La Girona de Puigdemont

Un inesperado e inédito Gobierno transversal de CDC y PSC gobernará la ciudad con mayoría absoluta

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

Tras el fracaso de las dos investiduras de Pedro Sánchez, España ha entrado en un interregno. Partidos y candidatos van a seguir haciendo declaraciones y reuniéndose, pero lo más probable es que hasta después de Semana Santa, hasta bien entrado abril, cuando falten pocas fechas para la convocatoria automática de elecciones el 26 de junio, no conozcamos el desenlace del 'impasse' abierto por los resultados del 20-D.

Cataluña, tras el impostado triunfalismo del independentismo, que proclamó que el 47,8% de los votos y la mayoría absoluta en el Parlament (sumando Junts pel Sí y la CUP) era un inapelable mandato democrático para la constitución de un Estado propio, también está en un interregno. Primero porque la CUP (Candidaturas de Unidad Popular) se negó a investir a Artur Mas. Luego porque Mas tuvo que renunciar a la presidencia, dar un paso atrás (él dijo a un lado) y encumbrar a Carles Puigdemont, hasta entonces alcalde de Girona, como nuevo 'president'. Por cierto, que el domingo Artur Mas se puso como ejemplo que Mariano Rajoy tendría que imitar. Finalmente, porque ahora el independentismo no sabe muy bien qué debe hacer. Por una parte, recurre sin complejos todas las decisiones del Tribunal Constitucional cuya autoridad el Parlament declaró nula en un inicial momento de éxtasis independentista. Además, no solo el independentismo sino toda Cataluña está pendiente de lo que suceda en Madrid y quién sea el nuevo inquilino de La Moncloa.

Pero en este pastoso interregno, Cataluña sigue funcionando. Y pasan cosas curiosas, Ayer, por ejemplo, el líder del PP catalán, García Albiol, no dudó en comunicar en un tuit que lamentaba que el ministro Guindos hubiera caído en la trampa del Gobierno catalán al haberse reunido con el 'conseller' de Economía y Finanzas, Oriol Junqueras, que es también el líder de ERC. ¡Algo muy raro está sucediendo en el PP cuando el líder regional censura el comportamiento de un ministro de Madrid!

Al parecer, el pacto ha sido inspirado directamente por el 'president' de la Generalitat y por Miquel Iceta, primer secretario del PSC

También suceden cosas más relevantes y significativas. Ayer tuvo lugar una emblemática en Girona, la ciudad en la que el independentismo ganó las pasadas elecciones catalanas del 27-S con nada menos que un 62% de los votos y de la que era alcalde hasta el pasado enero el actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. La provincia de Girona es la circunscripción más independentista de Catalunya, y la ciudad es su digna capital. Un conocido y exitoso escritor de la ciudad lo explica diciendo que Girona no es independentista sino que ya es independiente, pues ya vive como si no existiera el Estado español. Y el diario más vendido en la ciudad, 'El Punt-Avui', suele reflejar posiciones próximas a los más soberanistas. El ayuntamiento tiene 25 concejales, y 18 de ellos son independentistas: 10 de CiU, cuatro de ERC y cuatro de la CUP. Y la ciudad es a veces presentada como un modelo o un embrión de lo que sería una Catalunya independiente.

Pues bien, ayer se produjo algo que rompe muchos esquemas. El recién elegido alcalde convergente, Joan Ballesta, que sustituyó a Carles Puigdemont el 22 de enero, anunció su dimisión acusando a los concejales de ERC de “irresponsables”, “innobles” y de “practicar la demagogia y el populismo”. Y acto seguido comunicó que su sucesora, Marta Madrenas, hasta ahora segunda teniente de alcalde, contaría con un pacto estable de gobierno en base a los 10 concejales de CDC… y los cuatro del PSC. Girona no será gobernada pues por el nacionalismo sino por un pacto transversal entre CDC y el PSC que hará abstracción de las posiciones antagónicas de los dos partidos respecto a la independencia.

