Corriendo hacia el abismo

Artur Mas alienta una proclama rupturista con España para forzar su reelección gracias a la CUP

Foto: Alcaldes y ciudadanos arropan a Mas en su declaración como imputado por el 9-N. (EFE)
Alcaldes y ciudadanos arropan a Mas en su declaración como imputado por el 9-N. (EFE)

Todo el mundo responsable (casi) se lo advirtió: “President', no convoque en septiembre, tiene más de un año por delante, las elecciones españolas son inminentes y saldrá un Gobierno del PP debilitado (con o sin Rajoy), o un Gobierno del PSOE con Pedro Sánchez. Entonces el grupo parlamentario de CiU será decisivo y podrá negociar en condiciones más favorables. ¿Por qué precipitarse?”.

Se lo dijo Miquel Iceta, el líder del PSC, que cree que una CDC sensata es imprescindible para la tercera vía, le insistieron los dos banqueros catalanes y los grandes empresarios (y no solo catalanes) casi sin excepción, se lo rogaron repetidamente Duran i Lleida y Ramon Espadaler. Y con el debido respeto incluso dirigentes y 'consellers' de CDC. Mas escuchó educadamente -como es habitual en él- y no hizo ningún caso.

Disolvió a primeros de agosto. Todos se frotaron los ojos, Duran i Lleida y Espadaler ya habían huido del barco hacia semanas y -muy en privado- algunos dirigentes y 'consellers' de CDC movieron la cabeza con inquietud… pero pensaron que el 'president' debería saber más. Los jefes siempre tienen razón. En todo caso no conviene discutirles mientras mandan.

El 27-S por la noche se vio que Mas no solo había perdido el referéndum (con honor, eso sí, porque un 47,8% de voto independentista indica una desafección alta con España) sino que tampoco había logrado una mayoría estable porque Junts Pel Sí (JpS), ya una coalición muy heteróclita, había perdido nueve escaños respecto a la suma anterior de CiU y ERC, y se había quedado a seis diputados de la mayoría absoluta. Ni plebiscito a favor de la independencia, ni mayoría de gobierno. El jefe se había columpiado. Y con 62 diputados (63 hubiera sido otra cosa) su reelección exigía no ya la abstención de la CUP sino el voto de dos diputados de la plataforma asamblearia y anticapitalista. Al jefe podían cortarle la cabeza. Y aunque lograra ser reelegido, cómo gobernaría y aprobaría presupuestos con un grupo político cuya única seña de identidad es la protesta radical.

El 'president' ha quedado en jaque mate al perder el plebiscito del 27-S, haberse quedado sin mayoría de Gobierno y estar perseguido por el 3%

Aquella noche -ayer hizo un mes- Mas quedó en situación próxima al jaque mate. Lo sucedido después -entrada y registro en la sede de CDC el martes 20 en busca de pruebas del 3% y registros en las casas de la familia Pujol y de algunos amigos respetables ayer- ha agudizado esa situación de desamparo casi total. La operación de apoyo a la lista unitaria de la ANC y de Òmnium Cultural diseñada por David Madí no había funcionado. Artur Mas estaba atrapado en las redes de la CUP con 30 diputados, cuando antes tenía 50.

¿Cuál ha sido la reacción de Artur Mas? Pactar una primera declaración del Parlament -anterior incluso a la elección del 'president'- que es un catálogo de medidas de ruptura con España. Afirma (falso) que hay un mandato democrático para que Cataluña sea un Estado independiente, insta al futuro Gobierno a caminar en esa dirección, fija un plazo de 30 días para tramitar las leyes del proceso constituyente (cuando no está garantizado que en ese plazo haya ni 'president' ni Gobierno) y proclama “la no supeditación a las instituciones del Estado español, en particular al Tribunal Constitucional, al que considera deslegitimado y sin competencias por la sentencia de junio de 2010 sobre el Estatuto de Autonomía votado previamente por el pueblo en referéndum”. Y a eso se le llama (aquí la CUP ha cedido) no desobediencia sino “desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español”. Un despropósito y un disparate total.

El documento es tan descabellado que ha provocado murmullos (todavía discretos pero crecientes) de sorpresa y desaprobación en medios muy relevantes del aparato convergente e incluso en algunos 'consellers'. Proclamar de entrada la desconexión con el Estado -en plena campaña electoral española- es provocar no solo el recurso al Tribunal Constitucional sino garantizar el tan anunciado choque de trenes de consecuencias imprevisibles… Un político rodado y muy ligado al catalanismo se echaba ayer tarde las manos a la cabeza: “Quieren la independencia exprés y van camino de perder la autonomía”. ¿Está en condiciones Artur Mas, presidente en funciones, sin garantías de ser reelegido, y amenazado encima por el 3%, de afrontar un choque de trenes con el Estadonbsp;¿Qué gana Cataluña en ese choque? ¿Es racional ir hasta tal extremo para forzar el oxígeno de los dos votos de la CUP?

Como no puedo creer que Artur Mas haya optado por un choque suicida con el Estado, al estilo de Lluís Companys en 1934, que acarreó la suspensión de la autonomía, hay quien cree que -prisionero de sus declaraciones maximalistas, víctima de sus repetidos errores y excitado por la desafección de buena parte de Catalunya (ese 47,8% del 27-S) con España- Artur Mas ha perdido el rumbo. Es el jugador desesperado y zombi que tira los últimos dados en el casino.

