Rajoy, en medio de un choque emocional

Qué gran verdad es esa de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y tres. Y cuatro. Y

Qué gran verdad es esa de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y tres. Y cuatro. Y si se trata de los españoles, ni les cuento… De nuestra historia deberíamos haber aprendido ya, y con creces, que los debates en los que priman los sentimientos y las emociones nos acaban conduciendo a periodos oscuros y tristes, cuando no violentos. Pero reincidimos. Los sentimientos y las emociones son irracionales, y en este momento de nuestra vida nos enfrentamos a unos de esos debates en los que la emoción está muy por encima de la razón. Cuando se oponen sentimientos, como es el caso de lo que está ocurriendo con Cataluña, cualquier intento de arreglar las cosas por la vía del diálogo se vuelve imposible porque las posiciones de unos y de otros son maximalistas y nadie quiere dar su brazo a torcer.

En medio de ese choque emocional se encuentra un Gobierno y su presidente, Mariano Rajoy, intentando serenar el debate y buscar los escasos puntos de acuerdo o de aproximación que puedan llevarnos a una solución buena para todos siempre dentro, eso sí, del marco de la Ley de y del Estado de derecho. Es cierto que las leyes no son inmutables, y eso lo sabe también Mariano Rajoy, pero incluso para cambiarlas es necesario un grado de acuerdo que ahora mismo resulta imposible de alcanzar.

Rajoy, por lo que yo se, no tiene en su cabeza otra cosa que el cumplimiento de la ley, consciente de que la pelota sigue estando en el tejado de Artur Mas por mucho que algunos se empeñen en traerla al del presidente

Bien, ¿qué hacemos? El ala más dura de su partido, la que se deja llevar por la emoción de un cierto nacionalismo español incapaz de entender que, en efecto, puede haber gente en Cataluña que no está contenta con el encaje de esta región española en el conjunto nacional, le exigen al presidente del Gobierno más firmeza y contundencia ante la ofensiva nacionalista, llegando incluso a proponer la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la suspensión de la autonomía de Cataluña y la inhabilitación de todos aquellos cargos públicos que han osado retar al Estado, empezando por el presidente Artur Mas.

Esa opción tiene importantes adeptos en las filas del PP, pero implicaría un nivel de enfrentamiento tan brutal con Cataluña que es más que probable que acabara en un escenario de violencia de consecuencias imprevisibles. Habrá quien piense que esa es la solución, pero creo que no somos la mayoría los que abogamos por esa vía. Sin llegar tan lejos, otros exigen a Rajoy la aplicación estricta de ley, pero parecen olvidar que este Gobierno ha sido el que de manera más contundente la ha aplicado de un modo que ha insatisfecho considerablemente al nacionalismo catalán. Cuatro datos:

1.- El Gobierno de Mariano Rajoy, hasta el presente, es el único Gobierno de España que no ha hecho ninguna transferencia de competencias a Cataluña ni ha ampliado su capacidad de autogobierno.

2.- Ha llevado al Parlamento una Ley de Unidad de Mercado que, sin duda alguna, supone un retroceso –necesario, por otra parte- en el ámbito de decisión propia de la Generalitat.

3.- La nueva Ley de Educación amplía el control estatal de las materia comunes y reduce el porcentaje de decisión de la Generalitat sobre las mismas, algo que tampoco ha gustado lo más mínimo en aquel ámbito.

4.- Y la Ley de Estabilidad Presupuestaria somete buena parte de las decisiones de gasto de la Generalitat al control del Estado, siempre que Cataluña no cumpla con el objetivo de déficit que le marque el Gobierno.

A cambio de eso, es cierto que el Ejecutivo ha puesto en marcha el Fondo de Liquidez Autonómico, pero es un instrumento para todas las CCAA, no sólo para Cataluña, aunque haya sido esta la que más ha recurrido al mismo. De hecho, gracias al FLA, muchos proveedores han podido cobrar deudas que de otro modo les hubieran conducido al cierre, lo que ha permitido salvar también muchos puestos de trabajo. Luego la acusación de debilidad no se sostiene a la luz de estos datos, sobre todo si se compara la actitud del Gobierno de Rajoy con la de otros anteriores incluso de su mismo partido.

La única opción, por tanto, es la dejar la puerta abierta al diálogo a la espera de que Artur Mas resuelva sus problemas y quiera cruzar ese umbral

Ahora bien, el Gobierno es consciente de que el virus del nacionalismo ha invadido a buena parte de la sociedad catalana, incluso a votantes del PP, y de que sólo desde una posición de serenidad y de apertura al diálogo es posible encontrar soluciones a lo que hoy no son más que desvaríos emocionales de una buena parte de esa sociedad catalana que se siente herida sólo porque sus líderes les han convencido de que tiene que ser así. Rajoy, por lo que yo sé, no tiene en su cabeza otra cosa que el cumplimiento de la ley, consciente de que la pelota sigue estando en el tejado de Artur Mas por mucho que algunos se empeñen en traerla al del presidente.

Además, ante un desafío como el del nacionalismo catalán, el Gobierno de España no cuenta con el único apoyo necesario para garantizar que la respuesta es la adecuada, es decir, el del PSOE, que lejos de estar donde debiera se encuentra perdido en su propia indefinición sobre el modelo de Estado y el futuro de España con o sin Cataluña. La única opción, por tanto, es la dejar la puerta abierta al diálogo a la espera de que Artur Mas resuelva sus problemas y quiera cruzar ese umbral. Y si no es así, el marco de la ley es lo suficientemente amplio y estable como para garantizar que Cataluña pueda sentirse cómoda como parte de España e impedir cualquier conato secesionista que algunos quieren llevar al límite. Porque, lo crean o no, aunque es verdad que el nacionalismo catalán está tensando la cuerda más allá de lo razonable, también lo es que nadie con sentido común quiere que se rompa: antes de llegar a eso hay otras opciones.

Dos Palabras
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