La frontera entre PSOE y Ciudadanos: ¿línea Maginot o telón de acero?

¿Cuál de los dos partidos tiene razón? De esta respuesta dependen, en gran parte, el resultado de las próximas elecciones y la composición del futuro Gobierno

Foto: Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el Congreso. (EFE)

¿Cómo de porosa es la frontera electoral entre PSOE y Ciudadanos? Hay dos interpretaciones completamente dispares sobre la misma: Ciudadanos actúa como si esta frontera estuviese sellada, como si se tratase de un telón de acero. El PSOE, por el contrario, se comporta como si fuese la línea Maginot, construida por Francia para proteger sus fronteras en la década de los treinta, pero que el ejército nazi atravesó como un trozo de mantequilla. ¿Cuál de los dos partidos tiene razón? De esta respuesta dependen, en gran parte, el resultado de las próximas elecciones y la composición del futuro Gobierno.

Déjenme hacer un pequeño inciso. A menudo se repite que el multipartidismo español nos ha traído como efecto secundario el bloqueo político. Así sucedió entre 2015 y 2016, y es cierto que desde entonces solo hemos tenido gobiernos débiles, o muy débiles. Pero el multipartidismo es también mucho más entretenido. En el pasado, la competición electoral en nuestro país era —en términos de estrategia— como el mundo feliz de Huxley. Una distopía soporífera, donde los partidos se turnaban según quién ocupase el centro político. La nueva realidad multipartidista es más cromática, menos previsible: las estrategias pueden consistir en ir al centro, en lanzarse a un lado o en dar un rodeo. No está claro si han ganado los españoles. Pero a los que no nos ha ido mal es a los comentaristas políticos.

En el pasado, la competición electoral en nuestro país era —en términos de estrategia— como el mundo feliz de Huxley. Una distopía soporífera

Tan variadas pueden ser las estrategias que, como decía, PSOE y Ciudadanos están siguiendo caminos opuestos partiendo de un mismo punto: los socialistas se han lanzado a degüello a por los votantes de Ciudadanos, a quien han convertido en el centro de sus dardos. Los cánticos de las ministras (y de Begoña Gómez) contra el 'feminismo liberal' durante la manifestación del 8-M solo tenían una posible interpretación: los socialistas piensan que la batalla electoral del próximo 28-A se juega en la frontera que los separa de Ciudadanos. A esta conclusión contribuye la aparente rendición de Podemos. Los socialistas seguramente piensen que la batalla por la izquierda está ganada, así que mejor centrar sus esfuerzos al otro lado del espectro. Han creído encontrar una mina de oro naranja entre los votantes de Ciudadanos y se han lanzado a por ella.

Por su parte, Ciudadanos maniobra como si la frontera con el PSOE estuviese sellada a cal y canto. En este sentido, debe entenderse el “no a Pedro Sánchez y al PSOE” con el que arrancó la campaña electoral. Una estrategia para arrinconar políticamente al PSOE, asociando su futuro a la coalición Frankenstein que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa, negándole en definitiva el pan y la sal del centro político. Si Ciudadanos ha preferido centrar su atención en el espacio político del centro-derecha, es porque confía en que sus vías de escape hacia el centro están cerradas.

¿Quién tiene razón, el PSOE o Ciudadanos? Debo confesarles que no lo sé. Nuestro panorama político está mandando señales confusas al respecto. Por un lado, quien mire las tripas de las encuestas, constatará el rechazo que despierta Pedro Sánchez entre los votantes de Ciudadanos. Entre los votantes que manifiestan su intención de apoyar a Ciudadanos en las próximas elecciones (no se trata de recuerdo de voto, sino de intención presente), la valoración de Pedro Sánchez es de apenas un 3. Un rechazo recíproco: los votantes socialistas dan a Albert Rivera una nota de 2,9. En cambio, la frontera opuesta está mucho más caliente: entre los votantes del PP, Rivera recibe una nota de 5,7. Y, además, el amor no es recíproco: Casado apenas obtiene un 4,3 entre los votantes de Ciudadanos.

