La mayoría de catalanes apoya la tercera vía

ERC ganaría unas nuevas elecciones con 50 diputados (sobre 135) y el PSC sería la segunda fuerza política, según una encuesta de 'El Periódico'

Foto: Un hombre mira la bandera española y una estelada colgadas de una fachada. (Reuters)
Un hombre mira la bandera española y una estelada colgadas de una fachada. (Reuters)

Parece como si el fin de año estuviese acelerando las cosas en una sociedad catalana que sabe que en 2017 es muy posible que tenga lugar un choque de trenes —cuya intensidad está por ver— entre el Gobierno independentista de Cataluña y el Gobierno Rajoy.

La declaración de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, por haber hecho caso omiso de una resolución del Constitucional, ha sido importante. El Gobierno Puigdemont y Junts Pel Sí —conscientes de que si la CUP vota el Presupuesto a finales de febrero, la ruta hacia el referéndum unilateral será imparable (al menos hasta que Madrid la prohíba)— necesitan empezar a movilizar a las bases independentistas. Con varios objetivos: que la prohibición del referéndum tenga un coste político alto para Rajoy, intentar impactar en la opinión pública y los parlamentos europeos, y 'precalentar' a los suyos para el referéndum. O para nuevas elecciones si al final no se produce o si la CUP no vota el Presupuesto.

Por eso las concentraciones de protesta y el apoyo de cargos cuando Forcadell fue a declarar. Por eso también la convocatoria por el presidente Puigdemont de la cumbre para el referéndum del próximo viernes 23. Ya se ha apuntado un tanto al lograr la presencia de la alcaldesa de Barcelona y líder fáctica de En Comú Podem, la coalición de izquierdas que engloba a Podemos en Cataluña, Ada Colau. Colau hasta ahora ha defendido un referéndum legal y pactado. ¿Puede bascular hacia el referéndum unilateral que defiende Junts Pel Sí, o simplemente trata de reafirmar sus posiciones sin renunciar a la foto de la protesta contra Madrid? Es una incógnita relevante.

Miquel Roca y la Sociedad de Amigos del País se han posicionado en contra de la ruptura de la legalidad y la celebración de un referéndum unilateral

Pero lo del referéndum unilateral con el apoyo de la CUP provoca cada día más reservas en una parte importante de la sociedad catalana. La semana pasada, detallé la posición del presidente saliente y del entrante del Circulo de Economía. Luego intervino la veterana y prudente —pero influyente— Sociedad Económica de Amigos del País, que en su informe anual ha alertado sobre el peligro de saltarse la legalidad y que sin respetar el orden (clara alusión a la CUP), el catalanismo puede perder el norte. Y no es ninguna casualidad que el presidente de la junta de los Amigos del País sea Miquel Roca Junyent, en otro momento el indiscutido segundo de CDC tras Jordi Pujol, y que entre los miembros de su equipo esté Jaume Giró, el director de la Fundación La Caixa. La alianza con la CUP, para de hecho romper la legalidad al intentar un referéndum unilateral, genera consternación —e incluso oposición firme— en medios de la sociedad catalana que solo expresaba reservas ante el independentismo, al que en parte veía como una reacción excesiva pero lógica a la actitud inmovilista del Gobierno de Madrid.

Y en la antigua CDC hay dudas crecientes. La presidenta de su Consell Nacional, Mercé Conesa —claramente independentista pero cautelosa—, que fue la que antes del verano plantó cara a Artur Mas cuando quiso imponer el nuevo nombre del partido, declaró el viernes pasado a 'La Nació Digital' que el referéndum quizá no se podría celebrar —algo que muchos dirigentes de Junts Pel Sí admiten en privado— y que quizás habría que ir a nuevas elecciones. Conesa, que además es alcaldesa de San Cugat del Vallés —uno de los municipios más relevantes donde manda CDC—, fue desautorizada inmediatamente por el 'president' Puigdemont. Pero algo se mueve en la antigua CDC, donde tanto Mercé Conesa —que sustituyó en la alcaldía de San Cugat a Lluís Recoder, un político del ala realista de CDC que fue 'conseller' del primer Gobierno Mas— como Marta Pascal, la mujer fuerte de la actual ejecutiva, tienen dudas sobre algunas de las líneas trazadas por Artur Mas y Francesc Homs.

Solo el 18% cree que el 'procés' acabará triunfando, mientras que el 44% apuesta por una tercera vía, un pacto con el Estado que garantice más autogobierno

Por otra parte, ha levantado polémica y expectación la encuesta publicada por 'El Periódico'. Habrá que analizarla con calma, pero confirma que Cataluña es una sociedad dividida. El 51,6%, con tendencia al alza, dice no albergar un sentimiento independentista mientras que el 46% sí dice sentirlo. El 49,6% se declara partidario del 'referéndum o referéndum', unilateral o pactado (la fórmula Puigdemont), mientras que el 48,8% solo lo quiere pactado, o son contrarios (13%).

