeñas, no le votarían, empezando por las catalanas. Y decide seguir en la pelea, resuelto a presentar su candidatura a pesar de todo.

Amado Franco decide jugar fuerte

Días antes del final de la comedia, Fainé anuncia su intención de integrar a Franco en su candidatura, y elegantemente le ofrece la cuarta vicepresidencia. El lunes 19, en conversación telefónica, el de Caixa acuerda remitirle una propuesta de consenso. Y así llegan al martes 20, día en que los cajeros se citan en el edificio de La Caixa en el Paseo de la Castellana de Madrid para celebrar un almuerzo previo a la reunión del Consejo que, a las 6 de la tarde y en la sede de CECA, debía zanjar la cuestión con la elección de nuevo presidente. Y Franco, apenas a unos metros de la línea de meta, suelta en pleno ajetreo de platos y cubiertos que o le hacen vicepresidente primero o presenta su candidatura, con pedido de votación secreta. “Le echó un par de huevos el maño”, asegura un testigo de lo ocurrido. Fainé no tuvo más remedio que ceder. Al Consejo se llegó, pues, con todo resuelto. Franco será su número dos y le sustituirá en la presidencia cuando el de Caixa deje el cargo, cosa que todos esperan ocurra en un par de años. A esa vicepresidencia aspiraba Rato y, naturalmente, Medel, el gran derrotado. Para más INRI, don Braulio fue el encargado de leer la laudatio que acompañó la concesión, el miércoles 21 y en la asamblea de CECA, de la Medalla al Mérito en el Ahorro a su querido enemigo Quintás. No quieres caldo…

Franco será su número dos y le sustituirá en la presidencia cuando el de Caixa deje el cargo, cosa que todos esperan ocurra en un par de años

En la entidad catalana aseguran que Isidro Fainé no cedió en nada, entre otras cosas porque la sintonía entre ambos en lo que al mantenimiento del modelo actual de cajas se refiere es total. La fiesta, con todo, no ha hecho más que empezar, y nadie sabe si allí se bailará bachata o habrá que escuchar el Réquiem de Mozart. La reestructuración del sector, vulgo saneamiento, lleva dos años de retraso y algunas de las voces más autorizadas del mundo financiero madrileño sugieren que “ya no estamos a tiempo” para evitar el desastre. El diagnóstico estaba claro: sobra capacidad instalada y es obligado acabar con el señuelo de Caja Única por Comunidad Autónoma, porque eso significa fragmentar definitivamente el mercado y terminar por politizar del todo las entidades. El silencio culposo del Banco de España, es decir, del gobernador Fernández Ordóñez, en este tiempo, induce a temer que habrá cajas únicas (lo que Núñez Feijóo intenta con Caixa Galicia y Caixanova) y que además serán malas, es decir, no saneadas. La ministra Salgado acaba de decir la última gansada: De aquí a junio haremos la reestructuración (¡estamos a 25 de abril!), y después abordaremos la reforma del marco legal. Y ¿por qué no las dos cosas a la vez? Mientras tanto, a los cajeros les va ahora la vida en la búsqueda urgente de fórmulas para capitalizar las entidades. Pero el tiempo se ha echado encima: es todo el sistema financiero el que está contaminado. Y el riesgo del país amenaza España con el fuego del infierno griego.    

Con Lupa
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