Así se hunden las instituciones: bye bye CIS

Destruir el prestigio de una institución es muy fácil. Recuperarlo, sin embargo, es mucho más complicado

Foto: José Félix Tezanos. (EFE)
José Félix Tezanos. (EFE)

Cuando empecé a trabajar, hace ya algunos años, me tocó durante un tiempo hacer análisis de coyuntura de varios países de América Latina, entre ellos Argentina. El trabajo consistía en seguir los diferentes indicadores económicos (PIB, inflación, empleo) e interpretarlos. Era el primer mandato de Néstor Kirchner, que había accedido a la Casa Rosada después del colapso del Gobierno de Fernando de la Rúa a finales de 2001: fueron los años del “cacerolazo”, el corralito, el “que se vayan todos”, y los sucesivos presidentes internos (Rodríguez Saá, Camaño, Duhalde) que se sucedieron en apenas unas semanas.

Cuando Kirchner llega a la Presidencia en 2003, aprueba un conjunto de medidas económicas fuertemente expansivas: sube los salarios por decreto, dispara la obra pública y aprueba varios incentivos fiscales. Para controlar la inflación (el gran fantasma histórico de los Gobiernos argentinos) decreta la congelación de muchos productos, casi todos los precios regulados como la electricidad, el gas natural, o los hidrocarburos. Aún así, al cabo de pocos meses, la inflación empieza a repuntar (los desequilibrios económicos suelen pasar la factura).

Cuando los mercados (y los analistas) empezamos a mostrar nuestra preocupación por el incremento de la inflación, Kirchner responde a las bravas. La inflación en realidad es una encuesta: los encuestadores van a lo largo del mes a un conjunto de establecimientos para tomar nota de cómo evolucionan los precios. Manipular una encuesta es muy fácil: en el caso de Kirchner, mandaba a los funcionarios del Gobierno unos días antes a esos mismos establecimientos para “educadamente” convencer a los propietarios de los mismos que debían controlar los precios, al menos hasta que pasase el encuestador. Al cabo de los meses, estas prácticas eran notorias. Al cabo de un tiempo, nadie hacía caso al Instituto de Estadística argentino, cuyo índice de inflación se situaba por debajo del 10%, mientras el resto de índices privados mostraban una inflación cercana al 30%.

Todavía el Instituto de Estadística no ha recuperado el prestigio. Destruir el prestigio de una institución es muy fácil; recuperarlo, mucho más complicado


La manipulación era tan evidente que bastaba cruzar los datos con otros indicadores: por ejemplo, como la economía crecía al 10%, la recaudación tributaria debía hacerlo al 20% (sumando el 10% de la inflación “oficial”). En realidad lo hacía al 40% (porque lo que había que sumar era la inflación “real” del 30%). Todavía el Instituto de Estadística argentino no ha recuperado el prestigio que perdió entonces. Destruir el prestigio de una institución es muy fácil; recuperarlo, mucho más complicado.

Recordaba esta historia a cuenta de la publicación del CIS. Ya sabíamos, porque así lo ha manifestado su inefable presidente a lo largo de las últimas semanas, que la estimación de voto del CIS (o “voto más simpatía”, como se llama ahora) no sirve para lo que el resto de mortales pensábamos que servía una encuesta electoral, esto es, para predecir el resultado. Según Tezanos eso es imposible. Así que de lo que se trata es de transmitirnos, “con el único medio científico admisible”, los datos en bruto que salen de la encuesta del CIS, para que hagamos con ello lo que mejor nos plazca.

El problema es que la manipulación del CIS no se acaba ahí: no es simplemente que ahora el CIS utilice un método nuevo para predecir el voto, por mucho que este método sea tan excéntrico que otorgue al PSOE una ventaja en estimación de voto –o lo que sea ese indicador - de más de 12 puntos, cuando la mayoría de encuestas reduce esta ventaja a entre 2 y 3 puntos. Pondré otros dos ejemplos de burda manipulación que aparecen en el último barómetro.

Vayamos con el primero: el barómetro del CIS consiste en una encuesta de 47 preguntas, de las cuales solo 30 tienen realmente contenido “político” (el resto son preguntas por la profesión del encuestado, sus ingresos, o si tiene teléfono). La mayoría de las preguntas son fijas, lo que permite comparar su evolución a lo largo del tiempo. Esporádicamente, se introducen preguntas nuevas, cuando hay algún asunto de extraordinaria actualidad. En el último CIS han aparecido 6 preguntas nuevas, todas ellas relacionadas con la “crispación política” (6 preguntas de 30, es decir el 20% de la encuesta se ha dedicado a este tema).

Aceptemos por un momento pulpo como animal de compañía: partamos efectivamente de la premisa de que la crispación política es uno de los asuntos más importantes en la actualidad. Ocurre que la redacción de las preguntas es tan sesgada que las respuestas no tienen prácticamente ningún valor científico: por ejemplo, la pregunta 24 dice: “¿Cree que en estos momentos debería hacerse algo para intentar reducir la crispación política que existe en España?” Como es previsible, la gran mayoría de los encuestados (el 87.8%) responde que sí (como también lo harían si la pregunta fuese “¿Piensa que debería hacerse algo para acabar con el paro? “¿Y con el hambre en el mundo?”.


Claro que podemos preguntarnos si realmente pulpo es un animal de compañía. Porque tal vez la crispación política no es tan importante para los españoles. ¿Existe alguna manera de saberlo? Sí, en el propio CIS. La pregunta 9 en concreto dice: “¿Cuál es el principal problema que existe actualmente en España?”. La respuesta es espontánea, los encuestados pueden responder lo que se les pase por la cabeza. La respuesta mayoritaria es el paro (36.4%) seguido por la corrupción (13.9%), los partidos políticos (13.8%) o los problemas de índole económica (7.3%).

El CIS recoge las cuarenta preocupaciones más citadas. Las hay de todos los tipos: la subida del IVA (no está muy claro de cuál se trata, porque la última fue hace varios años) preocupa al 0.3% de los españoles, la Monarquía al 0,2% y los “recortes” (tampoco se dice de cuándo) al 0.1%. Todos ellos, preocupaciones más importantes para los ciudadanos que la “crispación política”, que no asoma entre las cuarenta principales preocupaciones de los españoles. Que el CIS dedique una quinta parte de su encuesta a un asunto que solo interesa a su Presidente, si no es despilfarro de dinero público, se le parece bastante.

el CIS dedique una quinta parte de su encuesta a un asunto que solo interesa a su Presidente, si no es despilfarro de dinero público, se le parece bastante


¿Cuál es la segunda manipulación? Quizás me haya precipitado llamándola manipulación: tal vez se trate simplemente de un milagro demoscópico. El CIS de octubre pregunta por la valoración ciudadana de los ministros, por primera vez desde julio (poco después de la investidura). Todos los ministros (todos sin excepción) han caído en valoración ciudadana: la que más lo ha hecho ha sido Dolores Delgado (ha caído 0.98 puntos), seguida por la portavoz del Gobierno Isabel Celaa (0.86). En ambos casos, un resultado hasta cierto punto previsible, debido a las grabaciones del comisario Villarejo que han afectado a la primera y a la exposición pública de la segunda, todos los viernes tras el Consejo de Ministros. Y en el mismo periodo, ¿cómo ha evolucionado la valoración del Presidente Pedro Sánchez? Milagrosamente, mientras todos sus ministros caen (en media 0.68 puntos) resulta que la valoración del Presidente.. ¡ha subido!

¿Existe algún precedente? Picado por la curiosidad, he consultado los dos primeros barómetros del Gobierno Zapatero. El símil resulta adecuado, no solo porque la llegada al Gobierno de Zapatero fue también sorpresiva, sino por las fechas. En su primer CIS, en el mes de julio de 2004 (los ministros habían tomado posesión a mediados de abril) el Gabinete de Zapatero recibió una nota media de 5.02. En el segundo CIS, en el mes de octubre, la mayoría de ministros había descendido en valoración, aunque existían algunas excepciones. La caída fue mucho más moderada que la ahora registrada en el Gobierno de Sánchez: en media, los ministros de Zapatero descendieron su valoración en apenas 0.09 puntos. ¿Qué ocurrió con la valoración del propio Zapatero? Como es lógico, algo parecido: bajó prácticamente lo mismo (0.10 punto). Por cierto que la intención de voto del PSOE entre aquellas dos encuestas bajó unos tres puntos.

Así que el verdadero “milagro Tezanos” es este: mientras la valoración del Gobierno se hunde, la del Presidente Sánchez sube, así como lo hace la intención de voto del PSOE. ¿Cómo es posible? En otro artículo toca hablar de cómo se sesga una muestra. Para cerrar este, mencionemos un último milagro: el que todavía ningún funcionario del CIS haya levantado su voz antes de que el prestigio de la institución quede definitivamente enterrado.

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