La encrucijada de Ciudadanos

Políticamente, Ciudadanos ha resultado damnificado tras la llegada de Sánchez a La Moncloa. No tanto en terminos cuantitativos como, sobre todo, cualitativos

Foto: Albert Rivera, en una manifestación en Barcelona en contra de la violencia. (EFE)
Albert Rivera, en una manifestación en Barcelona en contra de la violencia. (EFE)

“Ciudadanos está desorientado desde la moción de censura”. “Ciudadanos ha entrado en una espiral de derechización, en competencia con el PP de Casado”. “Ciudadanos solo vive de la confrontación en Cataluña”. Una cascada de comentaristas políticos ha vuelto sus ojos sobre la formación naranja tras la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa. La unanimidad es casi absoluta, solo comparable al parecido gregarismo que hace tan solo unos meses cantaba panegíricos a la formación de Albert Rivera. ¿Dónde está Ciudadanos? ¿Cómo ha modificado su estrategia en la nueva coyuntura política? ¿Cuáles son sus perspectivas?

Empecemos por lo más obvio. Políticamente, Ciudadanos ha resultado damnificado tras la llegada de Sánchez a La Moncloa. No tanto en terminos cuantitativos (las encuestas son todavía bastante erráticas sobre la procedencia del impulso socialista en las encuestas) sino sobre todo cualitativos: Ciudadanos tenía una estrategia ganadora, mantener con respiración asistida al Gobierno de Rajoy mientras el PSOE se fajaba en una lucha fratricida con Podemos, que permitía a los naranjas ensanchar su base electoral a izquierda y derecha. La moción de censura cayó como un mazazo sobre esta estrategia, como si después de hacer un partido tácticamente perfecto te empatan en el minuto 93 y te ves obligado a ir a la prórroga (un símil que tal vez despierte muchos fantasmas en mis amigos colchoneros).

¿Fue su petición de adelanto electoral lo que asustó al PNV, provocando, en cascada, el apoyo del resto de partidos nacionalistas?

¿Se equivocó Ciudadanos en las vísperas de la moción de censura? ¿Fue su petición de adelanto electoral lo que asustó el PNV, provocando, en cascada, el apoyo del resto de partidos nacionalistas? Es posible que esta fuese la secuencia. En retrospectiva, la lectura es siempre más fácil y ventajista. Seguramente, la reacción de Ciudadanos era la adecuada para asestar el golpe final al Gobierno de Rajoy. Siguiendo con el símil futbolístico, Ciudadanos su fue a rematar el partido aunque dejó abierta su retaguardia y lo pillaron en un contraataque eléctrico. A decir verdad, me incluyo entre quienes veían improbable la alineación de astros que hizo presidente a Pedro Sánchez (la docilidad de Podemos, la complicidad de los independentistas catalanes y el giro de 180° del PNV, apenas unos días después de dar su apoyo a los Presupuestos de Rajoy).

¿Cómo ha recompuesto su estrategia Ciudadanos desde aquel mazazo? Aquí discrepo de la mayoría de analistas. Porque pienso que, en lugar de disolverse como un azucarillo en esta prórroga de la legislatura que nadie esperaba vivir, Ciudadanos ha corregido el rumbo a partir de dos anclas: regeneración y Cataluña. Y está mostrando bastante cuajo.

Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso en una foto de archivo. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso en una foto de archivo. (EFE)

Empecemos por la primera. Mucho se habla del 'giro a la derecha' de Ciudadanos, tanto como antes se habló del 'giro a la izquierda' del PSOE tras las primarias, o incluso del 'giro a la izquierda de los españoles' tras el 15-M. No soy de los que piensan que haya llegado el fin de las ideologías (según 'The New Yorker' —yo aún no he tenido ocasión de leer su nuevo libro—, ni siquiera ya Fukuyama lo piensa). Lo que sí creo es que el posicionamiento ideológico es uno de los indicadores que menos sirven para predecir el voto: los españoles, según este indicador, estuvieron dando bandazos ideológicos durante los gobiernos de Aznar, se hicieron súbitamente de izquierdas en marzo de 2004, se derechizaron durante el mandato de Zapatero, giraron tras la llegada de Rajoy y llevan dando tumbos desde entonces como si estuviesen al final de una noche de fiesta. Quizás (y esto es solo una hipótesis) la ubicación ideológica es un efecto, más que una causa, de los acontecimientos políticos. Cuando Zapatero accede al Gobierno, los votantes se declaran más de izquierdas, cuando este Gobierno empieza a errar y desgastarse, se declaran más de derechas, y así sucesivamente.