La Girona de Puigdemont

Pero lo más revelador es que parece que el pacto no se ha cocinado en Girona sino que ha sido fruto de la intervención directa del 'president' Puigdemont y de Miquel Iceta, el líder del PSC.

La ciudad emblemática del independentismo (Puigdemont fue el presidente de la AMI, Asociación de Municipios Independentistas) estará gobernada pues por la 'sociovergencia', cuando Cataluña está teóricamente al borde de la independencia y cuando el Consell Nacional del PSC (el máximo órgano del partido entre congresos) acaba de respaldar por unanimidad el pacto de Pedro Sánchez con Ciudadanos, un partido que no goza de ninguna simpatía en el mundo del soberanismo.

Es la primera vez que la 'sociovergencia' gobernará Girona, que durante años tuvo un emblemático alcalde socialista, luego candidato a la Generalitat

Lo de Girona indica que la realidad -compleja, mestiza y muchas veces desconcertante e incluso caótica- se impone a la ideología tal como la entienden los gurús de cada partido y la peña de intelectuales y periodistas que les jalean.

Es curioso, porque hasta la sentencia del Constitucional -cuando CiU y el PSC eran los reyes del mambo y los dos defendieron el Estatut de 2006 (contra el PP y contra ERC)-, el PSC gobernó siempre la ciudad, mucho años con el alcalde Joaquim Nadal, que fue incluso candidato a la Generalitat y que ahora ha abandonado el partido porque lo considera supeditado al PSOE, y la Generalitat estuvo siempre en manos (hasta 2004) de Jordi Pujol, el fundador y sumo sacerdote de CiU. Entonces, la 'sociovergencia' no se practicó nunca. Ni en Girona ni en Catalunya. Ahora, cuando los dos partidos han perdido mucha fuerza (e incluso la coalición CiU ha dejado de existir), han decidido juntar fuerzas en la ciudad mientras en Cataluña están en dos campos opuestos y enfrentados.

Girona es solo Girona. Pero es la ciudad del 'president' de la Generalitat. Y es también el ayuntamiento que fue el trampolín de Joaquim Nadal para ser en 1996 el candidato socialista contra Jordi Pujol. Y es la ciudad en que una buena parte de los antiguos dirigentes del PSC han abandonado el partido e impulsaron en las últimas elecciones municipales las siglas MES, Moviment d´Esquerras Socialistas (Movimiento de Izquierdas Socialistas) que concurrió en coalición con ERC.

El pacto de Girona demuestra que la realidad es más compleja, desconcertante e incluso caótica que las ideologías y lo que predican los líderes de los partidos

Y hay detalles curiosos. El dimisionario Albert Ballesta fue el número 19 de la lista de CDC y para elevarlo a alcalde -por indicación de Puigdemont- hubo que hacer renunciar a ocho candidatos de CDC que iban en un puesto superior. Ballesta era un competente funcionario de la Generalitat y el motivo inicial -al menos el conocido- de su trifulca con ERC fue la fijación de su sueldo, que quería situar sobre los 70.000 euros, al parecer una cantidad similar a la que percibía como funcionario. El anterior alcalde, Puigdemont, no tenía retribución asignada, pues al ser también diputado cobraba como parlamentario.

Pero el PSC no fue la primera opción que CDC contempló tras las trifulcas con ERC. Antes llegó a un pacto con los dos concejales de Ciudadanos y la concejala del PP, que se rompió en el último momento cuando la dirección de Ciudadanos exigió como condición que Girona se diera de baja de la AMI (Asociación de Municipios para la Independencia).

En el independentismo hay mestizaje, pero no tanto como para que Girona reniegue públicamente de la AMI, una de las entidades que, junto a la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y Òmnium Cultural, han impulsado las grandes concentraciones de los últimos años.

Un episodio acotado, sí, pero significativo. 

Confidencias Catalanas
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
8 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios