Cinco contradicciones que retratan la moción de Pedro Sánchez

No puede decirse que sea la moción de los socialistas. Es una moción para que el candidato socialista recupere brío en los sondeos y para poner en un aprieto a sus rivales políticos

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Vaya por delante que, en mi opinión, la sentencia sobre el caso Gürtel incapacita al presidente Rajoy para seguir siéndolo. El tribunal cuestiona la credibilidad de su testimonio y acredita la existencia de una contabilidad paralela en su partido durante décadas. Cualquiera de estos motivos debería ser suficiente para exigir la necesaria dimisión de Mariano Rajoy, lo que Soledad Gallego ha llamado "el hecho político esencial". ¿Se dirige a este fin la moción de censura presentada por Pedro Sánchez? No, su finalidad es muy distinta. ¿De qué se trata? En lugar de elucubrar, dejemos que hablen los hechos de los últimos días.

1. Las prisas por registrar la moción. Hay detalles que hablan por sí solos. El viernes, Pedro Sánchez había convocado a su ejecutiva a las 11 de la mañana, para decidir la respuesta a la sentencia de la Gürtel. Sin embargo, algo pasó, porque, a toda prisa, los socialistas registraron su moción en el Congreso a las 10, una hora antes de su propia discusión en la ejecutiva. ¿Qué había ocurrido? Lo que sucedió fue que Ciudadanos se descolgó pidiendo elecciones anticipadas. Ante el riesgo de que el presidente Rajoy atendiese esta petición y disolviese las Cortes, los socialistas se saltaron todos los trámites internos y registraron precipitadamente su moción. ¿Con qué fin? La explicación está en el artículo 115.2 de la Constitución: la disolución de las Cortes no puede acordarse cuando "esté en trámite una moción de censura". El objetivo inmediato de la moción, pues, no era echar a Rajoy. Era bloquear la convocatoria de elecciones anticipadas.

Esta es la primera contradicción de la moción, y también la más grosera: se dice que se presenta por dignidad, para sacar a Rajoy de La Moncloa, pero se registra a toda prisa precisamente para evitar que Rajoy se vaya (para ser precisos: Rajoy no puede convocar elecciones, pero teóricamente sí podría dimitir, aunque esto nos situaría en un limbo constitucional, sin presidente y sin capacidad de disolver anticipadamente las cámaras).

Cinco contradicciones que retratan la moción de Pedro Sánchez

2. Las firmas de los 84 diputados socialistas. Un detalle que ha pasado relativamente inadvertido es que la moción se presenta con la firma de todos los diputados socialistas. Debido a las prisas, y para mayor enredo, los diputados ni siquiera firmaron físicamente; la dirección del grupo echó mano de un listado de firmas 'preautorizadas', que los grupos suelen tener para casos de urgencia. Sin embargo, tan solo se necesita la firma de 35 diputados para registrar una moción de censura. De hecho, ninguna de las tres mociones que se han presentado en nuestra democracia se habían registrado firmadas por el grupo parlamentario completo. El año pasado, por ejemplo, la moción de censura de Podemos fue firmada por "Irene Montero Gil y 36 diputados y diputadas más". En general, los grupos prefieren cumplir con el mínimo de firmas, pero no agotarlas todas. El motivo, de nuevo, está en la Constitución (artículo 113.4): "Si la moción de censura no fuere aprobada por el Congreso, sus signatarios no podrán presentar otra durante el mismo periodo de sesiones". Es absurdo presentar más firmas de las necesarias porque resta flexibilidad. Salvo, claro está, que alguien quiera quemar todas sus naves. Por si todavía no queda clara la intención de los socialistas, su secretario de Organización daba este domingo más pistas: ellos no pueden presentar otra moción, pactándola por ejemplo con otros grupos y con un candidato distinto, porque el reglamento de la Cámara se lo impide. De nuevo, el objetivo de los socialistas no era echar a Rajoy, sino situar al resto de partidos en una elección binaria: o Rajoy o Sánchez. Al registrar a toda prisa su moción y agotar las firmas, cierran cualquier escenario alternativo: la convocatoria anticipada de elecciones, la dimisión de Rajoy o la negociación con otros partidos para investir a un tercer candidato alternativo.

