Las tres líneas rojas de Unió

Ramón Espadaler, secretario general de Unió, el partido de Duran i Lleida coaligado con CDC, ha puesto tres fuertes reparos a la hoja de ruta independentista

Foto: El presidente de Unió, Josep Antoni Duran Lleida (d), y el secretario general del partido, Ramon Espadaler. (EFE)
El presidente de Unió, Josep Antoni Duran Lleida (d), y el secretario general del partido, Ramon Espadaler. (EFE)

Desde 1980, CDC ha ganado las elecciones catalanas a través de una coalición permanente con los democristianos de UDC (Unió Democràtica de Catalunya) bajo las siglas de CiU. Desde hace menos años, CiU es una federación de los dos partidos, pero ahora la progresiva conversión de CDC al independentismo, bajo el liderazgo de Artur Mas, puede llevar a la ruptura entre los dos partidos.

Duran i Lleida, el único dirigente de CiU que ha ganado unas elecciones españolas en Cataluña (en 2011), hace tiempo que viene advirtiendo de que la apuesta por la independencia es una opción equivocada. Pero ni Duran ni casi nadie de Unió querría romper CiU, que es una marca que ha dado al centro-derecha catalanista el dominio político de Cataluña desde hace más de 30 años. En los últimos tiempos la nueva dirección convergente (primero Oriol Pujol Ferrusola y ahora Josep Rull, Lluís Corominas y Jordi Turull) intentan arrastrar a Unió al independentismo, pero el viejo partido democristiano se resiste.

En realidad, Artur Mas ha cometido un grave error al confundir el universo de la ANC –que adquiere el máximo desarrollo tras la sentencia del Constitucional contra el Estatut– con la totalidad de Cataluña. El independentismo ha crecido mucho y ha demostrado gran capacidad de movilización, pero nunca ha llegado a ser mayoritario. Y ahora encuentra serias resistencias. Una cosa es estar contra el modelo de España del PP y otra distinta abrazar el independentismo con todas sus incógnitas.

La última encuesta del CEO (el CIS de la Generalitat) dice que el 54,4% de los catalanes no se siente independentista (contra el 42,4%) y varias encuestas (como la última de El Periódico) detectan un fuerte crecimiento del voto a Ciutadans, que se podría definir como alérgico al independentismo. Una reacción contra la euforia soberanista posterior a la primera gran manifestación del 11 de septiembre (la del 2012). Como ya he escrito alguna vez, Artur Mas –como nuevo converso– ha querido correr demasiado y a la hora de la verdad, esta apuesta le ha llevado a perder votos hacia ERC (una marca independentista más consolidada) y a no lograr convencer ni a Unió Democràtica de Catalunya, su aliado permanente.

Si los militantes de UDC avalan el 14 de junio las tesis de su secretario general, que es 'conseller' de  Mas, la federación CiU se enfrentará a un momento crucial

Lo más arriesgado de la apuesta de Mas es que el procés (la marcha hacia la independencia) le fuerza a sucesivas cesiones a ERC y la ANC. La primera fue el pacto de elecciones anticipadas el 27-S, por el que renunciaba a su capacidad de disolver el parlamento catalán en el momento que creyera más oportuno. La segunda –el 30 de marzo, el lunes de Semana Santa– ha sido la hoja de ruta hacia la independencia que prevé no sólo que las elecciones del 27-S sean plebiscitarias, interpretando que la mayoría absoluta de los partidos que la suscriban equivalga al referéndum, sino la proclamación unilateral de la independencia, al margen de la legalidad vigente, en un plazo de 18 meses.

Cierto que Mas, en su famosa conferencia posterior al 29-N, también planteaba una ruptura con la normativa española, pero entonces era con lista única y bajo su mandato. Por el contrario, la hoja de ruta actual deja el procés en manos del resultado de las próximas elecciones que –según la mayoría de las encuestas–, será una muy ajustada mayoría independentista (contando con las asamblearias y antisistema CUP). O sea, que podría dejar el procés en manos del ejército de Pancho Villa.

Lo insólito es que CDC firmó esa hoja de ruta con ERC y con ANC, Òmnium y la Asociación de Municipios Independentistas (AMI) sin haberla consensuado antes con Unió, su socio de federación, priorizando así el pacto con fuerzas externas a la cohesión interna. Y ocho día después, el lunes de Pascua 6 de abril (jornada festiva en Cataluña), Ramón Espadaler, secretario general de Unió y conseller de Interior del Govern, ha concretado en una entrevista a Europa Press la hoja de ruta autónoma que los democristianos someterán a referéndum de su militancia el próximo 14 de junio.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)

Espadaler afirma que el documento que prepara Unió no se hace para complacer a CDC ni para romper con ella, sino para dejar, de forma clara y nítida, la posición de los democristianos. Y por lo que declara, el documento marcará tres líneas rojas. Una, la consulta sobre el futuro de Cataluña, que Unió defiende debe realizarse previo pacto con el Estado, es decir, que debe ser legal. Dos, Unió rechazará como consecuencia una posible Declaración Unilateral de Independencia. Tres, en ningún momento Cataluña puede correr el riesgo de salir de la Unión Europea. Y Espadaler, un hombre cauteloso y prudente, añade que llevarán estas posiciones hasta sus últimas consecuencias: “Si se pueden llevar a cabo en el seno de la federación perfecto; caso contrario, habrá que buscar otras alternativas”.

Espadaler –como Duran i Lleida y la mayoría de la dirección de Unió– no quiere romper la federación con CDC, pero tampoco ser arrastrado a un pacto con ERC que suponga la ruptura de la legalidad. Como consecuencia, si los militantes de Unió respaldan estas posiciones, CDC y Artur Mas se encontrarán ante un grave dilema. Respetar el pacto con Unió y adaptar una hoja de ruta más moderada, lo que les llevaría a romper la hoja de ruta recién pactada con ERC, la ANC y Òmnium, o por el contrario seguir fieles a estos pactos y arriesgar una casi inevitable ruptura con Unió y al final de la coalición CiU.

Es posible que Artur Mas –de viaje en Estados Unidos para hacer propaganda de la independencia pero que no quiso estampar su firma el pasado día 30 en la hoja de ruta pactada con ERC– haga los máximos esfuerzos para evitar una ruptura con Unió que podría pasarle factura en las próximas elecciones, pero la síntesis entre los democristianos de Unió y las posiciones de ERC parece cada vez más imposible.

Artur Mas se enfrenta, pues, cada día a más y más graves contradicciones en la hoja de ruta hacia la independencia. Y las perspectivas no son brillantes. Ganó en el 2010 con 62 diputados que le parecieron pocos (se quedó a seis de la mayoría absoluta), tras las elecciones anticipadas del 2012 se quedó con 50 escaños y ahora la última encuesta del CEO le predice 32 o 33. El independentismo no parece haber sido un buen negocio. Ni para CDC ni para Artur Mas. 
Confidencias Catalanas
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