Catexit: (XXXVI): empieza el diálogo

Pues nada. Sánchez y Torra, a dialogar. El pobre Pedro va a pasar un mal rato. Varios malos ratos

Foto: Carles Puigdemont, Quim Torra y Elsa Artadi. (EFE)
Carles Puigdemont, Quim Torra y Elsa Artadi. (EFE)

Puigdemont y Rajoy no se entendían. Los dos, hablando de diálogo en dos monólogos paralelos, de los que nunca se encuentran.

Se escapa Carles y nombra a Torra. Sánchez le monta una moción de censura a Mariano y se lo carga.

Torra y Sánchez. Ahora, sí. Ahora dialogaremos y ya veréis qué pronto nos queremos mucho.

Para empezar, se acabó el 155, que Ernest Maragall, iniciando el diálogo, califica de "injusto, ilegal e inaceptable". ¡Venga!, ya sois libres. Ya podéis hacer lo que queráis.

Lo más urgente, las embajadas. Las echábamos en falta. Ahora podremos viajar por Inglaterra, Alemania, Italia, Suiza y Estados Unidos. Muchos ya viajaban, pero no eran catalanes 'com cal', o sea, como está mandado.

Hay un tema importante. Se trata, en Barcelona, de que hay que rebautizar la calle Príncipe de Asturias. Ahí interviene la alcaldesa, que ha decidido que la calle se llamará Riera de Cassoles, como todos deseábamos desde hace tiempo. Mi mujer y yo vamos con cierta frecuencia al cine Bosque, que está en esa calle y nos encontraremos más cómodos. (El hecho de que el Bosque tenga 'parking' en el mismo edificio y que las salas sean muy confortables también ayuda).

A Torra se le presenta un dilema, porque el Rey de España, propietario de la Copa que ganó el Barça mientras además ganaba la Liga española, va a venir a Cataluña ¡dos veces en dos semanas!, que también son ganas de enzurizar. Y el pobre Quim se está planteando ir a recibirle o que se reciba solo. Supongo que teme que el Rey le pregunte por qué han quitado el nombre de la calle y tenga que echarle la culpa a Ada Colau.

Hace unos días, Quim pensaba ir y reclamarle al Rey que se disculpe, entre otras cosas, por el discurso del 3 de octubre, que, por cierto, me entusiasmó cuando lo escuché y he vuelto a ver ahora y me ha vuelto a entusiasmar. ¡Buen discurso, Majestad! ¡Así se habla!

Luego le entran celillos, porque Sánchez va a hablar con Urkullu antes que con él. Y, peor aún, porque a él le llamarán cuando le toque, como si fuese lo que es: una de las 17 autonomías españolas. Como La Rioja o como Aragón, la del archivo de la Corona del mismo nombre, que está en Barcelona y que cualquier día reclamaremos que se lo lleven a Zaragoza, a Huesca o a Teruel. Hace unos años, me habría interesado que lo trasladaran a Santa Fe de Huerva, donde mis suegros tenían una casa y donde existen los restos de un monasterio que me recuerdan mi noviazgo.

(Acabo de enterarme de que, en aragonés, el Archivo se llama 'Archivo d'a Corona d'Aragón'. Por lo que parece, todos tenemos nuestro idioma).

Siguen los gestos de buena voluntad por parte de estos mozos de la Generalitat y asociados.

La Assemblea Nacional Catalana, ANC, quiere crear su Ibex 35, haciendo una lista de empresas "comprometidas con la república".

Roger Torrent, presidente del Parlament, ha interpuesto una denuncia contra el juez Llarena, por aquello de la separación de poderes. El TS no la ha admitido. Menos mal.

Quim escribe una carta al Rey. La firman él y dos Molt Honorables más: Artur y Carles. No conozco a Carles, pero sí a Artur, porque me lo encontré en 'Espejo público'. Me pareció un tío majo y, aparentemente, con sentido común.

Al final, Quim ha decidido ir a Tarragona y quiere que le reciba el Rey. Y el Rey le señala cuál es el conducto reglamentario -hablar con Sánchez, cuando le toque-, y con este recordatorio le recuerda -para eso están los recordatorios- que la Monarquía española es parlamentaria y no absolutista y que él representa a España y que España ha decidido que gobierne Sánchez y que él ni puede ni debe saltarse el organigrama.

(Ya sé que España no ha elegido a Sánchez, pero la llegada de Sánchez a la presidencia del Gobierno entra dentro del juego parlamentario al que nos comprometimos en la Constitución de 1978).

Como es natural y habitual, los lloros/insultos se producen inmediatamente: "¿queremos o no queremos diálogo?"; "el Rey solo sirve para leer los discursos institucionales que le prepara el Gobierno". Y así.

Pues nada. Sánchez y Torra, a dialogar. El pobre Pedro va a pasar un mal rato. Varios malos ratos.

Porque Torra no quiere dialogar. Quiere crispar. Lo que pasa es que cada vez se le nota más.

Menos mal que Sánchez, con la exhumación de los restos de Franco, tiene en qué entretenerse y entretenernos. Lo malo es que la familia de don Francisco también quiere llevárselos para que estén con los de doña Carmen, como es natural.

Si nos ponemos todos de acuerdo, no hay manera de reñir con nadie.

Desde San Quirico
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