Más importancia que este indicador, en mi opinión, tiene otro que también incluye el CIS en sus barómetros: las preocupaciones de los españoles. En el gráfico de abajo se incluyen varias series desde mediados de los ochenta. Hay preocupaciones que han mermado (como el terrorismo de ETA), otras que aparecieron puntualmente para desaparecer después (como la sequía o el ébola). Lo más destacable son dos preocupaciones que se han disparado en los últimos años: "la corrupción y el fraude” y los “políticos, los partidos y la política”. Podríamos encuadrar ambas dentro de una demanda de 'regeneración' de la vida política española. Y, fíjese usted, ninguna de las dos ha desaparecido automáticamente tras la salida de Mariano Rajoy del Gobierno y de la política.

El principal error que en mi opinión está cometiendo el Gobierno de Sánchez es pensar que las demandas de cambio de la sociedad española quedaron satisfechas con la salida de Rajoy, que el presidente puede hacer y deshacer a su antojo, meter la cuchara en RTVE, colocar a su exjefe de gabinete a presidir Correos, o usar el Falcon para ir a un festival de música. Porque la demanda de regeneración, según el CIS, no solo se mantiene en niveles altos sino que incluso repuntó en el último barómetro, triunfal por otros motivos para los socialistas. Al denunciar los tejemanejes del Gobierno en estos temas (algo sobre lo que el PP ha pasado de puntillas), Ciudadanos mantiene viva la llama de la regeneración, y se proyecta como el cambio 'verdadero' frente al cambio 'fake' que representa el Gobierno de Sánchez.

El segundo tema es Cataluña. De nuevo, el principal error de Sánchez ha sido pensar que el desafío soberanista desaparecería por sí solo tras la marcha de Rajoy, que como dijo en el Congreso era la “falta de criterio del anterior Gobierno” la “causante de la fractura social en Cataluña”. La realidad es que, muerto el perro, la rabia no hace sino empeorar. Y, de nuevo, frente a un PP desaparecido (es incomprensible que no adelante la renovación de su liderazgo en Cataluña ante el otoño caliente que se avecina), Ciudadanos ha tomado la delantera en la defensa de los postulados constitucionalistas.

El resultado de estas dos anclas (regeneración y Cataluña) es que Ciudadanos, pese a sus apenas 32 diputados, se ha convertido en la verdadera oposición al Gobierno. Es a Rivera a quien Sánchez busca en el cuerpo a cuerpo, y viceversa. La dinámica política (con un nuevo otoño catalán a la vista), la coyuntura económica (ojo a la evolución del turismo) y el incomprensible jardín en que se ha metido el Gobierno con la negociación del Presupuesto, donde se está dejando los ultimo jirones de credibilidad de su política económica para aprobar un techo de gasto que no servirá para nada, juegan a favor de los naranjas. La encrucijada para Ciudadanos es guardar la disciplina y seguir percutiendo con estos dos ejes (regeneración y Cataluña, Cataluña y regeneración), mantener un discurso económico solvente, evitar los asuntos donde los matices no tienen buena acogida (como la inmigración o Franco) y dejar que el Gobierno de Sánchez se vaya consumiendo entre las novatadas, la impericia y la realidad de su debilidad parlamentaria.

El resultado de estas dos anclas (regeneración y Cataluña) es que Ciudadanos, pese a sus 32 diputados, se ha convertido en la oposición real

Como es obvio, siguen existiendo riesgos para Ciudadanos: tener dos partidos conviviendo en el mismo espacio político en la oposición puede ser mutuamente destructivo (como demostraron PSOE y Podemos en los últimos años). A su vez, Sánchez disfruta todavía del toque reluciente de lo nuevo y una convocatoria inmediata de elecciones podría jugar a su favor (la batalla por la fecha de las elecciones, en mi opinión, se libra entre los intereses socialistas por adelantarlas y la megalomanía del presidente por apurar un último sorbo de la copa).

A veces se nos acusa a los analistas políticos de no mojarnos por anticipado, así que lo voy a hacer hasta los codos: de los ocho puntos de intención de voto que el PSOE ha subido en las encuestas, perderá tres puntos en cada uno de los próximos dos trimestres. Si para entonces Sánchez sigue empeñado en prolongar la legislatura, arrancará una campaña electoral (europeas y municipales) que terminará en un resultado indescifrable: un partido ganará las municipales, otro las europeas y un tercero se hará con algún trofeo mayor, como la alcaldía de Barcelona. Y entonces empezará un 'sprint' final de cara a las elecciones generales, con tres partidos prácticamente empatados en las encuestas. No se bajen todavía porque empieza la acción.

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