Los partidos como problema

Con España -o al menos su espacio aéreo- otra vez en manos militares, algo que no ocurría desde el final de la Guerra Civil, el presidente

Con España -o al menos su espacio aéreo- otra vez en manos militares, algo que no ocurría desde el final de la Guerra Civil, el presidente Zapatero parece haber alcanzado sus últimos objetivos en lo que a desgobierno se refiere. Llamativa -por decirlo suavemente- la situación de un país descoyuntado, que reclama a gritos cambios legislativos en profundidad capaces de reconciliar a los españoles con su condición de tales. Con la actualidad volcada hoy en el caos aeroportuario, cumple aquí aludir a la situación de unos partidos políticos convertidos en el primer obstáculo que se yergue a la hora de hacer realidad las demandas ciudadanas que piden solucionar los problemas de nuestra democracia con más democracia. La profundidad de la crisis económica que vivimos, en efecto, está dejando muy en segundo plano los dramas que se desarrollan en el seno de los partidos, grandes y pequeños casi sin excepción, enzarzados en soterradas luchas por el poder entre clanes y banderías, con desprecio de los problemas generales. El Partido Popular, que navega con el viento de las encuestas en popa rumbo a La Moncloa, se enfrenta a un problema de consecuencias potencialmente graves si Mariano Rajoy no lo gestiona con tiento. Me refiero a la decisión del ex ministro Francisco Álvarez-Cascos de volver a la política activa con la misma liberalidad e idéntico desparpajo con que un día, abril de 2004, y sin pedir permiso a nadie, decidió dejarla para pasar a mejor vida de ciudadano de a pie.

El pasado sábado, 27 de noviembre, el ex ministro de Fomento reunió a una decena de alcaldes del PP asturiano en la sede del partido en Pola de Siero, al objeto de seguir sumando apoyos en su intento de encabezar la candidatura del partido a las autonómicas de mayo próximo, pasando por encima de la candidata del sector oficialista en la región, que lo es también de la dirección nacional, Isabel Pérez-Espinosa. El alcalde de Pola, José Antonio Noval, casquista confeso, se encargó de reunir a un ramillete de modestos regidores mal pertrechados para negarse a los deseos del poderoso ex secretario general, ex vicepresidente y ex ministro de Aznar. Lo llamativo del caso es que el susodicho, asturiano de origen, no se conforma con ser el candidato a la presidencia del Principado sin más. Quiere, además, tener el control del partido en Asturias, para lo cual exige la convocatoria de un Congreso extraordinario destinado a colocarle en la presidencia del PP asturiano en detrimento, entre otros, del mayoritario sector oficialista que lidera el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo.

Para hacer creíbles sus pretensiones el ex ministro ha alimentado la leyenda de que, cual nuevo Don Pelayo, su candidatura “barrería” en Asturias al PSOE, asunto que no sólo carece de apoyatura empírica, sino que se da de bruces con el sentido común

Ni que decir tiene que la guillotina empezaría a funcionar en tal caso con una eficacia que dejaría en anécdota la pericia demostrada en la materia por la Gironda hace ahora doscientos y pico años. Para hacer creíbles sus pretensiones el ex ministro ha alimentado la leyenda de que, cual nuevo Don Pelayo, su candidatura “barrería” en Asturias al PSOE, asunto que no sólo carece de apoyatura empírica, sino que se da de bruces con el sentido común, puesto que su sola presencia en las listas contribuiría a movilizar a todo el electorado asturcón de izquierdas. El aludido, vecino y residente en Madrid, se ha presentado en el despacho de Rajoy en un par de ocasiones para, con el verbo taimado de quien solo aspira a servir, hacer oficial su candidatura. He ahí un hombre dispuesto, a sus 63 años, a sacrificarse de nuevo por sus semejantes sin pedir nada a cambio y sin necesidad de hacer dinero, a menos que la familia Masaveu mande otra cosa. No por casualidad algunos medios han comentado que el líder del PP le había otorgado su apoyo. Falso. He ahí, también, uno de esos temas made in Rajoy que el de Génova pensó solucionar dando hilo a la cometa. Por desgracia, el paso del tiempo no ha hecho sino enconarlo.

Cascos le oculta la verdad a Rajoy

Lo que Paco Cascos no dijo al presidente del PP es que el PSOE, que sigue muy de cerca la pelea asturiana, le espera con la guadaña levantada para el caso de que finalmente lograra hacer realidad sus pretensiones. En Fomento guardan cuenta pormenorizada de las compras de obras de arte efectuadas por el Ministerio/s cuando nuestro hombre ocupaba esa cartera. El propio José Blanco, actual titular, ha comentado en privado que las cifras pagadas son “un escándalo”. Se trata de compras realizadas en 2002 y 2003 a la Galería Marlborough que entonces dirigía Maria Porto, actual esposa del político. Un reportaje firmado por Manuel Rico en enero de 2004 y publicado en la revista Interviú afirmaba que Fomento se había negado a “aclarar si la adquisición de los cuadros se realizó a dedo, si existe algún informe técnico que respalde la decisión de Cascos, si fue el ministro en persona quien firmó la orden de compra y cuánto gasta el ministerio al año en obras de arte”.

