El virus del hombre blanco

Ojalá el efecto espejo que reproduce los prejuicios que acá sufren otros desnude la estupidez de la xenofobia provocada por el virus

Foto: Un mural en el barrio chino de Roma denuncia la ola de racismo que sufre la comunidad china por el coronavirus. (EFE)
Un mural en el barrio chino de Roma denuncia la ola de racismo que sufre la comunidad china por el coronavirus. (EFE)

En Costa de Marfil, donde acaban de decretar el estado de alarma por coronavirus, se ha viralizado el vídeo de un hombre blanco tosiendo en un taxi como símbolo del peligro de que un extranjero les contagie la enfermedad. A los blancos en este país africano ya se les ha empezado a apodar despectivamente 'corona', porque los primeros contagiados detectados en este país eran de origen europeo. El número de personas infectadas en el continente africano alcanza los 2.300 casos en 43 de los 54 países, y la tensión está creciendo hacia los occidentales.

En Etiopía, los corresponsales de prensa han sufrido varios incidentes por el mismo motivo y el primer ministro ha emitido un comunicado en el que pide calma y recuerda que “el virus no tiene nacionalidad”. Los italianos están siendo víctimas del mayor rechazo, pero también españoles, estadounidenses y franceses en Kenia, Burkina Faso y Senegal. Varios medios africanos etiquetaron hace semanas el Covid-19 como una enfermedad de blancos e incluso se ha extendido por todo el continente el bulo de que la piel negra inmunizaba del virus. El periódico congoleño 'Habari' lo desmentía hace un par de semanas, para advertir a la población de que nadie está a salvo de contagio, ni son occidentales y asiáticos los únicos que lo contagian.

A medida que se extiende el virus, lo van haciendo también los ataques racistas que, aunque minoritarios, se ve que son contagiosos en todo el mundo por miedo a esta pandemia. Ni el virus ni la xenofobia entienden de fronteras, pero ojalá el efecto espejo que reproduce los prejuicios que acá sufren otros sirva para desnudar la estupidez de la xenofobia. Los primeros en sufrirla fueron los chinos, también en Asia, cuando se conoció que el Covid-19 tenía su origen en Wuhan. En Europa y Estados Unidos, ese miedo se generalizó hacia los asiáticos en general, como si tener rasgos orientales equivaliera a una mayor peligrosidad de contagio y el riesgo fuera el origen de cada uno y no haber viajado a una zona de riesgo. Un español que hubiera estado en Hubei tenía más posibilidades de transmitir el virus que un chino de Usera. Pero el racismo no es racional. Y a medida que ha empezado a extenderse el coronavirus por todo el planeta, en cada región la xenofobia se ha ido adaptando de forma pegajosa a los prejuicios culturales de cada sitio.

La peste negra medieval sirvió para extender el odio a los judíos. En el siglo XV, la sífilis se bautizó como una enfermedad alemana, napolitana, polaca o francesa dependiendo de a quién convenía más odiar en cada lugar. Con la llegada del Covid-19 en Europa y Estados Unidos, se empezó rechazando al asiático y ahora en China temen que lleguen occidentales de los países que están sufriendo el brote de forma más virulenta. Los italianos llevan un mes siendo estigmatizados por la pandemia, igual que dentro de Italia la propia Lombardía.

En 2015, la Organización Mundial de la Salud emitió directrices sobre cómo nombrar enfermedades, y estipulaba que dichos nombres no deberían señalar poblaciones humanas, lugares, animales o alimentos en particular. No solo por evitar el racismo que puede generar, también porque confunde ante el alcance de enfermedades, la forma de prevenirlas y cómo enfocar la investigación necesaria para encontrar la cura. Estigmatizar a los homosexuales en los peores años del VIH provocó un retraso en la forma efectiva de frenar los contagios.

Señalar a los chinos como los responsables de la expansión del Covid-19 en Occidente, o a los occidentales en África, o a los italianos o españoles en Europa, o a los neoyorquinos en Estados Unidos y a los madrileños en España no ayuda a frenar un virus invisible que permanece agazapado en muchos de sus portadores sin síntoma alguno mientras hace muchas semanas que se extiende de manera sigilosa por todo el mundo. El virus se ha detectado ya en 185 países. Frenarlo precisa la colaboración entre territorios, no su estigmatización.

Cronicavirus
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