Es absurdo presentar más firmas de las necesarias porque resta flexibilidad. Salvo, claro está, que alguien esté buscando quemar todas sus naves

3. "No vamos a negociar nada, pero queremos gobernar unos meses". Los socialistas dicen que no piensan sentarse a negociar con los otros partidos porque es una moción "por la dignidad". Pero al mismo tiempo dicen que quieren gobernar "unos meses", "recuperar la estabilidad" y "poner en marcha una agenda social", para lo que es obvio que necesitarán negociar con otros partidos, porque solo cuentan con 84 diputados de 350. ¿Cómo se explica esta contradicción? Es muy sencillo: los socialistas saben que si se sientan a negociar con ERC, PDCAT o PNV, estos harán reclamaciones que políticamente serán imposibles de atender. De hecho, ya las están haciendo: los catalanes, la liberación de los políticos presos; los vascos, "que se cambie el modelo territorial". La estrategia de los socialistas es como la de los tres monos sabios: se han tapado los ojos, los oídos y la boca. Si los independentistas votan sí, será porque ellos quieran, no porque se lo hayan pedido. Pero al mismo tiempo saben que este apoyo es imprescindible para conseguir la investidura. La jugada les puede salir: los independentistas catalanes prefieren un Gobierno débil en Madrid que dinamite el acuerdo de los tres partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) que hizo posible la aplicación del artículo 155. Los nacionalistas vascos han dejado claro que su único objetivo ahora es retrasar lo máximo posible la convocatoria de elecciones: su disyuntiva será entre un Gobierno de Sánchez de unos meses o uno de Rajoy al que seguramente le quedan apenas unos días. Pero ¿cómo pretende Sánchez salvar esta contradicción una vez sea investido? ¿Cómo planea negociar con otros partidos? En mi opinión, de ninguna forma. Un Gobierno de Sánchez será tan estéril como los dos años de Rajoy que nos quedaban (por eso es un argumento débil el que anuncia la llegada del apocalipsis). Ni recuperará la estabilidad ni pondrá en marcha una agenda social. Ni tiene mayoría para ello ni políticamente puede armarla. Su Gobierno tiene otro objetivo: proyectarse un perfil presidencial, hacer anuncios vacuos con los que robar la iniciativa a sus dos rivales políticos (Ciudadanos y Podemos), y aguantar unos meses en estas condiciones, bajo el cobijo del Palacio de la Moncloa, para llegar en mejores condiciones a las próximas elecciones de lo que hace apenas unos días le auguraban las encuestas.

4. El PSOE de la militancia. Hace apenas tres meses, el PSOE presentó pomposamente sus nuevos estatutos. El 'PSOE de la militancia', se dijo. Entre las novedades, las consultas a la militancia para asuntos de especial trascendencia. Según el artículo 479, "en todo caso, será obligatoria y vinculante la consulta a la militancia y a la afiliación directa", "sobre los acuerdos de gobierno en los que sea parte el PSOE" y "sobre el sentido del voto en sesiones de investidura que supongan facilitar el gobierno a otro partido político".

Un Gobierno de Sánchez será tan estéril como los dos años de Rajoy que nos quedaban. Ni recuperará la estabilidad ni iniciará una agenda social

Que juzgue el lector si en el caso que nos ocupa procede o no la consulta a la militancia, más allá de la literalidad exacta. Pero hay algo más sangrante: si repasan la hemeroteca, encontrarán algo común en todas las mociones de censura de nuestra democracia: el día anterior a su registro, la decisión era acordada en la correspondiente ejecutiva. La moción de los socialistas, en rigor, se presentó a las 10 de la mañana del viernes sin haber sido discutida en ningún órgano de gobierno del partido socialista. El 'PSOE de la militancia' ha pasado de un extremo al otro: de consultar todo a no consultar con nadie la decisión más trascendente de los últimos años.

5. La relación con los partidos independentistas. Que Pedro Sánchez es un líder veleidoso es algo objetivo y bien conocido. En 2015, en su acto de presentación de la candidatura, izó una bandera de España de un tamaño que hubiese dejado muda a la mismísima Marta Sánchez. Cuando ganó las primarias, desenfundó un concepto, con notable olfato político, que iba a arreglar nuestro desaguisado territorial: la nación de naciones. Después apoyó a Rajoy en la aplicación del artículo 155, y con la fe del converso, hace tan solo unos días, Sánchez destapaba el discurso más duro contra el independentismo: Torra, decía, es el "Le Pen español", que representa "la xenofobia y el racismo". Su investidura, ahora, depende de los votos del partido de Le Pen. También del PNV, que apenas unas horas después de apoyar los Presupuestos de Rajoy "por responsabilidad", se muestra abierto a hablar con los socialistas mientras pone el cazo, a ver si cae algo nuevo.

Así que no, no es una moción por la dignidad, ni tampoco una moción para echar a Rajoy. No es tampoco una moción para dar estabilidad al país, ni para abrir una agenda social ni para recuperar la normalidad democrática. Ni siquiera, en rigor, puede decirse que sea la moción de los socialistas. Es una moción para que el candidato socialista recupere brío en los sondeos, para poner en un aprieto a sus rivales políticos y, si hay una carambola, para que conozca por dentro el Palacio de la Moncloa. Es, sencillamente, la moción de Pedro Sánchez.

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