Los datos, en efecto, parecen confirmar que la frontera entre el PSOE y Ciudadanos es un muro poco poroso. ¿Por qué entonces, desde aproximadamente el mes de diciembre —desde que comenzaron las negociaciones para la formación del Gobierno en Andalucía—, se observa una tendencia al alza del PSOE y a la baja de Ciudadanos? ¿Por qué esta tendencia se ha acentuado desde la foto de Colón si no es por la sangría de voto naranja hacia el PSOE?

Los líderes de los principales partidos. (EFE)
Los líderes de los principales partidos. (EFE)

Insisto, las respuestas no son concluyentes. Pero me atrevo a formular dos escenarios: el primero, que efectivamente el acercamiento a Vox en Colón haya abierto una vía de agua en Ciudadanos, rápidamente advertida por los socialistas, lo que explicaría su empeño en disputarle el terreno a la formación naranja. Un matiz importante es que esta tesis tiene un ángulo ciego: ¿cómo explicar un movimiento simultáneo en las encuestas, la subida de Vox y la caída de Podemos? Porque si el PSOE se está alimentando de Ciudadanos, el correlato es que Vox lo está haciendo de Podemos. Lo que introduciría una variable de consecuencias desconocidas en nuestro panorama político: que Vox estuviese creciendo entre los votantes de izquierdas, tal vez entre los menos ideológicos, pero más partidarios del voto protesta.

La segunda explicación, más convencional, es que las transferencias de votos se estén produciendo dentro de cada bloque: de Ciudadanos a Vox y de Podemos al PSOE. El mismo eje nacional que en el pasado sirvió para alimentar las expectativas naranjas, ahora (con el juicio contra los lideres soberanistas todos los días copando el ciclo de noticias) estaría jugando a favor de Vox. Y el voto útil se estaría concentrando en torno al PSOE en la izquierda. Las transferencias entre bloques serían mínimas, y la clave estaría en la movilización de cada grupo (es probable que la derecha se encontrase mas movilizada y que esta asimetría se haya corregido desde la convocatoria electoral).

El mismo eje nacional que en el pasado sirvió para alimentar las expectativas naranjas ahora estaría jugando a favor de Vox

¿Qué nos espera hasta las elecciones? Los socialistas van bastante por delante en las encuestas, y a estas alturas parece claro que conseguirán alzarse con el primer puesto. ¿Podrán seguir gobernando? Muchos de sus votantes dan por hecho que o bien repetirán la coalición de la moción de censura, o bien, si dan los números, la presión arreciará sobre Rivera para que levante su veto a los socialistas. Si los socialistas han empezado la precampaña con la atención puesta en Ciudadanos y sus votantes, me atrevo a anticipar que en algún momento de las próximas semanas caerán en la cuenta de que conseguir votantes por el centro es muy costoso, y en cambio el riesgo de desmovilización de su electorado (especialmente entre los exvotantes de Podemos que ahora vuelven al redil socialista) es muy alto. En ese momento, los socialistas cambiarán radicalmente de estrategia: se olvidarán de Ciudadanos y comenzarán a agitar el espantajo de Vox. A fin de cuentas, para movilizar a la izquierda, es mucho más efectivo gritar “que viene Vox” que canturrear contra el 'feminismo liberal'.

Un momento: liderazgo indiscutido en las encuestas, coaliciones de gobierno inciertas porque tu socio preferido anuncia que no quiere gobernar contigo, una campaña que arranca mirando hacia al centro y que a mitad de partido gira rápidamente para buscar la movilización de tu electorado más fiel... ¿Les resulta familiar todo esto? Debería. Porque fue exactamente, paso por paso, la campaña electoral que siguió Susana Díaz en Andalucía hace tan solo tres meses. Para que luego digan que los humanos no tropiezan dos veces en la misma piedra.

Desde fuera
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
8 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios