El riesgo de precipitarse en la desescalada

Tras siete semanas de este estado de alarma, por fin empezamos a tener algunas pistas más de cómo transcurrirán las próximas semanas

Foto: Foto: EFE.
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A partir del lunes, podemos ir a cortarnos el pelo. Es una de las pocas certezas que tenemos del plan que ha presentado el presidente del Gobierno para ir reactivando el país. Tras siete semanas de este estado de alarma tan incierto en el que del futuro no sabíamos ni cuándo podríamos asomarnos a la vuelta de la esquina, por fin empezamos a tener algunas pistas más de cómo transcurrirán las próximas semanas. Además de ir a la peluquería, previa cita, entre las novedades inmediatas para la España peninsular también se podrá ir al huerto, hacer deporte individual y hasta salir a dar paseos en familia. Aunque el cómo y el cuándo de esto último tampoco lo ha aclarado el presidente. Ni siquiera de la fase cero, en la que ya estamos, conocemos aún los detalles.

Estará decepcionado quien esperara que el plan del Gobierno para la desescalada fuera a mostrar una hoja de ruta de baldosas amarillas con cada detalle de lo que nos espera. Pero si algo bueno tiene tanta falta de concreción en la última comparecencia de Pedro Sánchez es que es imposible que haya transmitido esa falsa seguridad. Otros gobiernos vecinos temen que sus planes de reactivación puedan llevar a la relajación ciudadana. Aquí sería imposible bajar la guardia tras escuchar al presidente detallar (es un decir) las cuatro fases que nos esperan en los próximos dos meses. Para seguirle la explicación, hubiera hecho falta tener en el salón una pizarra gigante como las de los detectives en busca de un asesino en serie. Sánchez no pudo transmitir falsas certezas, porque en hora y pico hablando no dio ninguna. Ni siquiera lo de las peluquerías, que trascendió más tarde en un 'briefing' con la prensa.

Sí que sabemos que en la primera fase, que si todo va bien será a mediados de mayo, se abrirán los pequeños comercios y las terrazas. La siguiente etapa, la intermedia, será la de los cines, iglesias y actos al aire libre de menos de 400 personas. Y en la tercera, ya en junio, se flexibilizará la movilidad general. Si una provincia retrocede o se estanca, no pasará de fase. Aquí no hay aprobado general. De ahí que no tenga mucho sentido dar fechas, porque todo depende de que se cumplan los parámetros precisos. Lo malo es que los parámetros tampoco nos los han aclarado todavía. Falta por concretarse prácticamente todo. Desde cuál debe ser el umbral de referencia de la tasa de contagios a los ingresos UCI que permitirán a una región pasar de una fase a otra.

El riesgo de precipitarse en la desescalada

El horizonte que el plan del Ejecutivo ha marcado hasta finales de junio sigue siendo nebuloso en el fondo y en la forma. Son tantas las variables (sanitarias, económicas, sociológicas y psicológicas) de las que depende que un plan de reactivación en medio de la pandemia pueda transcurrir según lo previsto, que no es extraño que el Ejecutivo haya preferido esbozar de momento solo un marco orientativo. Otra posibilidad es que no haya sido por cautela, sino porque no le haya dado tiempo a terminar un documento más detallado. Tal vez la solución que ha encontrado el Ejecutivo para no tener que rectificar tanto es no concretar nada.

Al Gobierno le preocupa el riesgo de precipitarse en la desescalada, pero tampoco quiere quedarse rezagado de los países vecinos que ya la han empezado. De ellos podemos aprender que tener un calendario concreto para salir de la pandemia no quiere decir que se pueda cumplir. Alemania, que comenzó a relajar las medidas de confinamiento hace una semana, anunciaba ayer mismo que los contagios habían repuntado tras la reactivación del comercio. El Gobierno de Merkel ha tenido que salir a pedirle a la gente que vuelva a meterse en casa el mayor tiempo posible. La canciller advirtió de que la reapertura económica no podía llevar a una relajación, pero es muy complicado mantener la tasa de contagio a raya.

La desescalada no es solo un plan que se diseña en un papel, luego tiene que funcionar su aplicación en la vida real. Y eso depende estrechamente de cómo de en serio los ciudadanos se tomen la higiene y el distanciamiento físico, porque legislar cada gesto de la vida cotidiana es enormemente complicado. Ya sea cortarse las puntas o celebrar el cumpleaños de la abuela, ahora mismo todo pasa por el BOE. Entre las dudas que ha generado el plan de desescalada recién anunciado en España está en cuál de las cuatro fases para la desescalada se podrá ir a ver a los familiares, sobre todo a aquellos que pertenezcan a colectivos vulnerables. Ya sabemos cuándo podrán reabrirse las terrazas (fase uno), pero no cuándo ir a ver a padres o hermanos.

En Italia, este ha sido también uno de los puntos más polémicos. Allí se podrá empezar a salir de casa a partir del 4 de mayo, y sí que se podrá ir a casa para visitar a familiares, pero no se autoriza a las familias a celebrar comidas ni reuniones en los domicilios. La medida ha generado mucho desconcierto y dudas de que sea viable su aplicación. En el plan de desescalada del Gobierno italiano, de momento están prohibidas las quedadas con amigos y reencontrarse con la pareja (si no están casados). El riesgo de concretar mucho es equivocarse.

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