Cataluña, ¿un poco mejor?

Si el porcentaje del independentismo baja del 47%, y el PSC y ERC son las dos fuerzas más votadas, eso querrá decir que algo está cambiando

Foto: El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

Los terribles efectos de la grave crisis económica española iniciada en el 2008 —junto a la peor crisis mundial desde 1929— empiezan a estar superados tras varios años de crecimiento. La consecuencia es una moderada tendencia a la baja de Podemos; pequeña porque el partido de Pablo Iglesias no nació solo por el brutal aumento del paro, sino también por los vicios y rigideces del bipartidismo español.

Cataluña está en España y por tanto las encuestas anticipan también una erosión del voto de En Comú Podem, el partido de Ada Colau asociado a Podemos, que ganó las legislativas en el 2015 y 2016 y que ahora podría quedar en tercera posición. Las consecuencias políticas de la crisis económica estarían pues empezando a corregirse.

Pero como consecuencia de la conjunción de la debacle económica y del hondo malestar político, originada por la campaña contra el nuevo Estatut de Cataluña del 2006 y agravada por la posterior —cuatro años después y con muchas tensiones y luchas internas en el tribunal— sentencia del Constitucional, Cataluña sufrió un terremoto político. La separación de España, que antes del 2010 tenía un apoyo máximo del entorno del 20%, pasó a ser en las elecciones catalanas del 2015 y del 2017 —antes y después de la declaración unilateral de independencia y de la aplicación del 155— del 47% con lo que los secesionistas lograron la mayoría absoluta en el parlamento catalán gracias a la ley electoral española que prima en diputados a las provincias menos pobladas de Tarragona, Girona y Lleida frente a la de Barcelona.

Y fue por este 47%, a la subsecuente mayoría parlamentaria y al dominio anterior y posterior del gobierno de la Generalitat, que los separatistas proclamaron que encarnaban la indudable voluntad del pueblo de Cataluña, cuando todas las encuestas (incluidas las del CEO, el instituto oficial de la Generalitat) dicen que Cataluña está partida en dos mitades prácticamente iguales. Y es por este 47% que la mayoría independentista votó sendas leyes que rompían con la legalidad española y convocaba un referéndum de autodeterminación en septiembre del 2017 y proclamó unilateralmente el 27-O la independencia, que fue reducida a nada por el 155 votado en el Senado por el PP y el PSOE tras el pacto entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

El dato más revelador será si el separatismo baja —y en qué proporción— del 47% alcanzado en las dos últimas elecciones autonómicas

Más tarde, la confirmación del 47% en las elecciones de diciembre del 2017 —bajo el 155— ha hecho que la crisis siga viva entre un gobierno de la Generalitat que no abdica de su voluntad independentista pero que no se atreve a violar la legalidad, el gobierno de Madrid —primero del PP y luego del PSOE—, y los partidos de la derecha española que prescriben como única solución la aplicación de otro 155, con carácter preventivo y de más larga duración.

Las elecciones legislativas de hoy permitirán ver la evolución de la opinión pública catalana y si el desencuentro político continúa, se incrementa o, por el contrario, empieza a reducirse. Escribir el día electoral es un ejercicio de alto riesgo porque los pronósticos pueden ser desmentidos o confirmados en pocas horas, cuando las urnas hayan dictado el veredicto. Pero basándonos en las impresiones y las encuestas preelectorales —por ejemplo de dos diarios y dos institutos de opinión tan diferentes como el 'ABC' y 'El Periódico de Cataluña' y GAD 3 y Gesop— parecería que la política de desinflamación de los últimos meses estaría obteniendo unos modestos resultados ya que en ambos sondeos se percibe un descenso del independentismo, una mayor pujanza de ERC, que hoy encarna una actitud pragmática frente al fundamentalismo de Junts per Catalunya (JpC), la coalición maximalista en la que se han convertido la antigua CDC y el PDeCAT, y la posible victoria electoral del PSC, un partido constitucionalista y federalista integrado en el PSOE, uno de los dos grandes partidos españoles.

En efecto, el secesionismo tuvo en las elecciones catalanas del 2015 y 2017 un 47% de los votos y ahora las encuestas citadas sitúan dicho porcentaje en un entorno del 39-42%. Es un descenso apreciable, aunque no espectacular. Es cierto que el voto nacionalista (incluso antes del auge del independentismo) siempre ha sido más fuerte en las elecciones catalanas que en las españolas. Quizás por su sustancia. En las catalanas se pregunta quien se desea que gobierne Cataluña y en las españolas el partido preferido para gobernar España. Pero con el juicio en el Supremo contra los dirigentes independentistas en prisión preventiva desde hace meses, la mayoría de ellos acusados de rebelión y arriesgando graves penas, y el gobierno de la Generalitat calificando el juicio de ataque a las libertades y pensando que la indignación tras la sentencia puede ser la rampa de lanzamiento para otra declaración unilateral, cualquier retroceso de las candidaturas secesionistas indicaría una reveladora desmovilización.