Lo relevante del caso es que alguien con poder bastante en el Gobierno ha hecho saber al asturiano, a través de persona interpuesta, la “total determinación” del PSOE de sacar a relucir esta historia si llegara a competir por la presidencia de Asturias. El intermediario, asturiano también, rico, conocido y amigo a la par de Cascos y Blanco, ha hecho llegar a su destino la respuesta del aludido: “Me ha pedido por favor que no pongáis en circulación ese material, porque no va a ser candidato”. En el entorno socialista aseguran también que en el muestrario de fazañas del ex ministro popular figura también algún episodio inmobiliario que le vincularía al ex tesorero del PP Luis Bárcenas y al caso Gürtel.

Pero si a va ser candidato o, al menos, tal pretende. En Génova se malician que las primarias que el aludido persigue en el Principado podrían servir de coartada para relanzar de nuevo la incógnita sobre el liderazgo de Rajoy en el Congreso del partido que deberá celebrarse antes de las generales de 2012 y después de las municipales y autonómicas de mayo próximo. Nada de lo comentado sería posible si Cascos no contara con sólidos apoyos dentro del partido, empezando por Javier Arenas y Ana Mato en la calle Génova y siguiendo por José María Aznar, omnipresente a la hora de tejer y destejer dentro del ala más dura del partido. Al aludido no le falta razón: si a Rodrigo Rato ha sido necesario regalarle una Caja de Ahorros, a Mayor Oreja un sillón cuasi vitalicio en Estrasburgo como premio de consolación, y al propio Aznar –hoy en un simple comisionista en negocios de todo tipo, usando para ello el aval de un PP que considera bien mostrenco suyo- la presidencia de la Fundación económicamente mejor dotada de España, ¿qué menos podía reclamar para sí un Paco Cascos dispuesto a convertirse en virrey de Asturias de por vida?

Rubalcaba y Blanco quieren quitarse de en medio a Chacón

Todos ellos representan la especie del “político profesional” que Paul Johnson calificó como “la peste del Siglo XX” y, al parecer, también la del XXI. Permitir a Cascos adueñarse de Asturias sería repetir el modelo de Fraga con Galicia: de Oviedo solo le sacarían con los pies por delante. Significaría la vuelta al pasado de una derecha rancia que se da de bruces con la idea del nuevo PP que pretende poner en circulación un Rajoy que se ha rodeado de gente como Feijóo, Basagoiti, Cospedal, Bauzá, Santamaría y tantos otros. Es el drama de un PP que sigue sin haber finiquitado su transición desde el partido de la derecha autoritaria que encarnó Aznar a un nuevo modelo de partido capaz de dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad española. Un partido, en suma, necesitado de llegar al poder para, desde el Poder, hacer borrón y cuenta nueva con ese PP del pasado que se resiste a morir.

La posición de debilidad interna del leonés es tan evidente que días atrás su entorno de colaboradores más cercano le hizo llegar un escrito donde le pedían, lisa y llanamente, la dimisión

A morir se resiste también Rodríguez Zapatero, convertido en el lastre que, después de poner España al borde del abismo, amenaza hundir para mucho tiempo al propio PSOE. La posición de debilidad interna del leonés es tan evidente que días atrás su  entorno de colaboradores más cercano le hizo llegar un escrito donde le pedían, lisa y llanamente, la dimisión. Puesto que él se ha convertido en parte del problema de España, que no en la solución, era mejor disolver las Cámaras y convocar elecciones generales cuanto antes, para que el elegido por los españoles apechugara con la ímproba tarea del ajuste. Este episodio está detrás de los intensos rumores que esta semana inundaron Madrid en torno a la posibilidad, que algunos citaban para anteayer viernes, de un anuncio “sensacional” del Presidente. Se ignora si el autor o autores del escrito siguen vivos o a estas horas han sido pasados por la quilla.

En el maremágnum desconcertado que vive España, la alianza entre José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba sigue moviéndose a toda velocidad en previsión de acontecimientos urgentes. Con la idea ya expresada en esta columna de APR como candidato a la presidencia y Blanco como amo del partido, el dúo se ha empleado a fondo en las últimas jornadas en la delicada tarea de “pasaportar” para Cataluña a Carme Chacón, una mujer que se ha consolidado como Ministra de Defensa -primera fémina en un cargo de tanta importancia- y que cuenta con sólidas aspiraciones, sometidas, cierto, al albur de los acontecimientos, para aspirar un día a la presidencia del Gobierno de España. Los aludidos han hecho correr la especie de que Chacón abandonaría el ministerio para ir a hacerse cargo de ese barco a la deriva que hoy es el PSC. Las ganas de embarcarse en semejante chalupa que siente la aludida son próximas a cero. “Como ya han hecho con Trini, estos simplemente quieren despejar el área de penalti de cualquier potencial candidato a disputarles el poder en el PSOE”, asegura un alto cargo socialista. Así están las cosas en los grandes partidos españoles, mientras el país se congela a golpe de infortunios.

Con Lupa
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