Rajoy exagera con una declaración que interrumpe la programación de TVE contra lo que solo es un borrador. Pretende enterrar su fama de don Tancredo

La práctica de subir la apuesta porque soy yo y tengo la razón es la que lleva haciendo (aunque entonces con mejores cartas) desde septiembre de 2012 cuando proclamó que si no había pacto fiscal a la vasca pondría rumbo al derecho a decidir y al Estado propio. Y Rajoy le ha contestado desde el primer día de la misma manera: subiendo la apuesta. ¿Pacto fiscal? Nada de nada, ni reforma de la financiación que me crearía problemas con mis presidentes autonómicos. ¿Consultanbsp;Imposible suscribir un contrato de adhesión del señor Mas y menos abdicar del precepto constitucional que dice que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español. Vale, pero no firmar un contrato de adhesión no implica renunciar a la negociación y a la política. Ni confiarlo todo a que la ministra Ana Pastor haga algún trato con Santi Vila, el 'conseller' más realista, y que Alicia Sánchez Camacho grite contra Mas durante tres años para sustituirla en el último minuto por García Albiol. Excepto sus visitas anuales a las sesiones del Círculo de Economía -que ha respetado siempre y que aunque transcurren en un ambiente educado no son trago fácil-, Rajoy no ha hecho ningún gesto significativo de aproximación a la sociedad catalana.

El conflicto permanente Mas-Rajoy (o Rajoy-Mas) desde mediados de 2012 se va retroalimentando y amenaza cada vez más con conducirnos a un frontal y cruento choque de trenes que solo puede acabar en el abismo. La independencia de Cataluña es imposible (y tendría unos costes altísimos) en la Unión Europea de 2015. Y la suspensión de la autonomía implicaría el fracaso del pacto de la transición y sería un golpe fuerte (quizá mortal) a la Constitución de 1978.

La clave del conflicto es que ninguno de los dos actores quiere quedar mal ante sus electores, incluidos los menos razonables, y así van dando -no siempre con conciencia plena- pasos sucesivos en la escalada de despropósitos.

Ayer llegamos al punto culminante (hasta el momento). La propuesta de resolución de JpS y la CUP es locoide y solo se explica por la necesidad de Artur Mas de ser reelegido con el apoyo de la extrema izquierda revolucionaria. Pero la reacción de Rajoy peca de precipitada y desmesurada. Más en la forma que en el fondo, porque no estamos aún ante ninguna resolución del Parlament que todavía no ha sido capaz ni de elegir 'president' (y por tanto de nula eficacia), sino solo ante un borrador de propuesta de resolución que puede ser enmendado. Y no es razonable que solo dos horas después de presentarse en la Cámara catalana -y cuando ni se ha fijado fecha de votación-, el presidente del Gobierno haga una solemne declaración institucional en una rueda de prensa -de las que convoca pocas- y haga interrumpir para que se emita en directo la programación de la primera cadena de televisión.

El conflicto Mas-Rajoy se ha envenenado porque los dos creen que mostrándose firmes salen beneficiados ante sus respectivos electorados

Es obvio que esta dramatización subirá el ruido, la tensión y la atención de los medios de comunicación -incluidos los internacionales- sobre un texto que no beneficia ni a Cataluña ni a España. Y que los diputados independentistas van a sentirse todavía más obligados y felices de exhibir su 'desconexión'.

Cierto que lo que dijo Rajoy, que la ley debe ser respetada, tiene toda la lógica del mundo, pero no es una reacción inteligente pues incrementa la relevancia de lo que se quiere combatir. Rajoy afirmó ayer que garantizaba que la declaración del Parlamento catalán (que todavía no existe) no tendría ningún efecto, y él con su comparecencia multiplicaba su impacto y la atención de los medios.

Mas cree necesitar esa declaración para que la CUP le permita ser presidente, y Rajoy piensa que reaccionar con rapidez y contundencia (para enterrar su bien ganada fama de don Tancredo) tendrá réditos electorales imprescindibles. Y es que como acertadamente escribía ayer José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, Rajoy no solo necesita que el PP llegue primero sino que lo haga con un margen que impida que Ciudadanos exija su cabeza para apoyar un Gobierno del PP, como han hecho en La Rioja.

Preferiría equivocarme, pero me temo que las debilidades electorales de CDC, que ha ido perdiendo diputados desde 2012, y del PP, que, según una encuesta preelectoral del no sospechoso de izquierdismo diario 'ABC', cae de una amplia mayoría absoluta de 186 escaños en 2011 a 128, están envenenado un conflicto que hace 10 años creíamos superado. O conllevado, como decía Ortega y Gasset. Y querer tapar estas debilidades subiendo la apuesta, conduciendo a toda velocidad hacia el precipicio esperando que el otro se despeñe -como James Dean en la famosa película 'Rebelde sin causa'-, puede no solo llevar a la muerte política de Rajoy y Mas, lo que querían evitar, sino dañar el futuro político y económico de todos.   

Confidencias Catalanas

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