… Y la tercera ola nos pillará desprevenidos (otra vez)
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Marta García Aller

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… Y la tercera ola nos pillará desprevenidos (otra vez)

Para sobrellevar una pandemia​, que no es lo mismo que sobrevivirla, hay quien precisa olvidarse de vez en cuando de ella

Foto: Ciudadanos paseando entre luces de Navidad. (EFE)
Ciudadanos paseando entre luces de Navidad. (EFE)
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Lo más sorprendente de la tercera ola es que vaya a pillarnos de nuevo por sorpresa. No la veremos venir, porque para eso vamos a esforzarnos en mirar para otro lado durante la Navidad. Ya tenemos práctica. Pasó lo mismo en verano. Y volverá a pasar de nuevo, porque el coronavirus, igual que los humanos, se resiste a cambiar sus costumbres. Es muy suyo. Cada vez somos más conscientes del peligro que corremos. Solo que, como el hartazgo es mayor, también lo es la indulgencia con la que lo ignoramos. Si en enero se desmadran los contagios, tal y como están advirtiendo los epidemiólogos que pasará si se relajan las restricciones por Navidad, esta vez no habrá a quién echarle la culpa. ¿O sí?

En julio, cuando en España morían cuatro o cinco personas al día por coronavirus, llegaron las vacaciones. Para sobrellevar una pandemia, que no es lo mismo que sobrevivirla, hay quien precisa olvidarse de vez en cuando de ella. Por eso las vacaciones no solo nos las tomamos del trabajo, también de la realidad. Sabíamos que el virus podía volver después del verano si bajábamos la guardia, pero septiembre parecía lejos. Entonces aún contábamos con que las autoridades hicieran su trabajo y preparasen la red de rastreadores necesaria, el refuerzo de la sanidad y la 'app' de rastreo (¿se acuerdan de la 'app' de rastreo?). Para no perder la tradición, nos hicimos los sorprendidos por la imprevisión cuando, tras las vacaciones de verano, el virus volvió. Y vaya si volvió.

Foto: Pedro Sánchez participa en la cumbre de líderes del G-20 (EFE)

La segunda ola suma ya 15.000 muertos en España. Además, según el INE, desde el 1 de julio hay 8.000 muertes más de las habituales que oficialmente no se atribuyen al coronavirus (pueden ser consecuencia indirecta de la pandemia, por todas las dolencias que debido a ella no se han podido tratar correctamente). La letalidad del otoño, sin embargo, se está digiriendo mejor que la de la primavera, porque ahora las víctimas de covid-19 están teniendo la deferencia de morirse escalonadamente y de manera más repartida geográficamente.

Así que, mientras las ciudades iluminan sus calles para recordarnos las fiestas del fin de un año para olvidar, diciembre empezará con varios centenares de muertos al día. La última semana estadística se cerró el pasado viernes con 2.049 fallecidos, el máximo semanal de la segunda ola. Al no colapsarse las Urgencias, se va metabolizando el horror diario con una naturalidad escalofriante. Los muertos, cuando son rutina, no son portada.

Al no colapsar las Urgencias, se va metabolizando el horror diario con una naturalidad escalofriante. Los muertos, si son rutina, no son portada

Por eso, puede pasar inadvertido que sea la Comunidad de Madrid, cuyos dirigentes presumen de lo bien que están domando la segunda ola, la región que registra más muertos desde el verano. Los 2.706 fallecidos que suma son, eso sí, muchos menos que los 8.646 que perdieron la vida repentinamente en primavera por covid-19. Son menos, pero son muchos. Muchísimos. Tanto Andalucía como Castilla y León, que siguen a Madrid en el siniestro 'ranking' de mortalidad de la segunda ola, han sufrido 1.000 muertos más que en primavera. También Aragón supera en número de fallecidos por covid-19 de este otoño a los que tuvo en el primer asalto del virus. Cataluña le sigue de cerca. Total, que seguimos siendo el país con más víctimas de la Unión Europea, solo por detrás de Bélgica (que, a diferencia de España, contabiliza como muertes oficiales también las sospechosas).

Ante este panorama, no es extraño que epidemiólogos, virólogos y 'covidólogos' en general, mientras las familias tratan de cuadrar el calendario navideño, insistan en que reunirse sin precauciones supondrá un alto riesgo de sufrir una tercera ola de coronavirus en enero, antes incluso de superar la segunda. Lo dice también un estudio del Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades, que tomando como referencia los datos de contagios del coronavirus en el continente, pronostica un aumento de casos, de hospitalizaciones y de muertes para principios del año nuevo. Si despegaron en agosto, cuando partíamos de una situación epidemiológica mucho más controlada y era más fácil reunirse al aire libre, es obvio qué puede pasar si millones de personas vuelven a encerrarse juntas en casa por Navidad.

Foto: (Foto: Reuters)

La gente está cansada de las restricciones, en parte porque muchas de ellas no está claro que hayan sido realmente efectivas. Los políticos prefieren hablar de la llegada de vacunas y flexibilizar las normas, apelando a la responsabilidad individual, que asumir la impopularidad de restricciones más severas. Y así es como entre todos, poco a poco, se asume como inevitable el riesgo de que se disparen los contagios durante la Navidad. Lo que no debería seguir siendo inevitable es que la tercera ola nos pille con menos rastreadores de los necesarios y la Atención Primaria sin reforzar. Que sigamos teniendo una 'app' para rastreo del covid que sigue sin funcionar y que en muchas comunidades la capacidad de testar a los contactos directos de positivos tarde varios días o directamente no se haga.

España es uno de los países donde los científicos se sienten ignorados por los políticos, según una encuesta realizada por 'Frontiers', una publicación científica suiza que entrevistó a 25.000 investigadores de una veintena de países. A la pregunta de si los legisladores han tenido en cuenta la asesoría científica en la toma de decisiones durante el covid-19, más de la mitad de los científicos encuestados en España respondieron que estaban en desacuerdo o muy en desacuerdo. España aparece en el vagón de cola, solo por delante de Rusia, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos. No parece casualidad que los países que los científicos consideran más alejados de sus recomendaciones sean también los más afectados por la pandemia.

Dejo a mano esta estadística por si alguien necesita en enero a quién echarle la culpa de la tercera ola de la que avisan los expertos y no queremos ver venir. Así podemos ignorarla más a gusto, mientras seguimos haciendo planes para celebrar las vacaciones de Navidad.

Lo más sorprendente de la tercera ola es que vaya a pillarnos de nuevo por sorpresa. No la veremos venir, porque para eso vamos a esforzarnos en mirar para otro lado durante la Navidad. Ya tenemos práctica. Pasó lo mismo en verano. Y volverá a pasar de nuevo, porque el coronavirus, igual que los humanos, se resiste a cambiar sus costumbres. Es muy suyo. Cada vez somos más conscientes del peligro que corremos. Solo que, como el hartazgo es mayor, también lo es la indulgencia con la que lo ignoramos. Si en enero se desmadran los contagios, tal y como están advirtiendo los epidemiólogos que pasará si se relajan las restricciones por Navidad, esta vez no habrá a quién echarle la culpa. ¿O sí?

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