Pero lo más relevante es que preguntados sobre cómo acabará el 'procés', un 44,3% (cinco puntos más que hace un año) cree en un pacto con el Estado que garantice mas autogobierno (la llamada tercera vía), mientras que solo el 18% (cuatro puntos menos) cree que el final será la independencia. Y todavía hay un 27% (cinco puntos más) que cree que la independencia no tirará hacia adelante por falta de apoyo.

O sea, que los catalanes creen más en un desenlace tipo tercera vía que en la independencia, pero, no obstante, tienen escasa confianza en la Operación Diálogo que encabeza la vicepresidenta. Un tercio de los encuestados cree posible que los actuales gobiernos de Madrid y Barcelona puedan llegar a un acuerdo sobre el futuro de Cataluña, pero el 65% lo cree imposible. Y es que el Gobierno del PP no ha sabido, al menos hasta ahora, acercarse a Cataluña. Por eso, su intención directa de voto en la encuesta (el voto estimado es superior) está solo en un 3%, por debajo de la CUP y la mitad del de Ciudadanos.

Otro dato importante es que predice un desenlace muy distinto para los dos socios de Junts Pel Sí. ERC obtendría el 30,7% de los votos y 48-50 diputados, mientras que el nuevo PDE (la antigua CDC) se quedaría por detrás del PSC y ECP, con el 11,5% y 15-17 diputados. El líder de ERC, Oriol Junqueras, habría conseguido así en cuatro años dar la vuelta a los resultados de 2012, cuando Artur Mas sacó 50 diputados y ERC, 21.

Pero Junqueras no tendría mayoría absoluta y, según la encuesta, tampoco la lograría con el PDE. Sí la conseguiría —escasa— volviendo a sumar con la CUP, pero este es un escenario muy difícil por muchos motivos, entre otros porque con estos resultados el PDE tendría que replantearse su estrategia.

El PSC recupera posiciones con su secretario general Miquel Iceta, primer líder socialista al que los catalanes dan su aprobación desde 2009

Otra gran novedad es que el PSC se recupera. Sube casi dos puntos y obtendría de 19 a 21 diputados frente a los 16 actuales. Pero más relevante es que volvería a ser el segundo partido, por delante de Ciudadanos, que pese a Inés Arrimadas retrocede, y de ECP (el grupo que quiere consolidar Ada Colau con Xavier Domènech), que en Cataluña ganó las legislativas de 2015 y 2016.

¿A qué se debe esta posible resurrección del PSC al que el independentismo daba por acabado y que coincide —fenómeno extraño— con una bajada del PSOE en España, al que las encuestas dan por debajo de Podemos?

Básicamente, apuntaré tres motivos. Uno, el independentismo sigue teniendo muchos partidarios pero tiene menos creyentes. La encuesta dice que solo el 18% cree que el 'procés' acabará en la independencia mientras que el 44% piensa que el final será un mayor autogobierno dentro de España. Dos, el PSC ha demostrado que —contra lo que decía el 'agit-prop' independentista— no era una mera correa de transmisión del PSOE. Se ha opuesto a la investidura de Rajoy y no ha acompañado un cambio de posición que —aunque quizá justificado— fue demasiado brusco y escandaloso.

Además, Iceta ha expuesto con claridad sus posiciones y ha sabido defenderlas con habilidad ante la prensa —más crítica que amiga— y en muchos debates. Ha discrepado de la dirección del PSOE, poniendo todos los algodones posibles para evitar la ruptura. Ha contrariado al independentismo —y a los más nacionalistas del PSC que marcharon del partido—. pero todavía en 2014 ofreció a Artur Mas su apoyo si moderaba sus posiciones. Se ha opuesto a la investidura de Rajoy —cree que una de las causas del ascenso del separatismo fue el recurso del PP ante el Constitucional—, pero abriéndose a la colaboración si había una política de diálogo, lo que se ha visualizado más los últimos días, con su encuentro con la vicepresidenta y su asistencia a la toma de posesión de Enric Millo como delegado del Gobierno. Por último, ha sabido ganar las primarias contra una candidatura situada a su izquierda y luego integrarla —no sin dificultades— en su dirección. La consecuencia es que la valoración de un Miquel Iceta —que se dice pactista por vocación, se explica y no rehúye los debates— ha subido en la encuesta de 'El Periódico' y en poco tiempo en más de un punto y con el 5 alcanza el aprobado, algo que ningún líder socialista conseguía desde 2009.

Si los datos de esta encuesta —victoria sin mayoría absoluta de ERC, dificultades para una mayoría independentista operativa, ascenso del PSC que defiende la tercera vía, y de ECP que aboga por un referéndum negociado y más autogobierno— se confirman, podría darse una inflexión en la política catalana. Siempre, claro, que la Operación Diálogo que dirige la vicepresidenta se consolide y abra una negociación sustantiva.

Pero todo está ahora supeditado a si la CUP vota el Presupuesto y, en caso afirmativo, a la contención o la virulencia con la que se resuelva el choque de trenes que produciría el intento de un referéndum unilateral.

Confidencias Catalanas

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