Cómo rebajar la tensión política puede salvar vidas en España

A diferencia de lo que pasa en cuestiones territoriales y de identidad, los españoles estamos mucho más de acuerdo en las políticas públicas necesarias, vote a quien vote cada uno

Foto: El diputado de Vox Juan Luis Steegmann interviene en el pleno celebrado este jueves en el Congreso. (EFE)
El diputado de Vox Juan Luis Steegmann interviene en el pleno celebrado este jueves en el Congreso. (EFE)

Hay algo esperanzador en ver al diputado de Vox Juan Luis Steegmann llegar a la tribuna del Congreso de los Diputados, quitarse la mascarilla quirúrgica con cuidado y meterla cuidadosamente en un sobre que tenía sobre el atril, afeándole a Salvador Illa que no hubiera hecho lo propio: “¿Qué enseñanzas podemos recibir de este Gobierno si lo primero que hace el ministro es no saber usar correctamente la mascarilla?”, le reprochó el diputado, doctor en Medicina, al ministro de Sanidad. De todos los golpes de efecto del día en el Congreso buscando un pedacito de telediario, al menos de este se aprendía algo.

Si estará bajo el listón en la política española que ya veo ahí una buena noticia. Fue solo un espejismo, claro. Pero, al menos, durante un instante, la puesta en escena de la política versó sobre algo útil para una ciudadanía preocupada, más que nada, por la pandemia. Ver a Vox reivindicar el buen uso de la mascarilla en el hemiciclo confirmaba al menos que, de la extrema derecha a la extrema izquierda, hay algo cuya utilidad no se discute. A diferencia de lo que está pasando en EEUU, donde la mascarilla se ha convertido en un símbolo identitario que gran parte de los republicanos rechazan y los demócratas reivindican, en España, no ha calado ese discurso que la convierte en símbolo de división. Ni siquiera entre el partido español con más fans de Trump. Afortunadamente, aquí llevar mascarilla no es de izquierdas ni de derechas. Ni conservador ni progresista. Por qué iba a serlo. La única polémica sobre taparse y destaparse la cara debería ser si es o no útil y, una vez comprobado que lo es, cómo hacerlo bien para que la población pueda prevenir contagios. ¿Qué sentido tendría politizar una herramienta sanitaria de prevención de contagios en medio de una pandemia? Ejem.

A los españoles, lo que más les preocupa son los peligros para la salud del covid-19 y la falta de recursos para la pandemia, según el CIS. Y pese al indudable aumento de la polarización afectiva e ideológica entre los partidos políticos, en realidad esa polarización desaparece cuando se trata de políticas públicas concretas, especialmente en el caso de las cuestiones sanitarias relacionadas con la pandemia. Al menos, no todavía. A diferencia de lo que pasa en cuestiones territoriales y de identidad, los españoles estamos mucho más de acuerdo en las políticas públicas necesarias, vote a quien vote cada uno. Lo muestra un estudio muy interesante publicado en EsadeEcPol del sociólogo Luis Miller, científico titular del CSIC y vicedirector del Instituto de Políticas y Bienes Públicos.

En un país que lleva casi tres años sin aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, hay muchos más puntos de acuerdo en la sociedad de lo que sus representantes públicos escenifican. Pese a que España se encuentra entre los países donde más ha aumentado la polarización afectiva en la política (los sentimientos de los votantes de un partido hacia el resto están entre los más negativos del mundo), hay un ámbito en el que todavía prevalece la razón. Según Miller, la polarización en torno a la sanidad y los servicios públicos se ha mantenido en España igual de baja en la última década, pese al aumento de la tensión en lo territorial (entre dos y tres veces mayor que hace una década).

Los datos de la primera ola de la pandemia indican además que las preferencias respecto a qué políticas son más efectivas para combatir el covid-19 tampoco difieren entre españoles de distintos grupos ideológicos. Aunque al escuchar un debate en el Congreso de los Diputados o en la Asamblea de Madrid, últimamente pueda parecer lo contrario. ¿Aguantarán las medidas sanitarias al margen de la gresca ideológica en la segunda ola?

¿Está Ayuso contra Merkel, Johnson y Macron?

España no está a salvo de convertir las políticas sanitarias en símbolos identitarios. No hay más que ver el resto de la intervención el señor Steegmann, que tras la escena de la mascarilla comparó el confinamiento perimetral de Madrid con un “Estado policial” en el que “faltan los perros, falta el muro para no salir, falta el alambre de espino”. También Cuca Gamarra, portavoz del PP, ha insistido en que el estado de alarma “arruina la vida a miles de madrileños”. E Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, está convencida de que el cierre de la hostelería y el ocio nocturno para frenar el virus, como ha hecho Cataluña (y Londres, París y Bruselas), “es un fracaso” y que lo sensato es evitarlo para evitar la ruina porque Madrid, dice su presidenta, quiere libertad. ¿Cerrar bares para frenar la pandemia es de izquierdas y dejarlos abiertos de derechas? Mira, no.

Mostrarse contrario a los cierres de la hostelería agitando una bandera no solo es una tentación en la que hayan caído los populares. También el alcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente, se revolvió a principios de septiembre contra la limitación de aforos y cierre de las barras de bar alegando que era víctima de “una batalla política por parte del Gobierno de Castilla y León”, en manos de PP y Cs. En palabras que bien podían ser ahora de Ayuso, el socialista denunciaba entonces en una entrevista con Carlos Alsina que la Junta estaba atacando Valladolid “sin ningún criterio sanitario”. La tentación del argumentario de brocha gorda está al alcance de todos. Lástima que con los confinamientos perimetrales y el resto de medidas sanitarias para frenar los rebrotes no pase lo mismo que con las mascarillas.

Cómo rebajar la tensión política puede salvar vidas en España

Son muchos los países europeos que ya han apostado por endurecer las medidas frente a la segunda ola, con restricciones que incluyen el cierre de la hostelería y la limitación del movimiento. Aún no está claro cuáles son las políticas sanitarias más efectivas, pero sí que carece de sentido vincular con la ideología unas medidas compartidas en la Unión Europea por gobiernos de todos los colores en regiones con una incidencia menor del virus de la que hay en España. El objetivo compartido de todos los gobiernos es evitar un confinamiento total como el de la primavera, manteniendo un equilibrio que ayude a controlar el covid-19 dañando lo menos posible la economía. ¿Quiere Macron arruinar París con el toque de queda? ¿Ataca Londres Boris Johnson? Y, por no salir de España, ¿busca el Gobierno de Castilla y León arruinar Salamanca, León y Palencia al decretar su confinamiento ante los rebrotes? Obviamente, no.

Desacreditar la utilidad sanitaria de las políticas sanitarias por las desavenencias ideológicas es una irresponsabilidad que puede costar vidas, porque de que nos creamos la utilidad de las restricciones durante la pandemia depende en gran parte que las cumplamos. Y en un país tan polarizado como este, es fundamental que la ideología partidista no contagie las políticas sanitarias. Una cosa es discutir los procedimientos (como el estado de alarma impuesto en Madrid) y otra afirmar que cerrar los bares o restringir la movilidad es un invento comunista que busca causar la ruina deliberada.

Es del Gobierno de Sánchez la responsabilidad de que la segunda ola hace tiempo que se haya desbocado en España. Sanidad ha tardado demasiado en establecer unos baremos objetivos que marquen una respuesta común en todo el territorio nacional, alimentando con ello una confrontación política que a quien perjudica es a los ciudadanos. Discutir a quién beneficia políticamente volvería a quitar el foco de lo esencial: frenar la pandemia. En vista del desbarajuste, el Gobierno está ultimando un borrador que trata de aclarar las restricciones que habrán de tomarse, aunque todavía falta discutirlo con las comunidades autónomas y estas serán las que tengan la última palabra. Esperemos que esta vez esa discusión verse sobre la utilidad sanitaria de las nuevas medidas para frenar la pandemia, aclare cuáles deben ser las prioridades y haya una solución negociada. Porque si no se aparca cuanto antes el discurso de la polarización, podría contagiar a la sociedad de una división que hasta ahora no tenía.

Cómo rebajar la tensión política puede salvar vidas en España

En España, pese a la continua escenificación de la gresca política y sus ecos mediáticos, tanta confrontación política en la gestión de la pandemia tiene algo de impostado. A la hora de la verdad, la principal preocupación social no son las hipérboles que cada vez más frecuentemente se reprochan desde la tribuna quienes sacan el pie del tiesto parlamentario para alborozo de los 'trending topics'. Lo más parecido al largo plazo en el que son capaces de pensar nuestros políticos son las próximas elecciones. Pero por más que sus señorías raramente levanten la cabeza de su ombligo argumental, en realidad ahí fuera lo que ahora preocupa es la salud. Es ahí afortunadamente donde hay un mayor entendimiento en la sociedad. De ahí que hablar más de políticas concretas, y menos de disputas ideológicas, podría contribuir a rebajar la tensión política y, lo más urgente, mejorar la respuesta a la pandemia.

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