Lo opinable y lo no opinable

Hay cosas que están bien y cosas que están mal. Lo que ha hecho un señor, que después de matar a su primera mujer se ha

Hay cosas que están bien y cosas que están mal. Lo que ha hecho un señor, que después de matar a su primera mujer se ha cargado a la segunda, está mal.

Objetivamente. No por una convención social, no porque se haya votado en el Congreso. No porque matar a la segunda no sea legal.

No. Está mal y punto. Y el día en que nos digan que está bien por una convención social, o por una votación en la que los partidarios de matar a la segunda mujer sean mayoría o porque el correspondiente ministro de Justicia, que está hasta el gorro de su segunda mujer, haya visto una buena ocasión para colar el tema en el anteproyecto de ley, ese día también estará mal. Objetivamente.

Ligado con lo anterior, o, casi mejor, dicho lo anterior de otra manera, hay cosas opinables y cosas no opinables. Por ejemplo, canonizar en vida a Angela Merkel, proceso que yo defiendo con todo ardor, es opinable. Yo tengo mis argumentos. Otros, bastantes, tienen los suyos. 

Por ejemplo, y esto sí que me cuesta, la independencia de Cataluña es un tema opinable. A mí no me gusta nada de nada, pero que NADA. A otros les gusta mucho mucho, pero que MUCHO. Opinable.

Que una cosa sea opinable no quiere decir que me dé lo mismo y que me quede en casa, envuelto en una total ataraxia, palabra que viene del griego y que, como yo estudié griego en el colegio del Salvador de Zaragoza, sé que quiere decir "imperturbabilidad", cualidad que tienen los imperturbables, como su propio nombre indica. 

A mí no me gusta nada lo de la independencia, porque regalar algo mío, sin que yo lo quiera, me molesta

Mi mujer, que es muy pragmática, dice que si Cataluña se quiere ir, la podríamos vender, porque en esto de la venta de regiones ya hay precedentes. En 1803, los franceses vendieron Luisiana a Estados Unidos y, visto que la operación había salido bien, en 1867 los rusos les vendieron Alaska, que está mucho más cerca de Canadá, pero que por unos dólares se la quedaron los estadounidenses. 

Leo en Wikipedia que, en el caso de Luisiana, la manera de negociar fue simplona: uno de los negociadores franceses dijo a los americanos: "¿Cuánto darían ustedes por todo Luisiana?".

Es que las cosas se hacen así. En el caso de Cataluña, dos preguntas:

1. ¿Cuánto? (Eso se llama "pacto fiscal".)

2. ¿Cómo? (Eso se llama "revisión de la Constitución".)

Le digo a mi mujer que no sé a quién le podíamos vender Cataluña. Lo natural sería a Andorra, por el idioma, pero como he leído –no sé si es verdad– que el Barça está estudiando la posibilidad de jugar en la liga francesa, me parece que, en este sentido, los andorranos son menos apetecibles que los franceses.

Euros tienen muchos, porque todos los días aparece gente que, o tiene dinero en Andorra o lo tiene en Suiza. En ese terreno pueden competir con Francia. Pero, en cuanto a liga de fútbol, Andorra no tiene nada que hacer. Una cosa es jugar con el PSG y llenar el Champ Neuf y otra, jugar con el Andorra, que no llena ni el patio de un colegio.

Pero todo, opinable. Como muchas cosas. Como muchísimas.

Hoy he visto una foto de Gallardón, que dimitió, cuando Mariano decidió cambiar votos virtuales (votos hipotéticos que, quizás, podría conseguir en unas próximas elecciones) por niños reales (todos los que se están cargando a diario con estas leyes del aborto tan progresistas y tan así).

(Estas dos líneas están copiadas de un artículo mío en El Confidencial de 26 de septiembre, pero es que cuando a uno le sale bien una frase, uno la repite. Perdón, no lo volveré a hacer.)

La foto de Alberto, ya pasada de moda, porque desde septiembre hasta ahora han sucedido muchas, muchísimas cosas.

Pero he pensado que, al fin y al cabo, si Cataluña se independiza será porque habrá ganado Oriol J. y el pobre Artur habrá perdido una vez más. Pero si matan niños, no será por culpa de Oriol J., sino porque en el colegio a Mariano no le dejaron las ideas claras.

Mientras tanto, me preguntan en una conferencia sobre el futuro de las pensiones. De aquí a unos años, no muchos, los pocos niños de hoy se convertirán en pocos jóvenes y pocos hombres maduros trabajando. Y los muchos viejos de hoy serán mañana muchísimos viejos, porque, tal y como van las cosas y tal y como van los adelantos en la medicina, estos señores no se mueren ni a tiros.

A Mariano le quedan unos años, no muchos.

A Artur le quedan unos años, no muchos.

Al final de sus "mandatos" –lo pongo entre comillas porque ninguno de los dos manda– habrán hecho centenares de cosas opinables. No opinables, muy pocas

Precisamente por eso, cuando se hace una no opinable, hay que acertar.

P.S.

Dentro de la opinabilidad (¡?),

1. La señora Yellen ha desenchufado la máquina de fabricar billetes y "ha retirado los estímulos monetarios" en Estados Unidos. Me gusta. Entiendo que es una buena señal.

2. Por si acaso, no ha subido los intereses. Así, el dólar no subirá y podrán exportar y hacernos la competencia. Me gusta menos.

3. Los bancos españoles han pasado el test de estrés. Me gusta.

4. Me preguntan en una entrevista si el hecho de traspasar la porquería a la Sareb ha ayudado. Contesto que por supuesto.

5. El gobernador del Banco de España, que, si se descuida, se va a quedar sin empleo con eso de que los bancos gordos pasan a ser supervisados por el BCE, ha dicho que las buenas notas de los bancos son algo necesario, pero no suficiente para la activación del crédito. Venga, chicos, a ver si os animáis. Que sí, que ya lo sé, que es opinable, pero animaos, por favor.

Desde San Quirico
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