Cristina, el sexo duele más que el dinero
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Matías Vallés

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Cristina, el sexo duele más que el dinero

Aunque ningún periodista rechaza los efluvios premonitorios de una feliz coincidencia, admito que la crónica de esta serie bajo el título ‘Cristina, hola y adiós’ no pretendía un

Aunque ningún periodista rechaza los efluvios premonitorios de una feliz coincidencia, admito que la crónica de esta serie bajo el título ‘Cristina, hola y adiós’ no pretendía un cumplimiento exacto el mismo día de su aparición. Pensábamos que la hija favorita del Rey volaba desde Mallorca a sus lares barceloneses, para adherirse de nuevo al advenedizo que explotó el apellido Borbón hasta extraerle más de tres millones de euros públicos.

El adiós era menos efímero de lo que pensábamos, y Cristina ajusta cuentas en Suiza. No todo el mundo sabe que ‘la Caixa’ -el primer banco de Andalucía- cubre desde su propia definición geográfica a Cataluña y Balears. En cambio, todo el mundo ignoraba que la entidad bancaria mantuviera lazos tan estrechos con la confederación helvética, hasta el punto de que justifican el desplazamiento de una ejecutiva tan bien remunerada como la infanta Cristina. A propósito, los costes adicionales de la voluminosa escolta y logística corren a cargo del contribuyente. Los fabricantes de la monumental coartada han cometido un error de localización. Si Ginebra no se debiera a una equivocación, aumentaría la gravedad de los hechos.

La génesis de la noticia partía del sobreentendido de que los duques viajaban juntos a Suiza. Pronto se supo que Ignacio Urdangarin se quedaba en Barcelona, bajo el subterfugio de que debía atender a su defensa. Es decir, una separación en toda regla, que arranca en la instrucción penal llevada a cabo en un juzgado palmesano. Inopinadamente, Zarzuela ha obtenido el primer éxito en su pésima gestión del ‘caso Borbón’, a menudo llamado incorrectamente ‘caso Urdangarin’.

Cristina había aguantado impertérrita las acusaciones penales contra su marido. Lo acompañó a Mallorca en su primera declaración ante el juez Castro, se arriesgó a verse contaminada por una imputación solidaria. Por tanto, cuesta desvincular la separación de hecho de la publicación a medias de los correos ‘sexplícitos’ que Urdangarin intentó frenar incluso por la vía judicial. Una vez más, cabalgaba sobre el apellido Borbón para obtener privilegios suplementarios.

Una vez que la documentación no afecta a su intimidad económica sino sentimental, la situación se ha hecho insoportable

El comportamiento de Cristina aporta un caso particular a la discusión metodológica sobre la importancia relativa del sexo y el dinero. Mientras la discusión se ciñó al origen de los importantes beneficios que recibió el matrimonio en su conjunto y no sólo una mitad de la pareja, aguantó la presión de Zarzuela para que pusiera fin a una relación que ha hecho tambalearse a la monarquía. Una vez que  la documentación no afecta a su intimidad económica sino sentimental, la situación se ha hecho insoportable. Todo empezó con Corinna, pero aquí no se trata de una insípida pseudoaristócrata sino de la violación del círculo de confianza.

Tal vez pecamos de frívolos al hablar directamente de la subordinación del dinero al sexo, porque los ingenuos insisten en llamarlo amor. Los devaneos o excesos verbales son menos dañinos que la hipótesis del enamoramiento. Respetando la libertad absoluta de todos los implicados en este vodevil de altos vuelos, cuyos sueldos son abonados por el Estado o por entidades de tan honda raigambre estatal como una antigua caja de ahorros o una compañía telefónica, cabe preguntarse en qué pensaba Urdangarin que consistían exactamente las obligaciones anejas a convertirse en yerno de un Rey en ejercicio. En cambio, en Mallorca somos testigos de que exprimía con sabiduría los privilegios del cargo que le daba una residencia de verano y un yate por encima de sus sueños.

El exilio de Cristina en Suiza sólo explica la crisis de las cajas manirrotas. Una Infanta que reenvía caricaturas del presidente del Gobierno, aunque se trate de Aznar, desde su correo electrónico profesional, y un Infante que incluye una mención erótica a cada comunicación, tal vez no dominan la esencia del Estado. Aunque también habrá que admitir la estupefacción de quienes consideraban imposible que un asunto de infidelidad tuviera repercusiones en la Zarzuela.

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