Por eso, bajar del 47% al 39% o al 42% es significativo. Quizás los votantes se hayan dado cuenta de que la independencia sin dolor —vendida por Artur Mas o Puigdemont— ha resultado una promesa falsa y quizás por eso ha bajado la movilización.

Las encuestas dicen que solo dos partidos, el PSC o ERC, pueden ganar las elecciones de hoy en Cataluña

El segundo dato es que ERC ha evolucionado hacia un mayor realismo. No ha renunciado a la independencia como objetivo prioritario, pero sí ha constatado que el 47% es un respaldo insuficiente, dice que se necesitan mayorías más amplias y que para ello hay que ejercer el autogobierno para consolidar el bienestar social. Por el contrario, JxCAT, bajo la dirección de Puigdemont, exilado en Waterloo, y de su vicario en la Generalitat, Quim Torra, considera suficiente el 47% y cree que la victoria definitiva llegará cuando consigan colapsar como sea el Estado español. Preguntada sobre el Estado del bienestar, en el debate de TV3 por la candidata socialista Meritxell Batet, la numero dos de JxCAT Laura Borràs, muy próxima a Puigdemont, contestó que no podía haber Estado del bienestar si antes no se tenía un Estado propio. Y con la idea de hacer a España ingobernable, Puigdemont ordenó votar contra los presupuestos de Pedro Sánchez contra el criterio de los moderados del PDeCAT encabezados por el diputado Carles Campuzano. Pues bien, las encuestas dicen que mientras el independentismo fundamentalista podría caer hoy de ocho a cuatro o cinco diputados, un descenso considerable, ERC, tradicionalmente más independentista pero ahora más pragmática, podría subir de nueve a trece o catorce escaños.

Pero el triunfo de ERC tampoco es seguro porque las dos encuestas dan al federalista PSC, integrado en el PSOE, mayor número de votos que a ERC. Pero mientras el 'ABC' dice que el PSC también ganará en diputados, 'El Periódico' atribuye la victoria en escaños a ERC por la ley electoral.

Que el PSC ganara las legislativas en Cataluña daría un gran impulso al partido de Miquel Iceta de cara a las posteriores municipales (al contrario que otros partidos constitucionalistas el activo del PSC es que tiene más de cien alcaldes repartidos por el territorio, empezando por L'Hospitalet, la segunda ciudad catalana) y sería un triunfo de la política de desinflamación de Pedro Sánchez y de la ministra Meritxell Batet que ha realizado una activa campaña y que hizo frente a los ataques —contrarios pero conjuntos del PP y Cs y de JxCAT y ERC— en el debate del miércoles en TV3. Particularmente intensos fueron los choques entre Batet y el segundo de la lista de ERC, Gabriel Rufián, porque ambos saben que el combate entre ERC y el PSC por ser la fuerza catalana más votada es muy relevante.

Republicanos y socialistas están muy distanciados, pero gobernaron juntos para que Pujol no siguiera controlando la Generalitat

Entre republicanos y socialistas la competencia es dura, pero existe cierta capacidad de diálogo y negociación porque ambos fueron socios en los tripartitos de Pasqual Maragall y José Montilla del 2004 al 2010.

Mientras que entre Cs y JxCAT de Puigdemont, a quien ganó por los pelos en las autonómicas del 2017, la distancia es abismal y el diálogo ha resultado imposible, la relación entre ERC y el PSC es hoy mala, pero la negociación no es imposible. Ernest Maragall, hermano del alcalde olímpico y durante muchos años uno de los dirigentes de la corriente más catalanista del PSC, es ahora el candidato de ERC a la alcaldía de Barcelona. Y aunque las relaciones entre José Montilla y Miquel Iceta y los hermanos Maragall nunca fueron buenas, tampoco dejaron de ser "compañeros de partido", una categoría que no garantiza nada, pero indica alguna proximidad, aunque sea pretérita.

Veremos los resultados de esta noche. Pero si la ERC de Junqueras, que otea el futuro con menos dogmatismo, y el pragmático PSC de Iceta son los dos primeros partidos catalanes, quizás Cataluña haya dado un paso pequeño, pero nada irrelevante hacia una situación algo menos crispada. La relación entre el PSC y el secesionismo siempre será conflictiva, pero al contrario que Cs el PSC tiene alcaldes y presencia territorial y su origen está en la lucha contra la dictadura de Franco, no en el rechazo al independentismo unilateral de los últimos años. Entre ERC y el PSC hay puentes abiertos y la posibilidad de volver a alcanzar acuerdos que ya se produjeron cuando ambos partidos, junto a los postcomunistas de ICV, pactaron en el 2003 para que el partido de Jordi Pujol no siguiera controlando la Generalitat. Siempre, claro, que el gobierno de Madrid esté en una actitud abierta y no apueste por un 155 de carácter preventivo y más duro que el de Rajoy. Un Rajoy que, salvo para apoyar a Ana Pastor en Galicia, ha estado muy ausente de la campaña del PP.

Confidencias Catalanas
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